Laura Danuska Scarano
¿Qué es una revolución?, ¿Pudiesemos hablar de revolución en momentos en que nos encontramos inmersos en la aldea global?, ¿Habrá revolución pacífica sin cambios violentos?, ¿Cómo definir una revolución dentro de un régimen democrático?.
En palabras de Galvis Gaitán Fernando: “La revolución es un cambio no moderado sino radical; se atacan a fondo las bases de un sistema y se cambian por otras bases y diferentes instituciones”.
¿Qué tipos de revolución existen?, Sorokin plantea: “si un cambio revolucionario está dirigido exclusivamente contra el régimen político del grupo, se convierte en revolución política que va desde la revolución palaciega (…) a la transformación drástica de las clases dirigentes y del régimen. Si un movimiento revolucionario intenta un cambio violento en el sistema económico del grupo, en sus formas de propiedad, posesión, producción, distribución y consumo podrá afirmarse que se ha realizado una revolución económica…Finalmente, si un cambio revolucionario intenta transformar el cuerpo entero del derecho oficial, así como todos los valores e instituciones importantes del grupo –políticos y económicos, religiosos y éticos, legales y domésticos- la revolución será total”.
Los síntomas preliminares a un posible estallido revolucionario son identificados por Crane Brinton como: “a) Graves dificultades financieras…; b) Concentración de las riquezas en muy pocas manos; c) El sentimiento de un grupo de que se le limita o entorpece su actividad económica, lo que aparece como una gran injusticia para todos los miembros de la sociedad; d) Gobiernos ineficaces y tentativas de reformas que no cristalizaron; e) Deserción de los intelectuales…; f) Identificación de los antagonismos sociales”.
Pero si a estos síntomas le agregamos deterioro de la calidad de vida, descomposición ético-social y ético-política, deslegitimización de los gobiernos de turno, creciente corrupción, élites sin capacidad de respuesta, entonces, pudiesemos hablar, de la presencia de una crisis general en el sistema; ¿Será que la única vía para producir cambios de raíz sea a través de una revolución?, ¿Hay otros mecanismos?: esta pudiera ser canalizada por la vía de la reforma, que a diferencia de la revolución es un cambio político moderado, dentro de un orden establecido, por ende me pregunto: ¿Porqué el camino revolucionario?, ¿Será que el orden establecido está corrompido a tal punto que se requiera de una revolución?, en caso de que la respuesta sea positiva, me pregunto nuevamente que sí esta es la vía escogida por los venezolanos, no les parece que para iniciar una revolución pacífica deberíamos empezar por los valores-éticos de un pueblo y no sólo cambiando las instituciones y las leyes, si esta es la senda por recorrer apenas esta comenzando. En este sentido, me gustaría comentarles una frase que dejo a reflexión, me la escribió un amigo chileno por correo electrónico, que me dejo pensando y que deseo compartirla con ustedes, ya que siento que pudiese tener que ver mucho con lo que esta aconteciendo en Venezuela: “…Ser radical es ir a la raíz de las cosas, y la raíz de las creaciones humanas es el hombre mismo”.
Ahora bien en una sociedad donde el bienestar es una prioridad, donde la mayoría desea como el mejor sistema de vida la occidentalización, donde la cultural del consumo esta cada vez más arraigada, reforzada por los medios de comunicación de masa, donde hay una juventud dedicada a seguir paso a paso la cultura de la moda, donde la tendencia de lo global genera su propia fuerza frente a lo local; claro ejemplo de ello lo encontramos solo con entrar al Centro Comercial Sambil: presenciamos una multitud con una vestimenta idéntica, hablan el mismo idioma, comen hamburguesas o cualquier comida rápida, se pasean todo el centro observando cuales son las nuevas tendencias en la moda, van al cine, principalmente a ver peliculas norteamericanas, es decir, son seres humanos globalizados, aunado a que lo más interesante es presenciar personas de diferentes clases sociales con los mismos gustos, valores y tendencias, por lo tanto, vuelvo a preguntarme ¿Cómo puede calar un discurso revolucionario frente a la necesidad humana de adaptarse a lo que se percibe desde afuera, a la modernización en el leguaje globalizador.
Nos encontramos, entonces, con dos realidades antagónicas, si tomamos como premisas el concepto clásico de revolución y, en algunos momentos el discurso gubernamental, por una parte el Gobierno buscando alcanzar una revolución pacífica, transformar por completo las instituciones, hasta los momentos hay una mayoría apoyando un cambio profundo y radical y, por otra parte, nos encontramos con una sociedad que desea cada vez más mejorar su nivel de vida al estilo: Way American Life.
La gente no vive y no puede vivir con un solo valor, pero por otra parte los valores no siempre son enteramente compatibles entre sí. La búsqueda de un valor debe ser compatible con el disfrute de otros valores. La búsqueda de un valor es legítima si y solo si, tenemos razones para esperar que no infligirá intolerables daños a ningun otro valor que también sea vitalmente importante para nosotros.
Por supuesto, que en la medida en que diferentes individuos aprecien diferentes valores, esta relación los hace entrar en conflicto o intensificar los conflictos existentes. Es por esto que es importante llegar a un consenso, a un acuerdo en base a los valores compatibles, esto tiende a perservar la estabilidad del sistema. Por ende la mejor vía para canalizar los conflictos es a través de la transformación de los mismos por medio del diálogo, la tolerancia a las diferencias, con una sociedad civil participativa, con voluntad gubernamental y, efectivamente, un acuerdo que legitimice el cosenso.
Hasta los momentos todas las revoluciones de la historia se han materializado con cambios violentos, sin embargo, en Venezuela se pudiese estar dando una ruptura del paradigma de revolución en su concepción clásica, ¿Será que se esta llevando a cabo una revolución sin violencia y por el camino democrático?, todavía a los venezolanos nos falta mucho camino por recorrer en la senda de lo que se ha llamado revolución pacífica, como para afirmar que esta se producira sin violencia. Pero de ser así estaríamos dando muestra al mundo de la madurez no sólo de nuestros gobernantes sino de nuestra sociedad en producir cambios profundos en nuestras instituciones por la vía pacífica.