Las Farc tiene aún cartas guardadas

Tanto en la mesa de negociación, como en el Comité Temático, las Farc tienen aún espacio para traer nuevos representantes.

Al negociar sin cese al fuego, las Farc buscarán ganar posiciones en el frente de guerra para lograr concesiones en la mesa de negociación. Eso explica el reaprovisionamiento y el reentrenamiento de tropas en la zona de despeje

El gobierno, por su parte, sigue una estrategia similar. Al Presidente lo anima una verdadera voluntad de paz, pero la estrategia de fortalecer a las Fuerzas Militares no es ajena a l propósito de llevar a las Farc a pactar un cese al fuego

CUANDO EL ALTO COMISIONADO para la Paz dice que hay que tener paciencia y que 40 años de guerra no se terminarán en una negociación de pocos meses no está mintiendo. La verdad es que el proceso de negociación que empezó hace un año, con el retiro de las Fuerzas Militares de cinco municipios, marcha a un ritmo lento. Muy lento. Prueba de ello se vivió la semana pasada cuando gobierno y guerrilla dieron a conocer sus primeras determinaciones.

Cuando la opinión esperaba que las partes abordaran el primero de los temas lo que aparecieron fueron acuerdos de procedimiento. Y en ellos se hizo evidente que el proceso que se ha iniciado pondrá a prueba la paciencia de los colombianos. Si a ello se le agrega que lo que se ha iniciado ocurrirá bajo las balas la imploración de Víctor G. Ricardo resulta modesta frente a lo que viene.

Lo decidido por las partes establece que los negociadores se reunirán en sesiones de cuatro días (jueves, viernes, sábado y domingo) cada dos semanas y que no dejarán actas ni grabaciones de esas reuniones. Cada parte llevará su propia acta y solamente cuando existan decisiones habrá comunicados de prensa conjuntos.

Por otra parte, los negociadores escucharon las primeras propuestas del llamado Comité Temático --también sobre procedimiento-- y, luego de recomendar algunos cambios, establecieron las reglas de juego para la participación popular en la negociación.

Es así como la única función del Comité, coordinado por el Ministro del Interior y por Iván Ríos, será la de escuchar, a la manera de los funcionarios de gobierno en las mesas preparatorias para la Constituyente en 1991, a quienes sean llamados a audiencia pública sobre el tema que esté sobre la mesa de negociación.

Cabildo en Los Pozos

El mecanismo que utilizarán las Farc y el gobierno en adelante dispone que los negociadores (ver cuadro) acordarán el tema sobre el cual iniciarán diálogos. Luego, ellos mismos impartirán instrucciones a los miembros del Comité Temático para que den inicio a las audiencias públicas con los sectores relevantes para el tema. Los convocados serán trasladados por el gobierno hasta un lugar llamado Los Pozos, a 25 kilómetros de San Vicente del Caguán, dentro de la zona de despeje, y allí serán escuchados por el Comité Temático. Sus planteamientos serán documentados y puestos a disposición de los negociadores.

Pero el procedimiento de hacer de la negociación una especie de asamblea constituyente popular en la zona de despeje no deja de ser arriesgado. Sin duda servirá de instrumento para 'arrastrar los pies' a la hora de llegar a acuerdos. Es decir, sólo hasta que todos los sectores relevantes para el tema en cuestión hayan llevado sus descargos a Los Pozos será posible llegar a un acuerdo, y la lista de posibles invitados a cada tema puede ser interminable. Hasta el momento nadie sabe qué peso tendrán los descargos de quienes visiten la zona por invitación de las partes en conflicto, pero lo cierto es que resulta imposible acordar un mecanismo para evaluarlos y determinar el grado de influencia que deberán tener en los diálogos.

Según el Ministro del Interior, lo que busca este procedimiento es evitar lo que sucedió en Guatemala, donde los acuerdos de paz fueron llevados a plebiscito y sólo una mínima parte de la población salió a votar, con lo cual terminó siendo derrotado el acuerdo de paz en las urnas.

Avanza, pese a todo

Pero a todas estas, y más allá de los acuerdos de procedimiento de los cuales las partes parecen no salir nunca, ¿cómo va el proceso de paz?

Lo primero que es preciso reconocer es que lo que ha sido criticado por algunos sectores como "la ausencia total de estrategia" por parte del gobierno es, en realidad, una estrategia simplísima: evitar que las Farc se levanten de la mesa.

Para cumplir con ese objetivo, que el presidente Andrés Pastrana ha explicado desde su campaña en 1994 afirmando que "hay que saber qué quieren las Farc", el gobierno ha hecho concesiones durante un año sin recibir contraprestación alguna. No es sorprendente por ello que una buena parte de los periodistas de las cadenas de Estados Unidos que han visitado el país durante los últimos días inicien sus entrevistas preguntando si el presidente Pastrana es un ingenuo sin arreglo o un visionario.

Pero la verdad es que, pagando un costo no excesivamente alto, las Farc están en la mesa y la negociación sobre procedimientos empieza a agotarse por sustracción de materia. Con lo cual será necesario iniciar el debate sobre los temas de la agenda, cuya redacción conjunta ha sido hasta el momento el único éxito real y contundente --a pesar de su amplitud-- de la negociación con las Farc.

¿Distensión o preparación para la guerra?

Un elemento adicional ha contribuido a que la negociación ocurra bajo un clima de opinión relativamente mejor que el de hace unas semanas. Se trata del paso, a un segundo plano, de las acciones militares de las partes en conflicto.

Es cierto que no se ha acordado un cese del fuego y que esto parece hoy imposible a la luz de las declaraciones de las Farc, según las cuales esto sólo ocurrirá cuando se haya surtido la negociación sobre un "80 por ciento de la agenda". No es menos cierto que las Farc han seguido secuestrando ciudadanos de manera indiscriminada, para lo cual han utilizado hasta el aberrante mecanismo de la 'pesca milagrosa'.

Pero la verdad es que no han ocurrido ataques masivos contra poblaciones desde hace semanas. La negociación se ha llevado a cabo no en paz, pero sí ante la ausencia temporal de las masacres. Eso ha permitido que las primeras reuniones de la mesa de negociación y las del Comité Temático hayan ocurrido en un ambiente de relativo optimismo por parte de la opinión.

Es predecible que no será este el caso durante mucho tiempo. Uno de los efectos obvios de negociar bajo el fuego es la necesidad de perseguir ventajas de negociación triunfando en el teatro de hostilidades. Ambas partes saben eso, lo cual ha llevado, por un lado, a que las Farc se dediquen al reentrenamiento de su gente en la zona de despeje y al reaprovisionamiento y, en segundo, a que el gobierno busque mejorar las condiciones del Ejército para la lucha contra la insurgencia mientras ambos hablan de paz.

No es fácil responder la pregunta de los periodistas extranjeros sobre la ingenuidad o la visión del presidente Pastrana. El proceso de paz ha salido del marasmo en el que se encontraba y, si logra dejar de lado alguna vez los asuntos de procedimiento, el inicio de las conversaciones sobre los temas reales de la agenda será refrescante para una opinión cansada de leguleyadas.

Es evidente que la necesidad de aportarle pueblo a las negociaciones traerá consigo nuevas demoras y enormes distracciones, pero el avance del proceso es ya un primer logro del gobierno. Al llegar al primer año del despeje hay algunos --pocos, pero algunos-- que empiezan a dudar sobre su respuesta a la pregunta relativa al Presidente: de pronto resulta que era un visionario.

"La paz es mucho más dura que la guerra"

SEMANA HABLO con William Ury, experto en negociación de la Universidad de Harvard, sobre el proceso de paz en Colombia.

SEMANA: ¿Cuáles son los elementos clave que alguien debe tener en cuenta para llegar a una negociación exitosa?

William Ury: Un buen negociador es sobre todo alguien que sabe escuchar, que sabe cómo ponerse en los zapatos de su contraparte. Un buen negociador sabe cómo alcanzar su objetivo mediante la búsqueda de soluciones creativas que satisfagan las necesidades de las dos partes. Por esta razón un buen negociador debe siempre mantener en su cabeza dos perspectivas diferentes --la suya y la de su contraparte--. Esto no es muy fácil de lograr.

SEMANA: Entonces la estrategia de 'ganárselas todas' no es buena para negociar...

W.U.: Esta actitud sin duda no logrará que una negociación sea exitosa. ¿Quién querría entrar en una transacción o relación en donde la otra parte se queda con todo? Esta estrategia se usaba antes, cuando la negociación se veía como una especie de guerra. Sin embargo hoy en día la gente busca metodologías que permitan que ambas partes se beneficien del acuerdo.

SEMANA: Así las cosas, y considerando su experiencia como negociador de situaciones políticas a nivel mundial, ¿cuáles son sus recomendaciones para el gobierno y las Farc en relación con el proceso de negociación de paz que acaba de comenzar?

W.U.: No estoy en la posición de dar consejos específicos pues me tocaría conocer más a fondo el proceso. Sin embargo, lo que sí puedo decir es que las partes deben estar conscientes de las restricciones políticas bajo las cuales operan cada una de ellas, de tal manera que busquen siempre una solución que cada parte pueda comunicar a sus seguidores como un logro para sus intereses. Escuchar es tan importante como hablar si se quiere lograr progreso. Las soluciones creativas serán esenciales pues es necesario que los intereses de ambas partes se junten en cierto punto; por eso creo que el proceso se beneficiaría con diálogos informales que se realicen en paralelo al proceso formal de paz. Adicionalmente, no creo que puedan esperar una solución completa sino un proceso continuo de negociación en donde se manejen de manera creativa las diferencias entre gobierno y Farc.

SEMANA: ¿Si usted fuese negociador del gobierno qué estrategia seguiría para lograr sus objetivos?

W.U.: Con las mismas reservas de la respuesta pasada, tengo las siguientes ideas generales. La primera es escuchar respetuosamente las posiciones y exigencias de la guerrilla en los diferentes temas de la agenda, pero siempre defendiendo los intereses de la sociedad en general. Otra iniciativa que debe seguir el gobierno es buscar un mecanismo para que las Farc puedan dejar la lucha armada de manera honorable con el fin de que asuman su puesto dentro de un proceso político justo que permita a todos los colombianos decidir --de manera democrática-- qué clase de sociedad quieren para el país.

Si las negociaciones llegan a un punto muerto podrían involucrar a un tercero que sea respetado tanto por gobierno como Farc para facilitar una solución justa. El gobierno debe ser generoso en la negociación, pero siempre recordando que la solución final debe ser justa y extendible a otros grupos insurgentes.

SEMANA: ¿Si usted fuera de las Farc qué estrategia de negociación utilizaría? >

W.U.: Con las mismas anotaciones de las otras dos respuestas en cuanto al conocimiento del proceso, mis recomendaciones serían las siguientes: aprovechen el espacio ofrecido para buscar lograr sus objetivos mediante mecanismos políticos y no de violencia. Tienen que pensar en cómo lograr que el gobierno mantenga sus promesas sin utilizar la fuerza. Las Farc deben posicionarse de tal forma que logren convencer al público en general, para así buscar apoyo a sus ideas. También me parece conveniente involucrar a una tercera parte, que sea neutral, con el fin de asegurar que se logren acuerdos convenientes para todos. Hay que recordar que lo mejor es enemigo de lo bueno.

SEMANA: ¿Qué rol cree usted que jugará la sociedad civil en el proceso de paz de Colombia?

W.U.: No creo sea posible lograr la paz sin la contribución continua de la sociedad civil. Además de las últimas e impresionantes marchas y manifestaciones las instituciones civiles, como empresas, iglesias, universidades, colegios y ONG, pueden jugar papeles vitales en todo el proceso. Las iglesias pueden ser las que sanan, las universidades pueden ser los profesores de estrategias y técnicas de negociación, los empresarios pueden ser los generadores de empleo, etc. Si gobierno y Farc eventualmente se encuentran atrapadas en el conflicto la sociedad civil puede participar como la tercera vía, como un puente entre la sociedad y los que están negociando.

SEMANA: En Colombia existe la percepción de que el gobierno cedió demasiado para poder sentarse con las Farc a negociar. ¿Cuál es su opinión sobre esta estrategia? ¿Es esta la única estrategia que tenía el gobierno para comenzar a negociar?

"De ser exitosa, la estrategia del gobierno puede ser un acto de valentía e imaginación política"

W.U.: El gobierno se la jugó por la paz. Nadie puede decir todavía si la estrategia va a ser exitosa. Sin embargo criticar es muy fácil, en particular cuando las Farc aparentemente no estaban dispuestas a ceder nada. De ser exitosa, esa estrategia algún día puede percibirse como un acto de valentía e imaginación política. El hecho de entregar una parte tan significativa de territorio ayudó a igualar las relaciones para que una negociación pudiese avanzar. Algunas veces este tipo de acciones dramáticas son necesarias para romper con la profunda desconfianza y las grandes barreras que existían entre las partes desde el comienzo. Un acto análogo ocurrió con la visita del presidente egipcio Sadat a Israel en 1977, aceptando por primera vez la existencia de ese país como Estado soberano. Y aunque terminó pagando con su vida este acto, sí logró comenzar un proceso de negociación de paz entre los dos países, proceso que tiene efectos hasta hoy en día.

SEMANA: ¿Cómo ve usted el desenlace del proceso de paz en Colombia?

W.U.: Nadie debe esperar una solución fácil y rápida después de tantas décadas de violencia. La paz, en muchas formas, es mucho más dura que la guerra. Habrá retrocesos durante el proceso, momentos en que todo parecerá perdido, pero en todo caso creo que en el largo plazo el proceso será un éxito. Algún día los colombianos podrán mirar hacia atrás, hacia este período de violencia extrema, como una pesadilla del pasado, y algún día los estudiantes de colegio se preguntarán qué fue lo que realmente sucedió.

William L. Ury es el director de Programa de Negociación de Harvard