¿Perdónalos Dios mío?

Carlos Eduardo Ruiz

A punto de ser crucificado, Jesús de Nazaret alzó la vista al cielo y dijo: "Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen", refiriéndose a las turbas y a los gobernantes que lo condenaron a morir en la cruz. ¿Podemos los venezolanos perdonar también a los que están manipulando a los humildes y a los ignorantes con el sólo propósito de imponerle a toda Venezuela su particular punto de vista de la realidad social, política y económica?. Quizás si merecen perdón los humildes y los ignorantes, porque casi con toda seguridad no saben lo que están haciendo: la mayoría ni siquiera ha leído el proyecto de constitución; y muchos de los que sí lo han leído no están en capacidad de comprenderlo en su totalidad sin asesoramiento; pero los gobernantes -incluídos todos los ministros, gobernadores y Alcaldes-; así cómo los que ostentan altos cargos públicos en los poderes judicial y legislativo a nivel nacional, estadal y local, que están auspiciando el "SI", no merecen nuestro perdón. Tampoco lo merecen, aquellos que por apatía o indiferencia se abstengan de votar el 15 de diciembre próximo.

Los que liderizan la campaña a favor del sí, saben demasiado bien que el modelo económico estatista, y proteccionista, a los únicos que beneficia es a los empresarios mercantilistas y a los gobernantes. Saben muy bien que ese modelo económico está condenado al fracaso. Son numerosos los países que lo han ensayado con ese funesto resultado, entre los cuales destaca la extinta Unión Soviética. Por ejemplo ya los empresarios mercantilistas que están fabricando el carro popular, el "chavito", aumentaron sus ventas [y sus ganancias]: lo venderán masivamente a las Fuerzas Armadas.

Los que liderizan la campaña a favor del sí, saben de sobra que las sociedades, que los colectivos, nunca -ni siquiera en una sóla oportunidad en la historia de la humanidad- han producido algo beneficioso; todos, absolutamente todos los avances humanos en cualquiera de los campos del saber o de la actividad humana, han sido producidos por individuos; por lo que intentar otra vez, anular al individuo para que un todopoderoso estado, sea el que se encargue de decidir que se debe hacer, cuando se debe hacer, y cómo debe hacerse; lo que hace es desperdiciar el talento de la población y producir mediocridad, atraso y corrupción; además de causar frustración.

Los que liderizan la campaña a favor del sí, saben muy bien que no existen algunas "empresas estratégicas" que por alguna inexplicable razón deban ser manejadas exclusivamente por burócratas gubernamentales. Todas las empresas son estratégicas, y deben ser manejadas por los que conocen del ramo de empresa de que se trate. Desde un expendio de pan en una esquina, hasta la producción de energía para todo un país. Millones de mentes empresariales cada una luchando dentro de su ámbito de competencia; son las que crean riqueza y desarrollan un país. Ni el más super-avanzado y capaz de los estados, puede concentrar en sus nóminas a todas las mentes capaces; y muchísimo menos puede llegar a tener el monopolio de las buenas ideas. El estado de USA, el más poderoso y desarrollado de La Tierra, no posee ni siquiera una sóla empresa estatal. La Unión Soviética, por otra parte era dueña de todas las empresas. Los resultados son tan conocidos, que hasta países comunistas como China, Viet Nam y Cuba; se han visto obligados a transitar el camino de la libre empresa y del mercado para poder satisfacer las necesidades de sus poblaciones. El proyecto de constitución que apoyan los del sí, quiere mantener a Venezuela en el pasado estatista que hizo colapsar a muchas naciones en todo el mundo. Entre ellas a nuestra propia Venezuela.

Los que están auspiciando la campaña a favor del sí; saben de sobra que las fuerzas que mueven a las sociedades son el egoísmo, el individualismo y el afán de lucro; saben muy bien que éstas son tres características innatas al ser humano, y que la función de la sociedad y del estado es regular y controlar los excesos de los egos y de los individuos. Los intentos que se han hecho numerosas veces en el pasado para elimimar esta antipática y cruda pero inevitable realidad; lo que hace es destruír al ser humano; sólo puede llevarse a cabo en un ambiente de opresión y totalitarismo; y cómo todos sabemos, nunca logrará sus objetivos. Ni siquiera el sanguinario Pol Pot, el líder de los comunistas camboyanos del Khmer Rouge, que asesinó a millones de sus compatriotas para "crear al hombre nuevo", pudo lograrlo; porque cómo todos sabemos, cada hombre "nuevo" es un individuo y cada hombre "nuevo" tiene un ego. El proyecto de constitución que promueven los que están a favor del sí; pretende lo que pretendió Pol Pot y muchos otros equivocados como él en el pasado: la "solidaridad", el "cooperativismo", la anulación de los deseos individuales de acumular riqueza. Y lo que lograrán es empobrecer y pauperizar aún más a Venezuela.

¿Qué harán los militares cuando el estado no tenga dinero para pagar sus salarios? ¿Le exigirán al presidente que recorte y elimine los programas sociales antes de provocar un "disgusto" de las masas armadas? ¿Seguirán disfrutando de sus privilegios mientras el resto del país se deteriora ante sus ojos? Porque esto es precisamente lo que ocurrirá de aprobarse el proyecto de constitución de los que promueven el sí.

159 años tuvimos que esperar los venezolanos para elegir gobernadores y alcaldes; el progreso de las regiones y localidades en los escasos diez años en los que este avance político ha estado en ejecución es innegable. Llegado el momento de mejorar aún más las capacidades de respuesta de los gobiernos autónomos estatales y municipales, se pretende regresarnos al pasado productor de campos y fronteras abandonadas porque todo el progreso estaba en manos de poderes centrales que no veían más allá de la quebrada de Chacaíto. Todavía se llama peyorativamente a la inmensa porción de Venezuela que significan sus estados y municipios [el 98 por ciento del país] "La Provincia". Eso es lo que están promoviendo los que apoyan el sí: un retroceso al centralismo asfixiante.

Los que están promoviendo el sí no merecen perdón, ni de Dios, ni de nosotros.