Oscar García Mendoza
Hay indicios de que una buena parte de la población pensante va a votar NO. Luce razonable. Basta una mirada al texto de la Constitución propuesta para darnos cuenta que se trata de un documento contradictorio, poco pensado, desequilibrado y que, por sobre todo, ajeno a la complejidad de voluntades que forman la Nación.
Las sesiones de la ANC, ese período de tres meses y medio de discusiones, aderezadas por el más variopinto numero de manifestaciones, a favor y en contra, pacíficas y no tanto, unidas a los viajes presidenciales y sus discursos, alocuciones, charlas, etc., han contribuido a ocultar, por momentos, los problemas, de magnitud inmensa, que vivimos los venezolanos.
Luego de mas de nueve meses de nueva administración estamos mucho peor que antes. El gobierno es más ineficiente (que es bastante decir), la corrupción ha cambiado de actores, pero aumentado en cuantía y disminuido en acusados, las arbitrariedades son mayores y, para asombro de todos, no ha logrado poner en marcha al País aun cuando los precios del petróleo han aumentado en mas de 120%, lo que resulta inédito. Por primera vez, en la larga historia de alzas y bajas petroleras, tenemos un gobierno tan incompetente, pero tan incompetente, que ha despilfarrado los recursos extraordinarios sin producir ninguna situación de bienestar.
En los casos anteriores, recordemos el 91 y el 97, cuando subieron los precios del petróleo, irresponsablemente se gastaron los ingresos, pero al menos hubo una cierta sensación de bonanza, que luego se tornó en recesión. Ahora ni siquiera ese respiro ha tenido la población. Cuando caigan los precios, lo que con toda seguridad sucederá, la recesión será enorme y muy dolorosa.
La lucha contra la corrupción y la mala administración, los temas electorales principales del Presidente, se quedaron en eso, en temas electorales. El gobierno en lugar de haber rectificado la catastrófica situación administrativa, continuó o empeoró las mismas prácticas y amparado por la popularidad, ha logrado evadir, (momentáneamente), los controles del Estado de Derecho y de los ciudadanos.
La población puede votar NO. El proyecto de Constitución es un mamarracho, pero además, y esto es importante, el votar NO será para los ciudadanos una manera clara y diáfana de protestar por la manera como están siendo malbaratados los recursos de la Nación, como todo continúa siendo, no más de lo mismo, sino peor de lo mismo; como no hemos cambiado sino continuado con el puntofijismo, pero con actores de menor categoría.
Después de las elecciones la población venezolana deberá seguir subsistiendo. No podrá hacerlo con dignidad si no se producen de inmediato cambios de relevancia en la administración pública, si no se la sustituye por un equipo competente y coherente, plenamente identificado con las ideas de Estado de Derecho, de libertad individual, de respeto a las leyes, de libre mercado, que sea capaz de proponer soluciones e implementarlas. Este reto lo debe enfrentar el Presidente pase lo que pase, suceda lo que suceda, porque de él depende el bienestar de todos.
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