Samuel Sotillo Hermoso
Recientemente, el vocero de la guerrilla colombiana Raúl Reyes, afirmó que su organización subversiva era "igualita" a nuestro querido comandante Chávez, según palabras del ministro de Defensa del vecino país, Luis Fernando Ramírez. Tal afirmación es realmente preocupante. Es difícil pensar que algún venezolano pueda sentirse honrado, orgulloso, cuando organizaciones de bandoleros afirman parecerse a nuestro jefe de Estado. Quienes aún mantengan en su cabeza esa imagen romántica sesentosa de una guerrilla impoluta de buenos revolucionarios, de nuevos hombres, aún ellos deben admitir que los grupos armados de Colombia están ya muy lejos de ese ideal, y que no son más que facciones gangsteriles, cuyo objetivo real no es otro que la destrucción y el pillaje, bajo el amparo de premisas ideológicas hipócritas y vacías ya de algún contenido sincero.
Yo me pregunto: ¿qué sentido real tienen esas palabras de Reyes? ¿Son acaso una expresión de solidaridad y agradecimiento por el hecho innegable de que nuestro gobierno bolivariano no ha escatimado ningún esfuerzo en demostrar su simpatía por las fuerzas más retrogradas que aún perviven en nuestro hemisferio, como lo son la dictadura cubana, los bandoleros colombianos y los dinosaurios del Foro de Sao Paulo? Por Dios, ¿qué sentido real tienen esas palabras? ¿Qué nos espera a los venezolanos, con un gobierno que pretende aliarse con la crema y nata del medievalismo latinoamericano?
Ya más que convencidos de que esta "revolución pacífica y democrática" no es más que una gran charada, una burla demencial de un grupo de "visionarios", de esos que tanto denunció Bolívar mientras vivía, y que se han empeñado nuevamente en construirnos otra republiqueta aérea, nos viene ahora el desconcierto y la desazón de descubrirnos aliados de sátrapas, bandoleros y frustrados. Disculpen la dureza de mis palabras, ¿pero es que acaso no estamos en esa nueva Venezuela, la V de la cuenta, donde el presidente de la ANC llama "cabrones" a sus detractores?
Lo triste es que en el fondo, los nuevos líderes no sólo son iguales a esos convidados de piedra, sino que después de todo han resultado "igualitos" a esos "cabrones" que durante estos "cuarenta años" de desgracias, nos los dejaron de herencia.