Los huesos de las carnicerías ahora son esculturas y las hojas de mazorca, los penachos de la piña o cualquier residuo vegetal de las plazas son papel. Todo hace parte de 'UN Ambiente', programa de la Universidad Nacional para que su discurso ambiental sea coherente con su cotidianidad.
Sus amores con la basura han sido de toda la vida. Viviendo en la calle era fácil conocer de ella. Algunas veces las botellas, el cartón y los metales... le salvaron el sustento y no le dejaron morir en el vicio.
En la cárcel de menores, a la que llegó por arrancar una cadena de oro, conoció que los huesos de desecho servían para hacer dados y colmillos para colgandejos.
Se rehabilitó con el padre Javier de Nicoló y empezó a recoger cáscaras, comida y madera en descomposición para transformarlas en abono orgánico y venderlo.
Ahora, para John Ramírez, la basura es arte, y los huesos de res que arrojan en las carnicerías del barrio Las Lomas son su inspiración.
Atrás quedaron los colmillos y los dados en serie. Ahora, sus creaciones tienen nombre: Los mirones, Soledad, El hombre preso, El mundo real y el de los sueños...
Los mirones, un lánguido hueso en el que talló 73 rostros, nació cuando se quemó una casa en Las Lomas. Todos miraban y nadie hacía nada; él llegó con un balde, empezó a apagar la indiferencia y, luego, talló esta experiencia.
Ramírez, quien se presenta como un 'ex habitante de la calle', dice que entre "Los mirones" hay unos peores que también talló: Los triples y Los cuádruples, los que no solo no hacen nada, sino que obstruyen a los que sí quieren hacer.
"El proyecto de nosotros es trabajar con los desechos que no son rentables", dice. Y 'nosotros' es el Grupo Nueva Sociedad, compuesto por otros seis ex personajes de la calle que aunque no son recicladores -o mejor, recuperadores- recogen lo que para la gente es basura para convertirla en arte o abono orgánico.
Los desechos de construcción, los sobrantes de pinturas, las pepas de guayaba, los palos de los pinchos que van a parar a la 'Nine Street', como llaman a la calle del Cartucho, las convierten en pinturas.
En los ratos en que no fabrica lápidas, Aristóbulo Orjuela también pinta. En sus manos, las colillas de cigarrillos se tornan en pinceles, y los palos de escoba, en marcos para los cuadros.
Mediante este trabajo ambiental, ellos quieren recuperar el tiempo perdido en la droga y no dejar espacio para el ocio. Además, buscan hacer las paces con su conciencia. "Estaba acumulando muchas fallas y con el tiempo es que uno paga lo que hace", dice Ramírez, quien dejó el robo por las ventas ambulantes y las exposiciones de arte.
El Grupo Nueva Sociedad participó la semana pasada en la exposición 'Lo que algunos vemos como basura ellos lo convierten en arte y artesanía', en el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional.
La idea de la UN, según Gustavo Montañez, vicerrector de la sede de Bogotá, es promover una cultura diferente, más consciente de la necesidad de mejorar la parte ambiental: "Debe haber coherencia entre el discurso de la UN y la cotidianidad".
Esa es la filosofía de 'UN ambiente', un programa de este centro docente que busca desde hace un año convertirlo en un modelo de manejo ambiental mediante la sensibilización a través de la cultura, pero también, por ejemplo, con un manejo adecuado de los residuos sólidos, la adquisición de un horno incinerador para los desechos de patógenos de algunas facultades, el mejoramiento del paisaje, etc.
Envíe una muy breve reseña (solamente una hoja o cuartilla) sobre su producto, servicio, actividad, etc., en donde explique por qué es ambiental.
EL TIEMPO publicará algunos de estos esfuerzos de industrias, empresas y particulares por conservar un ambiente sano. La información puede ser enviada a la avenida Eldorado, número 59-70, fax 4105088, correo electrónico ivomal eltiempo.com.co
Lunes
29 de Noviembre de 1999
Fuente: El TIempo