Paraguay: Creando pobrezaPorfirio Cristaldo Ayala (AIPE).- La embajada de los Estados Unidos en el Paraguay advirtió a los norteamericanos que no debían transitar por algunas regiones del país debido a la falta de seguridad pública. Un tiempo antes el embajador alemán expresó al gobierno que en el país no existe seguridad jurídica para la inversión y protestó por la invasión de campesinos "sin tierra" a productores de soja alemanes. La situación es grave, dijo, porque se ahuyenta a los interesados en traer capitales. Sólo unos meses atrás Paraguay y Alemania firmaron un convenio para la protección recíproca de inversiones. Pero la realidad en el país es mucho peor. Es una tragedia que puede terminar en la hambruna y el caos social. La inseguridad para las personas y sus bienes afecta por igual a extranjeros y paraguayos. La desinversión, carestía, falta de trabajo y miseria en el campo donde aún vive la mitad de la población está alcanzando niveles extremos, dado que a la inseguridad se le suman la inestabilidad política y el proteccionismo empleado por Argentina y Brasil ante la severa crisis económica que atraviesan. Los políticos siguen negando la realidad, culpan de la miseria de los campesinos al latifundio, la escasez de créditos blandos y tecnología, la falta de subsidios y los bajos precios del algodón en el mercado internacional. Es como decir que el termómetro es la causa de la fiebre. En el campo, la causa de la pobreza es la falta de garantías para la propiedad. El desinterés de las autoridades judiciales y policiales para proteger los derechos de propiedad han incentivado las incesantes invasiones de tierras, el robo de animales, la tala irracional de los bosques, la destrucción de maquinarias e instalaciones, las amenazas de grupos armados y el desaliento de pacíficos productores. Esta ecuación de la miseria se completa con las masivas expropiaciones de tierras que realiza el Congreso para su reparto en la reforma agraria. Se ha expropiado a mansalva, arbitrariamente y con fines populistas. Ninguna propiedad está segura de la invasión y expropiación. El trabajo de años puede perderse de un día para otro. En el afán de favorecer a los campesinos crearon una fábrica de pobreza. Los campesinos, cansados de tanto infortunio y promesas incumplidas y alentados por políticos populistas, han tomado la "justicia" en sus manos: cierran rutas, incendian ranchos, carnean animales ajenos y secuestran al personal de los establecimientos. El campo está exhausto. No hay nuevos cultivos, ni inversiones, ni fuentes de trabajo. El valor de los inmuebles se ha derrumbado. Poco o nada se produce y consume. Muchos colonos de origen extranjero, algunos de los más prósperos, ya abandonaron el país. La pobreza campesina no es consecuencia de la fatalidad, sino resultado manifiesto de las malas políticas de los gobiernos, especialmente de la reforma agraria que origina inseguridad y violencia. El desarrollo rural no encierra misterio alguno, sólo requiere abolir la reforma agraria y proteger con firmeza los derechos de propiedad. Las legislaciones que definen claramente los derechos de propiedad y le otorgan la máxima protección tienden a impulsar el progreso económico y social de los pueblos, como demuestra la teoría desarrollada por Ronald Coase, Premio Nobel de Economía 1991. Para sacar a los campesinos de la pobreza no hay mejor política de gobierno que proteger los derechos de propiedad. Su costo sería ínfimo, pero sus beneficios para los más pobres serían inmensos. © Editorialista del diario ABC Color |