La fuerza del NO

Domingo Fontiveros

El nacimiento del proyecto de Constitución no desencadenó el entusiasmo y alegría que cabe esperar en acontecimientos de este tipo. Por el contrario, para sorpresa de su más fervientes partidarios como proyecto político, el SI comenzó a ser arropado por el NO en los variados medios de comunicación social que tienen ventanas abiertas a la opinión de sus audiencias. En lugar de bienvenidas, surgió primero un NO espontáneo y bien distribuido en estratos socioeconómicos y regiones, traduciendo un rechazo popular importante al proyecto de lo que debía contener un nuevo contrato social de amplia aceptación.

Este NO manifiesta una frustración de fondo frente al tipo de cambio que la Constitución ofrece. Ni la Constituyente ni su proyecto han convencido a la mayoría abrumadora que en el referéndum del 25 de abril dio su apoyo a la elaboración de una nueva Carta fundamental. La mayoría en el país quiere un cambio desde hace tiempo, pero no está dispuesta a darle un SI a cualquier cambio que se le ofrezca, y el NO pone en evidencia esta realidad subyacente.

Muchas razones pueden adelantarse como hipótesis que expliquen la resistencia de mucha gente a seguir confiando en la ruta del país que se propone desde el chavismo constituyente. Ya no es sólo la empeorada situación económica y social, encajonada en la ineptitud para estimular la inversión y el empleo lo que nutre esta negativa. Hasta hace poco, la gente común venía aguantando y esperando. Hay algo más profundo que tiene que ver con un estilo de gobernar de esta nueva clase política, con la forma atropellada en que se llevó el debate constituyente, con la intención de concentrar más poder en el Ejecutivo, con la ausencia de cambios positivos en el modelo económico, con la ambigüedad utilizada para redactar normas constitucionales que debieran ser claras y expeditas, con la falta de claridad respecto al proyecto de país, con la poca sustancia más allá del discurso pomposo y altanero con que se celebró oficialmente su 'llegada al mundo'. Todo ello sin desmeritar los avances y logros en algunas áreas específicas del nuevo texto constitucional, desarrolladas por algunos respetables constituyentes.

El chavismo constituyente probablemente olvidó que amor con hambre no dura y desestimó, más gravemente, el genuino deseo de libertad que alimenta las aspiraciones de descentralización y apertura. Tampoco ha sabido el Gobierno, con todo el poder que le confió el pueblo y le ratificó la Constituyente, siquiera detener la crisis; y prefirió buscar y concentrar más poder, prácticamente convirtiendo a la Constituyente en 'su' Constituyente, como si en el poder absoluto estuviera la salida de los males del país, cuando sabemos que no.

Así se entendió el énfasis dirigista sobre la Asamblea, la cual terminó haciendo, en las chiquitas, lo que indicó el Presidente, por preferencia personal y por acomodo táctico. Desde reducir ambigüamente la ventana al aborto para neutralizar la oposición de la Iglesia, hasta imponer una ideología bolivariana y obliterar la doble vuelta electoral, pasando por el mandato de la prisa en desmedro del debate y del consenso depurado. A pesar de todos los ardides, el proyecto de nueva Constitución no ha podido unir al país y allí está su mayor defecto.

La fuerza del NO se explica también por el alejamiento vertiginoso de la dinámica política dominante respecto a lo que fueron las expectativas, sobre todo en las semanas culminantes del proceso. El NO venía abriéndose paso espontáneamente, calladamente, a cada reproche, toque de botón, telefonazo, cierre de discusión y apremio para encañonar al proceso constituyente de acuerdo a una agenda misteriosa que imponía tiempos imposibles para una satisfactoria ejecución de responsabilidades. Para muchos, San Mateo se convirtió en el patrono de la Asamblea, por este comportamiento en sus semanas finales. La Constituyente pasó de ser un proyecto hasta romántico de ruptura con las viejas prácticas políticas, para convertirse al final casi en un negocio político más. Todo ello hizo mella en muchos constituyentes afines al chavismo, tanto como en la opinión de la gente.

Las figuras de los constituyentes independientes se crecieron a medida que solitarios enfrentaban una mayoría adversa: Francheschi, Brewer, Olavarría y Fermín, quien se afanó al principio casi como un chavista por defender el proceso y mejorar el resultado, terminaron diciéndole SI al NO. Pero las discrepancias incluyen también a otros dignos constituyentes como Escarrá, quien con seria profundidad anuncia iniciativas para enmedar puntos cruciales como la denominación bolivariana y la decapitación del Congreso; o Angela Zago, quien con sobriedad anuncia regresar a la vida privada, resignadamente, a dar el SI, pero con objeciones tan de fondo que justifican un NO.

No es imposible que en el referéndum gane el NO, a pesar de que toda la maquinaria del Gobierno está en movimiento como un ejército por el SI, junto a muchos constituyentes, por encima de sus dudas, que están embarcados en el mismo proyecto. De ganar el NO, tendríamos como país la oportunidad de impulsar otro cambio constitucional, con mayor amplitud de criterio y más tiempo para los consensos y la unión de los venezolanos. De todas formas, aun perdiendo en los números, el NO, en mi opinión, ha ganado la batalla moral y ese es ya un triunfo irreversible.

El Universal digital, 2 de diciembre de 1999