Cedice, 15 años

Emeterio Gómez

Fue como apretar el botón de la silla de eyección sin tener la menor idea de dónde podría uno caer. Había que saltar del avión en llamas. Era 1981 y el MAS había organizado un congreso internacional, Del socialismo real al socialismo posible. Era la última esperanza de que pudiera haber algo así como un 'socialismo democrático'. El sueño de Allende y de Teodoro. Con otros compañeros presentamos una ponencia, Socialismo y mercado. Todo fue inútil. Carlos Raúl nos había advertido: 'déjate de necedades, entre el comunismo y la socialdemocracia no hay estaciones intermedias, el socialismo democrático es un sinsentido'. Y tenía razón. Había que salir a buscar oxígeno.

Fueron 3 o 4 años deambulando sin encontrar un camino. Gobernaba Reagan y a medida que el neoliberalismo ganaba terreno, nuestra situación en la UCV se tornaba cada vez más difícil. 'Vendido a la burguesía', 'agente de la CIA' ¡economicista! Hasta que en 1984 a punto ya de mate en el plano intelectual dos posibilidades aparecieron. Marcel Granier nos llamó para ver si queríamos asumir una columna permanente en El Diario de Caracas. Algo para discutir se llamó, y aprovecho para agradecer por ella. Por 15 años hemos logrado mantenerla casi ininterrumpidamente, y el estímulo intelectual que de ella hemos recibido ha sido, en el sentido estricto de la palabra, vital.

El segundo aliento llegó también por esos días. Sonó el teléfono y un desconocido dijo: 'Usted acaba de publicar un libro, Socialismo y Mercado, y quisiéramos saber si está dispuesto a asistir a un debate sobre él, con un grupo de amigos, en Cedice'. Era música celestial. Porque en la Central la situación era cada vez más difícil. Defender a Milton Friedman en aquel ambiente y en aquellos años, era demasiado. Alguien nos invitó a dictar una charla en la Escuela de Periodismo y a la hora de las preguntas sólo un chamo pidió la palabra: 'Nosotros tenemos una única pregunta, profesor: ¿cuánto le pagan por defender a los ricos?'. Había que salir también de allí urgentemente.

'Con mucho gusto, señor, pero, ¿podría explicarme qué es Cedice?'. Sí, por supuesto, un grupo de amigos, preocupados por la casi nula difusión que en Venezuela tiene la idea de responsabilidad individual hemos creado esta institución, el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico, para contribuir en algo a subsanar la falla. Queremos debatir con los universitarios, los periodistas, los religiosos ¡y con los propios empresarios!, la necesidad de promover en Venezuela una economía de mercado. '¿Y su nombre, señor?'. ¡Ah, disculpe! Jesús Eduardo Rodríguez.

Gracias a todos los que estuvieron en aquel debate y a todos los demás con los que hemos andado juntos en estos 15 hermosos años. Gracias a Oscar Schnell, Fernado Salas, Rafael Alfonzo, Haydé de Salas, Ricardo y Cristina Zuloaga, Concheso, Luis Henrique Ball, Hugo Fonseca y Cira Romero, Chelminsky ¡Carlos Rangel y Mario Vargas Llosa! Pepe Toro, Carlos Sabino, Carlos Raúl, Carlos Granier, Hugo Faría , Roberto Casanova y tantos otros, que es imposible mencionarlos a todos. Independientemente de lo que pueda pasarnos en estos años aciagos que nos esperan ¡ya valió la pena! La amistad de ustedes, y muy en particular y muy profundamente la de Rocio Guijarro, nos enorgullece.

Los primeros años fueron muy difíciles, por supuesto. Hablar de Economía de Mercado hace tres lustros en Venezuela era casi una locura. Cualquier cosa que se pareciese a la necesidad de competir era una ofensa. La libertad individual para nosotros era simplemente la libertad cimarrona. 'Sobre mi caballo yo y sobre mí, mi sombrero'. Pero, lo más importante, más allá de la libertad y la necesidad de competir, la noción de responsabilidad individual no aparecía para nada en la mente del venezolano. Las palabras lucro y comerciante eran simplemente improperios.

Algo avanzamos en esos 15 años, pero ahora las fuerzas del destino nos lanzan mucho más atrás de donde estábamos en 1984. Luchemos simplemente, con todos los bríos del mundo durante las próximas dos décadas. Pensemos que se trata tan sólo ¡o más bien! de una magnífica oportunidad para templar el espíritu.

El Universal Digital, 17 de noviembre de 1999