A las balsas!

"Venezuela va hacia la misma dirección, hacia el mismo mar donde va el pueblo cubano..."
Comandante Hugo Rafael Chávez Frías
La Habana, 18 de noviembre de 1999

1 Sigmund Freud nos convenció de que los lapsus carecen de toda inocencia. Reflejan, antes bien, profundas verdades que ocultamos en los resquicios más íntimos del alma. Lo que sucede es que bajo presión y ante la imposibilidad de enmascarar exitosamente nuestros más secretos pensamientos y deseos, afloran esas verdades bajo la forma equívoca, a veces risueña, de los errores, de esos lapsus lingue que a menudo suelen dejarnos en ridículo.

Un cierto ingenuo desconcierto oscureció el rostro del comentarista Dámaso Blanco cuando en la presentación preliminar del juego entre Venezuela y Cuba con que el protocolo de ambas cancillerías decidió sellar nuestro reciente e inconsulto pacto de amistad llamó al líder cubano con el sorprendente nombre de Fidel Chávez. Y bordeando el lapsus, nuestro ínclito Hugo Chávez en persona, seguramente emocionado por estar hablándole a la juventud cubana en la Universidad de La Habana se arriesgó a afirmar, dejando de lado todo pudor por el país que representa, que "Venezuela va hacia la misma dirección, hacia el mismo mar donde va el pueblo cubano, un mar de felicidad, justicia social y de paz".

Seguramente el buenazo de Dámaso Blanco presenció el encuentro de Chávez con los universitarios y escuchó el oráculo de nuestro guerrero. A su pesar, el inconsciente procesó correctamente la información y le llevó a darle nombre a ese monstruillo político bautizado como Fidel Chávez, el Frankenstein venezolano inventado en los laboratorios de los trasnochados sótanos del izquierdismo irredento que creíamos definitivamente desterrado a la cátedra Pío Tamayo y al Gran Café de Sabana Grande. Ya los envidiaría Mary Wollstonecraft Shelley, la creadora del modelo primigenio.

Como la noche era de lapsus, otro de los comentaristas de la paupérrima televisión estatal, esta vez hablando desde un miserable set especialmente preparado "a la ocasión", ensalzó la potencia beisbolera de Fidel, esta vez el originario, diciendo que como Chávez, también él se destacó en su juventud como un gran jugador de pelota, pero que prefirió a última hora cambiar la carrera de pelotero profesional por la de las armas. No sabía el pobre que Fidel no fue militar, sino abogado. Aunque pareciera que todos los caminos de la revolución conducen a Roma, la castrense. Pregúntenselo a Hitler, a Stalin, a Mao, a Ho Chi Minh y al Pot Pol.

Como en la historia de Mary Schelly: de terror.

2 La temeraria afirmación de nuestro revolucionario comandante permite muchas lecturas. Desde luego y en primerísimo lugar, la freudiana: el único mar hacia el que ha ido el pueblo cubano, desafiando borrascas, marejadas y tiburones ha sido el que apunta a Cayo Hueso. Y lo ha hecho con los medios más precarios y el coraje más homérico.

Son miles los balseros que dejaron sus vidas en el inhumano esfuerzo por lograr la travesía hacia esa felicidad, esa justicia social y esa paz que el castrismo le ha negado sistemáticamente durante cuarenta años al pueblo cubano y que ellos esperan encontrar en el vientre del enemigo público N 1 de Fidel: USA. Acérquese en la imaginación al malecón de La Habana y vea como azota el oleaje para comprender el hastío, el cansancio, la desesperación, la ira y la indignación que es preciso acumular en años y años de frustraciones, desesperanza y humillaciones para decidir improvisar una precaria embarcación y echarse al mar con una última esperanza: escapar del infierno que ahora el comandante quiere vendernos por oasis de felicidad y paz.

Desde luego: paz de los sepulcros, justicia represiva y felicidad circense. La Habana es un cementerio sólo animado para el turista, que llega a un país carísimo en el que lo único gratuito son las estampas de una revolución desfasada, impúdicamente al aire en la caries de sus vetustos y derruidos edificios. La paz de avenidas transitadas por desvencijadas motocicletas de la segunda guerra mundial, viejos carros perezjimenistas y escasos e improvisados transportes dignos de amontonadas reses camino al matadero. Una escenografía digna de una pésima película sobre la "cortina de hierro" en país bananero, gobernada por un otoñal patriarca que reina como en los viejos imperios de cuentos de hadas. La paz de un país que se habituó a la desesperanza y exhibe sus muñones como prendas de necios heroísmos. La paz de un país congelado en el tiempo y en el espacio, digno remedo de esa película de ciencia ficción que sólo promueve divisiones.

Pues Cuba se divide en dos clases irreconciliables: la de quienes disponen de dólares -turistas, negociantes y privilegiados del régimen, taxistas y mozos de cordel que administran el mercado negro y cubanos que disfrutan de alguna remesa enviada desde el exterior por familiares que lograron escapar de "la felicidad" y perderse en el "infierno del imperialismo norteamericano". Y la del resto, es decir el 99% de los cubanos, que debe vivir con tres huevos al mes, algunas raciones de arroz y caraotas y Bs. 175 (ciento setenta y cinco) de salario diario. Salario no sólo miserable porque está al nivel de los más bajos y ruines del mundo, sino porque depende del absoluto avasallamiento a las autoridades del régimen. A cambio de ese servilismo y la completa apatía que genera, puede el cubano disponer de educación y de salud gratuitas y la posibilidad de practicar el deporte que prefiera. ¿Puede uno extrañarse del absoluto inmovilismo de la sociedad cubana, detenida como en un encantamiento de brujas hace más de cuarenta años?

¿Es esa la justicia social, ésa es la felicidad a la que pretende llevarnos Hugo Chávez? Como diría un maracucho: qué molleja!

3 El asunto es demasiado grave. Muchísimo más grave de lo que fue a comienzos de los sesenta, cuando Cuba quiso establecer una cabecera de playa en Macuto. ¿Entiende ahora, querido lector, del porqué de la satanización de estos cuarenta años de democracia? Extraña coincidencia: es el período que ha durado la derrota de quienes hoy vuelven a la carga, con nuevos bríos, armados por quienes ellos dispusieron hicieran la carrera militar y penetraran las Fuerzas Amadas Nacionales, poniendo en práctica un nuevo modelo de acceso al Poder: el constituyentismo asambleario y la idiotez de medios y partidos embrutecidos por la corrupción y la estulticia.

Freud, siempre Freud. Napoleón Bravo -golpista de primera hora, aunque anticastrista furibundo en sus años mozos- puso de moda aquello de "quitarse las caretas". Le achacaba llevar caretas a quienes realmente jamás las tuvieron. Pues la primera gran careta de esta historia la ha llevado Chávez, replegado al silencio cuartelario en el que incubaron él y su logia militar la conspiración antidemocrática que comienza a rendir los primeros frutos. Auxiliados en esa tarea por los tontos útiles de siempre: ex fiscales generales, filósofos jubilados, notables de opereta y guionistas de televisión, hoy todos en la penumbra del arrepentimiento. En La Habana es donde han comenzado a caer realmente las caretas. Fidel y Hugo -Chávez dixit- hermanados en un mismo proyecto político.

4 Y vuelve Chávez de La Habana con los mismos bríos de siempre: ha vuelto a chupar con su hermano Rómulo de la leche materna, la de la loba de la revolución. De una plumada, propia del bravuconzazo que es, despachó la idea de que los constituyentes defendieron hasta cinco minutos antes de su alocución en el salón elíptico con dientes y muelas: mezclar el referéndum aprobatorio con un plebiscito que lo salvara de medirse en elecciones generales. Y oh sorpresa: los títeres se pusieron de pie y aplaudieron a rabiar una decisión que le negaron con sarcasmos y necedades a la oposición. El titirititero cambió la señal en el último minuto y los muñequitos saltaron como un resorte. Ahora la idea sí es buena. Hace diez minutos era nefasta. Bochornoso.

Marx solía comparar al revolucionario con un topo, el maestro de maestros en el arte de la zapa. Cuarenta años de zapa realizados por estos topos que hoy dirigen la ANC, controlan las Fuerzas Armadas y se aprestan a dar el gran zarpazo el 15 de diciembre, pueden llevarnos al barranco de la historia del que aún no sale la bella isla caribeña. Los juegos están hechos: si Ud. quiere navegar por el castrista mar de los sargazos, vote SI en esa fecha crucial para el destino de Venezuela. Si se niega a calarse la tragedia cubana, abrace el NO! De lo contrario, vaya pensando en escudarse en la apatía y la indiferencia, luchar por su vida o preparar su balsa. La hora es de decisiones. De muy graves decisiones.