Bruce Bartlett
(AIPE)- La Fundación Heritage acaba de presentar una serie de conferencias celebrando el 10° aniversario del colapso del comunismo y de la caída del Muro de Berlín. Uno de los conferencistas fue Herbert Meyer, anterior editor de la revista Fortune y quien fue asistente del director de la CIA, Bill Casey, durante la administración Reagan. Meyer expuso el punto que la política económica de Reagan merece tanto crédito en la derrota del comunismo como su política exterior.
Según Meyer, el presidente Reagan comprendía perfectamente la relación entre la política económica, exterior y de defensa. Sabía que la Unión Soviética se había beneficiado inmensamente de la inflación de los años 70. Por lo tanto, acabar con la inflación no sólo era importante para el bienestar económico de Estados Unidos, sino también una potente arma contra la Unión Soviética.
La Unión Soviética se beneficiaba de la inflación por ser un importante exportador de materias primas, cuyos precios se dispararon durante los años 70. La más importante era el petróleo y en 1980 la Unión Soviética era el mayor productor de petróleo en el mundo. Ese año produjo 11,7 millones de barriles diarios, mientras que Arabia Saudita producía 9,9 millones. Gran parte de la producción petrolera soviética era exportada para obtener monedas duras. Según la CIA, sus ingresos por exportaciones petroleras aumentaron de 387 millones de dólares en 1970 a más de 12 mil millones de dólares en 1980.
Gran parte de ese incremento se debió al aumento de precio del petróleo resultante de los dos embargos petroleros decretados por la OPEP en los años 70. El barril de petróleo que se vendía a 4,15 dólares en 1973 pasó de los 35 dólares en 1981. Otro producto cuyo aumento de precio benefició a la Unión Soviética fue el oro, cuyo precio aumentó de 35 dólares la onza en 1971 a 875 dólares la onza para el 21 de enero de 1980. En 1980, la Unión Soviética era el segundo productor de oro en el mundo, 9,4 millones de onzas al año.
Ese año, las exportaciones de oro le produjeron 1.600 millones de dólares a la Unión Soviética. Ronald Reagan comprendía que los aumentos de precio de las materias primas no eran la causa de la inflación, sino su consecuencia. La raíz del problema estaba en la política monetaria de la Reserva Federal. Por lo tanto, la clave para acabar con la inflación y reducir los precios de las materias primas era reducir el circulante. Reagan apoyó abiertamente las restricciones impuestas por la Reserva Federal, a pesar que su resultado inevitable fueron las fuertes recesiones de 1981 y 1982.
Las presiones políticas para dar marcha atrás fueron intensas, a medida que aumentaba el desempleo. Pero Reagan sabía que al lograr controlar la inflación, bajarían los precios de las materias primas y ello beneficiaría a los consumidores, al mismo tiempo que debilitaría a la Unión Soviética. Para mediados de los 80, el precio del oro había bajado una tercera parte y el barril de petróleo estaba a 10 dólares. Esto condujo a una caída de 22% en el valor de las exportaciones petroleras de la Unión Soviética para 1989. Ante un aumento en sus importaciones en monedas duras de más de 40%, la Unión Soviética se vio obligada a pedir más y más dinero prestado a Occidente.
Su deuda en monedas duras aumentó de 20.500 millones de dólares en 1980 a más de 50 mil millones de dólares para 1989, gastando 9.700 millones al año en sólo el servicio de esa deuda. Los ingresos en dólares de la Unión Soviética eran cruciales para comprar y robar tecnología, de manera de poder mantener tanto su economía como su aparato militar. No hay duda que la caída del precio del petróleo, del oro y de otras mercancías, resultantes de las políticas instrumentadas por el presidente Reagan durante los años 80, le hicieron inmenso daño a la Unión Soviética.
Mientras los precios en dólares de sus exportaciones aumentaban, la Unión Soviética se mantenía a flote. Una vez que comenzaron a caer, la crisis económica y política se hizo inevitable. Aunque justificadamente las políticas de defensa y de relaciones externas de Reagan reciben el mayor crédito por el colapso del comunismo soviético, es evidente que sus políticas económicas también jugaron un papel muy importante.
Economista y académico del National Center for Policy Analysis (NCPA).
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