Mil veces NO

Eduardo Ortiz Ramírez

Es necesario pronunciarse sobre el proyecto de Constitución. Como son dos las alternativas, digo categóricamente que no. De  seguidas, las razones.

En primer lugar, es inoportuno, innecesario y necio el cambio de nombre de la nación. Lo demás, lo explicó ya, muy enjundiosamente, Elias Pino Iturrieta.

En segundo lugar, es inadecuada la alteración que se le busca dar al proceso de descentralización. Tal alteración, no deriva de ninguna reflexión o experiencia histórica de larga trayectoria debidamente evaluada, sino simplemente de las ansias de poder del centralismo.

En tercer lugar, es inadecuada y sentimental la posición sobre las poblaciones indígenas. Con repercusiones futuras todavía no bien evaluadas.

          En cuarto lugar el proyecto contiene el caldo adecuado para cultivar las ansias de poder del actual presidente. La posibilidad que se le brinda de disolver la asamblea es de las cosas inaceptables.

          En quinto lugar, no es conveniente, como muy bien han explicado los entendidos, y compartían los grupos hoy día en el poder el año pasado, darle calificativos a la información. Ya se verá la información veraz en los medios oficiales de comunicación social (o comunicación presidencial).

          En sexto lugar, el área económica del proyecto de Constitución ha defraudado hasta antiguos emperanzados de que el proceso constituyente brindase nuevos caminos a la economía. Lo que concierne a PDVSA, a la autonomía del BCV y precisiones sectoriales sobre artesania y otras actividades, es más que suficiente para que, ligado a criterios intervencionistas diversos que estan presentes en el mismo, se diga no.

          En séptimo lugar, la mayoría de los que estuvieron en la asamblea, lo que hicieron estando allí, cómo llegaron allí, la dinámica de las sesiones con “humor” y con un presidente de asamblea diciendo en alguna oportunidad “no se vuelvan locos, que es una cuestión de estilos”, es suficientemente estimulante para decir no. Por si fuera poco, la expresión del Presidente de la República cuando dijo, parafraseando atropelladamente a algún personaje de  Shakespeare “sopla viento, que aquí tengo mi constituyente”, resumió, previo a las plenarias,  lo que iba a ser la asamblea.

          Los grupos políticos en el poder han dividido al país, lo han escindido, con su violencia, agresividad, impertinencia, oportunismo y confusión “revolucionaria”. Ya no hay regreso sincero. Ni para ellos, ni para nadie. Por eso mil veces no.