Lo que no debe hacerse al pronosticar el futuro de un país

Alvin y Heidi Toffler

En 1909 Homer Lea expresó en El valor de la ignorancia opiniones desagradables que ahora identificamos con el militarismo y el fascismo. En una época en la que pocos se imaginaban que en cinco años Europa estaría en llamas por la I Guerra Mundial, Lea pronosticó la guerra entre EEUU y Japón que se desató en 1941, 32 años más tarde. Este y otros libros 'futuristas' han combinado aspectos militares, culturales, políticos, religiosos, étnicos, tecnológicos y de sus interacciones para exponer asombrosas habilidades premonitorias.

En cambio, el periódico The New York Times publicó recientemente un artículo que pronostica el eclipse de Japón como potencia global. El autor basó su dramática conclusión en el envejecimiento de la población japonesa y los continuos subsidios del gobierno a industrias y comunidades decadentes. El artículo, que hace eco del análisis del gobierno nipón, termina siendo más interesante como modelo de lo que NO se debería hacer al pronosticar el futuro de un país.

El texto comienza con estadísticas oficiales japonesas que muestran que la población nipona se reducirá de los 126 millones de habitantes de la actualidad a 67 millones en 100 años. Esto nos conduce a la Regla Toffler No 1: dude de tales proyecciones demográficas. Nadie sabe cuál será la población en una época tan lejana en el tiempo.

Paul Ehrlich, reconocido profesor de Stanford, pronosticó que para los años 70, el mundo sufriría de hambruna, pero su profecía no se materializó. Ehrlich no estaba solo. Un experto en pronósticos alimentarios de la época dijo que la producción anual de cereales de India nunca podría exceder los 93 millardos de toneladas. Actualmente se acerca a los 295 millardos. Regla No 2: sea especialmente suspicaz de cualquiera que emplee palabras como 'nunca'.

En 1972, un informe llamado Los límites del crecimiento extrapoló tanto las cifras del crecimiento demográfico como las del PIB para los 10 países más populosos del mundo 'asumiendo que las tasas de crecimiento relativo de la población y del PIB permanecerían casi iguales'... Sin embargo, esta premisa lineal era errada.

Regla No 3: la extrapolación de las tendencias es probablemente la forma más popular e ingenua de realizar un pronóstico.

El artículo de The New York Times también aceptó sin cuestionar las predicciones relativas a la fuerza laboral dentro de 50 años, asumiendo que toda persona menor de 15 y mayor de 65 años no estará en 'edad para trabajar'. El Valle del Silicio, sin embargo, está cambiando todo esto: la tecnología de la información está reduciendo drásticamente el esfuerzo físico necesario para realizar un trabajo, por lo que los trabajadores no necesariamente se convertirán en personas inservibles a los 55 o 65 años. Regla No 4: dude de las predicciones de largo alcance que subestiman el impacto de la tecnología.

Reiteradamente, el artículo se basa en estadísticas de la productividad y, lo que es peor, en mediciones del 'producto interno bruto' que pronostican una baja de 5% en el PIB para el año 2050. Empero, las mediciones convencionales de la productividad son engañosas debido a que los economistas no han averiguado aún cómo medir la productividad del conocimiento, clave en la nueva economía. Regla No 5: la economía de la Tercera Ola no puede medirse con herramientas diseñadas para la economía de la Segunda Ola.

La exclusión de Japón del club de las grandes potencias se basa también en una concepción estrecha de lo que es una potencia nacional. Si este país se mantiene como potencia dependerá de muchos factores: ambiente, ciencia, religión, cultura, el papel de la mujer, y su disposición de revolucionar su sistema educativo. También dependerá de lo que suceda fuera de Japón. ¿China hará explosión? ¿Puede la relación estratégica EEUU-Japón durar otros 50 o 100 años? El artículo está escrito como si Japón estuviera totalmente desconectado del mundo.

Por otra parte, el poder global está pasando por su reestructuración más profunda de la historia. En las próximas décadas, algunos países superarán a otros y otras fuerzas alterarán la distribución del poder. El papel de Japón en el futuro dependerá cada vez más del conocimiento y la cultura. En ese nuevo orden, Japón se beneficiará de los recientes aumentos en los gastos en investigación y desarrollo científico.

No servirán de nada las proyecciones lineales simplistas que hagan los burócratas, ni tampoco las que haga The New York Times.

Traducción Teresa León