La pequeña Quinta República

Samuel Furlanetto

Ha ganado la aprobaciòn de la nueva Constituciòn, tal como estaba previsto, en una relaciòn 70-30, punto màs, punto menos. Una abstenciòn elevadìsima cercana al 50 %, aunque tiene r azòn el ministro Arcaya cuando afirma que “quien no votò, delegò su voto…”.

Claro que algunos delegaron porque no les quedò màs remedio puesto que estaban defendièndose del feroz mal tiempo que ha venido arrasando a Vargas, Miranda, Falcòn y otras zonas del paìs, y eso hay que tomarlo en cuenta. De todas maneras, si no hubiese habido lluvia, habrìan aumentado los volùmenes conservàndose los porcentajes.

La fidelidad a Chàvez se cierra en un tope del 70 % de quienes acuden a votar, y por delegaciòn de quienes por cualquier razòn no votan. Pero estas elecciones revelan un par de cuestiones porcentuales.

La primera, es que asì como se confirma la popularidad del Presidente, tambièn se consolida la existencia de una oposiciòn clara, que ya no tiene nada que ver con esquemas e ideologìas anteriores. Una suma activa de venezolanos que estàn en desacuerdo con la nueva constituciòn, por extensiòn con Chàvez, y que tienen pensamiento propio.

Ellos integran un 30 % del total de votos efectivos, y vendrìan siendo entonces un 10 % del total de electores inscritos. Mas o menos lo que significò el MAS en sus mejores tiempos, mientras estas personas y grupos opositores apenas estàn empezando, y no cuentan todavìa con un liderazgo de la talla de Teodoro Petkoff en sus buenos tiempos.

La segunda cuestiòn porcentual es que la fuerza real, activa, del Presidente Chàvez, es de un 25 % de los electores, quizàs pueda llegar a un 30 %. Es decir, si el voto SI sumaba 2.500.000 votos cuando estaba escrutado el 74 % de los votos, tras restarle 4.3 millones de votos que no concurrieron, que se abstuvieron, resulta que el teòrico 70 % del SI, formado por 2.5 millones de votos es sòlo el 25 % promedio del total de electores inscritos en el CNE, que es de unos 10 millones de ciudadanos.

De manera que aquì tenemos un poco lo que antes sucedìa con Acciòn Democràtica y Copei, es decir, dos grupos que se repartìan las fuerzas activistas, las personas y los grupos mas politizados, frente a un grupo difuso que simplemente no participaba, aunque respondiese a las encuestas.

Esa situaciòn, que se llamò bipartidismo y padecimos a lo largo de sucesivos presidentes y gobiernos igualmente incompetentes hasta el primer estallido del esquema, las elecciones de 1994 en las cuales se enfrentaron cuatro grupos con posibilidades en vez de sòlo dos, y que llevò al poder a Rafael Caldera a causa, principalmente, de la estupidez y la pequeñez soberbia y egoista del CEN de Acciòn Democràtica, ahora pareciera empezar a reproducirse.

Un 30 % promedio activamente apoyando al Presidente, y que si el MVR logra finalmente organizarse y actùa con inteligencia terminarà capitalizando, y otro 10 % promedio activamente oponièndose al Presidente. Estos son los ùnicos dos grupos polìticamente activos que, llevados a nùmeros, son 2.5 millones de venezolanos activamente a favor de Chàvez, y algo màs de 1 millòn en su contra.

Esas son cifras muy pequeñas para una poblaciòn electoral de diez millones, y casi insignificantes para la poblaciòn total. Esto lo que significa es que la base de Chàvez es, en realidad, muy pequeña. Significa que la Quinta Repùblica nace gracias al interès de apenas cuatro millones de venezolanos, de los cuales dos millones y medio la apoyan y uno y medio està en contra.

Si queremos verlo desde la perspectiva de este peculiar Consejo Nacional Electoral que tenemos, suscrita con entusiasmo por los dirigentes chavistas, entonces resulta que la Quinta Repùblica nace con la indiferencia de casi la mitad de sus electores, lo cual es grave.

Significa tambièn que la Quinta Repùblica, la nueva Constituciòn y su caudillo estàn basados  en menos de tres millones de ciudadanos. Es una base muy endeble para una naciòn en plena crisis con poco màs de veinte millones de habitantes.

Implica al mismo tiempo que el Presidente tiene no sòlo la oportunidad, sino la obligaciòn polìtica de captar nuevos entusiastas de la Quinta Repùblica, y para ello tiene que empezar, de una vez por todas, a gobernar y a resolver los problemas gravìsimos de esos mas de veinte millones de ciudadanos.

Como Chàvez mismo dice con razòn, todo esto que estamos padeciendo, con ocho estados en emergencia por las lluvias, con màs del 20 % de desempleo y creciendo, con todas las inversiones detenidas, con la banca frenada, con la industria petrolera empezando a crujir, con las clases menos afortunadas peor alimentadas que nunca, todo eso se lo debemos al fracaso estrepitoso de los partidos polìticos y de los dirigentes pùblicos y privados que desarrollaron el llamado “puntofijismo”. Pero tiene razòn tambièn cuando afirma que este mièrcoles muriò de una vez por todas el “puntofijismo” y ahora, desde el mièrcoles 15 de diciembre al concluir el proceso electoral, debe recordar el Presidente que la responsabilidad y la oportunidad es de èl.

Ya no tiene sentido seguir hablando de la corrupciòn y del fracaso del “puntofijismo”, ni seguir echàndole la culpa a adecos y copeyanos. Todo eso desapareciò, ya no existe. Ahora el paìs està en manos de Hugo Chàvez, en sus manos y sòlo las de èl dado el poder que le da la Constituciòn aprobada.

Ahora Chàvez tendrà que convencer a màs de dieciocho millones de venezolanos que votaron en su contra o simplemente no votaron por nadie de que la Venezuela bonita, alegre, justa y pròspera que ha ofrecido insistentemente, realmente es posible.

Tendrà que convencerlos porque, ademàs, para la constitucionalmente necesaria relegitimaciòn, tiene que ampliar esa muy pequeña base de la Quinta Repùblica.

No debe olvidar Chàvez que ya lo tiene todo en la mano, que el hambre, el desempleo y la desinversiòn permanecen dìa tras dìa y que, aunque los viejos partidos hayan muerto, hay una oposiciòn que mostrò su potencial por encima de la desorganizaciòn y la falta de un liderazgo claro. Y que podrìa crecer, porque ahora entiende que debe unirse, y que debe hacerlo cuanto antes.

Una oposiciòn que nada tiene que ver con el “puntofijismo”, sino que se ha venido conformando con gente nueva en polìtica, jòvenes de Caracas y del interior, la gran mayorìa de ellos capacitados y bien dispuestos, actualizados y con clara voluntad de participaciòn.

Y muy especialmente debe comprender el Presidente que està sentado sobre dos bases muy poderosas al mismo tiempo que muy riesgosas: las expectativas absolutas de un pueblo, y las bayonetas de sus compañeros de armas.