Chantaje defensivo

Claudio Fermín

Los empresarios, agredidos durante años por la permisería, por los comisionistas y por la ineficiencia del sector público, se quejan de que en estos diez meses estos males han empeorado. Denuncian que, de aprobarse el proyecto estatista de Constitución, la iniciativa privada sería borrada del mapa. No podrán competir en áreas de alto rendimiento económico porque el Estado se reserva esos sectores. Poco importa al Gobierno que el espíritu empresarial pueda generar decenas de miles de empleos si ello pone en juego el dogma chavista según el cual está prohibido competir con el Estado. Diferentes congregaciones eclesiásticas están disgustadas con el trato dado a la educación privada. Si no fuese por ellas, centenares de miles de familias no encontrarían cupos escolares para sus hijos. Los venezolanos naturalizados han recibido el proyecto chavista como un insulto. Es larga la lista de posiciones públicas para las cuales son tratados como indeseables y de nada vale que se haya consagrado la igualdad ante la Ley, ya que ésta se viola en el propio proyecto de Constitución.

Los activistas por la modernización del sistema político se sienten defraudados al negarse la doble vuelta presidencial. Quienes alcancen la Presidencia con márgenes estrechos de victoria se convierten en administradores de un conflicto permanente porque más ciudadanos estarían del lado de la oposición que del gobierno. La doble vuelta, método que provee mayor representatividad y legitimidad para el Presidente, fue desechada por el temor de Chávez a perder estrepitosamente en su intento reeleccionista. Las gobernaciones no tienen disponibilidad presupuestaria real para comprometerse con programas y servicios indispensables para las comunidades. Los impuestos seguirán siendo recaudados por el Gobierno nacional. Los gobernadores reciben, como limosna, autonomía para disponer de los timbres fiscales y promesa de que algún día obtendrán potestad tributaria. El mundo democrático objeta la facultad del Presidente para disolver la Asamblea Nacional, con lo cual ese organismo se inhibirá en el control del gasto público que le es propio.

El Presidente se deleita en cambiarle el nombre del país. No sólo ha causado disgusto este antojo, sino que sorprende que el oficialismo crea que con esto resuelve algo importante. La cubanización de Venezuela, que comienza con el cambio de nombre de Congreso de la República por el de Asamblea Nacional, no le ha caído en gracia a nadie. La invitación a transitar los mismos caminos de Cuba ha recibido el más contundente rechazo de los venezolanos, incluidos quienes protestamos el bloqueo y el embargo. Nuestro camino ha de ser del progreso y no el del atraso y la dictadura.

Venezuela se ha agrupado alrededor del NO. Chávez no sabe qué hacer. Se le agotaron los 40 años del 'pasado' para justificar sus desaciertos. Ya Chávez no es un activo del chavismo, ahora es una carga, y en esa desesperación ha comenzado a proclamar que con el triunfo del NO la gobernabilidad será incierta. Con la aceptación del proyecto de Constitución él y su gente se quedarían tranquilos. Venezuela comienza a ser chantajeada por un grupo político a la defensiva y sin argumentos.

Y frente a un pueblo alerta ante irregularidades electorales, ya no le queda sino pedir la posposición del referendo con el cuento de que es necesario buscar un mayor consenso. Chávez está derrotado.

cfermin@cantv.net