¿Tercera vía?

Andrés Sosa Pietri

Me preguntaba la entrevistadora: '¿Qué era eso de la tercera vía?'. La 'Constitucion Bolivariana', me decía, pretende adoptar un sistema económico de 'tercera vía'. Más de lo mismo, le respondí. Al ex presidente Carlos Andrés Pérez, al consultársele, en la época de su primer gobierno, sobre si la orientación económica de su régimen era capitalista o comunista, pronunció esta frase, ya celebérrima: 'Ni lo uno ni lo toro, sino todo lo contrario'.

Esa es la tercera vía 'bolivariana': 'Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario'. Exacerba el fracasado paternalismo de Estado, y su intervención directa en todos los órdenes de la vida. Reduce el espacio del individuo y expande el de la masa, hecha 'soberano' en el Estado. Enfatiza su idolatría por la concepción marxista, materialista-dialéctica de la historia, y su desprecio por la cosmovisión cristiana y occidental del Ser Individual, del Ser Humano, como sujeto y razón de la Creación. Es la idea del 'ser colectivo' por encima del individuo. Y ante ese adefesio, todavía hay quienes exclaman: '¡Tremenda Constitución..!

La historia de nuestra civilización occidental es una de largas luchas entre el poder del Soberano, llámesele rey, emperador o pueblo, resumido en el Estado, y el individuo. Y es una historia que nos enseña que son, justamente, las sociedades que han defendido más al individuo y atomizado el poder, las que han conseguido el mayor grado de bienestar y prosperidad para cada uno de sus integrantes.

El presidente Chávez 'promete' erradicar la pobreza para el año 2010. ¡Buenos deseos! Los mismos de los adecos en 1945. Los discursos del presidente Chávez parecen calcados de los clásicos de Acción Democrática; algunos, con 'toques' copeyanos. La 'Constitución Bolivariana' es una variación del mismo tema de las de 1947 y 1961. Sólo que ésta, la 'bolivariana', es aún más estatista que sus dos predecesoras; y agrega un elemento totalmente nuevo: El de la separación de las razas, y con él, el del posible surgimiento de nuevas nacionalidades y hasta naciones dentro del territorio, que conocemos hoy como Venezuela.

Nosotros, los venezolanos, que nos ufanábamos de ser una amalgama de razas, fundida en la cultura occidental, ahora resulta que somos de dos categorías: Los que llegaron antes, 'indígenas', 'etnias', y los que vinimos después, 'inmigrantes'. Y si, al mejor estilo fascista, vamos a alardear de pureza de sangre, ¿acaso la de los indígenas, la de las 'etnias', lo es más que la de blancos, negros o amarillos? Presumíamos de ser una nación de razas mezcladas. Nos enorgullecía el ser una sociedad de puertas abiertas a las gentes de bien, de trabajo, de buenas costumbres, independientemente de su color.

Los adecos, en 1945, crearon la ilusión, en el venezolano, de que se podía vivir sin trabajar; de que el Estado, dueño de las riquezas del subsuelo, era inmensamente rico; tanto como para que a cada uno le tocara 'lo suyo'. El experimento, que no terminaba de arrancar, con todo y Constituyente y novísima Constitución, se interrumpe en noviembre de 1948. Apoyados en la inmigración europea, los militares lograron imprimir en el país un ritmo de trabajo, comparable con el que ya se observaba entre 1935 y 1945. Pero los adecos regresaron. Y con ellos, su noción fantástica y fantasiosa del desarrollo nacional. El experimento, en esta oportunidad, parecía funcionar. Lo hizo en los 60, pero por la inercia de trabajo que traía el país de la décda anterior. Y lo hizo en la de los 70, pero financiado por los altísimos precios del petróleo. En la década de los 80, sin embargo, perdida la inercia y bajando los precios del petróleo, se acabó el cuento. Y con él, la ilusión del 'pueblo', del 'soberano', en los adecos.

Chávez ofreció dar cuenta de los adecos. El experimento había naufragado por la corrupción; no por ser malo en sí mismo. Eliminados los corruptos, el Estado todopoderoso podría proveer por 'su pueblo', por atender y cubrir 'las inmensas necesidades de los venezolanos, acumuladas durante tanto tiempo de dejadez y negligencia' (sic). Pero aprobada la nueva Constitución, los venezolanos verán que las cosas seguirán como están; si no, peor. Y por si fuera poco, ¡Venezolanos desnudos en la ANC! ¡A qué extremos puede llegar la demagogia, el populismo, la explotación de las personas, la más crasa irresponsabilidad!

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