Una galería de papeles

Los penachos que le sobran a la piña, la cáscara del coco, las hojas de la mazorca, cebolla, del gladiolo o las del té... se convierten en las mano de cinco estudiantes de la Universidad Nacional, en papel, pero no para oficinas, sino en un papel de lujo para ciertos productos y accesorios.

Todos estos residuos vegetales y muchos otros que se botan en las plazas de mercado, son la materia prima del proyecto Kidúa, palabra indígena embera que significa hoja, que también hace parte de 'UN ambiente'.

"La basura nos garantizaba una ventaja económica para el proyecto", explica Manuel Franco, quien terminó ingeniería mecánica en la Nacional y hace parte del proyecto, el cual cuenta con el trabajo de una experta en artes plásticas, una agrónoma, una diseñadora industrial y otro ingeniero industrial.

La idea es un trabajo interdisciplinario en el que se trabaja la expresión artística del papel, se estudian las diferentes fibras que ofrece la gran variedad vegetal del país, se investiga en las máquinas necesarias para esta industria y se busca realizar diseños útiles.

Todos trabajan en este papel, que además resulta doblemente ecológico, pues no se utilizan químicos como el hipoclorito para blanquear, el alumbre para compactarlo, ni los colorantes químicos.

Ellos pigmentan con té o con la flor de achiote, y en vez de usar la soda cáustica para extraer lo que no se necesita, utilizan las cenizas de la madera.

El sueño de ellos es poder realizar una planta con todo, desarrollada por ellos mismos, desde la recolección de las fibras hasta el producto final, y conseguir financiación.

Por ahora, ganaron en días pasados el premio 'UN empresa' por ser sustentado en variables económicas e innovadoras, y lo propusieron para ser desarrollado en el Eje Cafetero, por las madres cabeza de familia.

El tiempo de Bogotá, 29 de noviembre de 1999
Fuente: El Tiempo