Iván R. Méndez
"Los cosas son el único
sentido
oculto de las cosas"
Fernando Pessoa
De sus ojos manaba el siguiente mensaje: "…mi nombre es nadie y no tengo nada que decir". Harta de vivir entre los aduladores, o el rebaño servil como los llama Horacio, se largó a San Javier del Valle, junto a sus muñecas de trapo y mermeladas picantes. Tan ella, tan decepcionada de los herejes en gramática que le escribían Kartas AmoroZas, absurdos boletos V.I.P. a sus besos con calefacción. EZ sabía que los hombres besan a los niños por amor a su nodriza. Dicen que vive sola, pero está acompañada por sus sueños más obscuros, resguardados del filo de la realidad.
¿Quieres que ella te despierte?
Mientras algunos se asustan de sus propias imaginaciones, ella se afirma en los resquicios de sus acciones más elementales. No quiere seguir el sendero fantasioso de los libros, desea ir al encuentro del mundo. Ella sabe que la gente de aquí se ha convertido en la gente que finge ser. En realidad, siempre lo supo. A veces, entre chistes e historias entrecortadas sobre su edad y los guapos adolescentes que la tientan desde los mostradores de las tiendas de comida rápida, EZ te pregunta: "¿Cómo sabes que no fueron los marcianos quienes se robaron la sonda de la NASA?". Podrías argumentarle que la temperatura de Marte no permite, etc., etc., etc., pero es tarde, pues está furiosa al teléfono discutiendo con su mejor amiga, quien encontró el Oriente en un curso de Aromaterapia. "Tu único karma es el estado de cuenta de tus tarjetas de crédito, el resto es sólo la vida", le gritó antes de colgar. Semanas antes me dijo, "Iván, si quieres despertarte y ser un místico, sigue estos pasos recomendados por Matthew Stewart:
La vida es sueño
Aunque algunos compran velas para prevenir accidentes eléctricos sucedáneos del Y2K, y hasta le hurtan los juguetes a los hijos para acumular baterías AA, EZ se dedica a releer "El Alquimista" recién regalado por un admirador. Al pasar la medianoche del último día del milenio, ella será la misma mezcla de indiferencia, perseverancia y azar que marca esta camada de chicos arribados al mundo en los setenta. El futuro, para EZ, no es menos inasible que el boleto ganador de un millón de dólares en la lotería local. Así, sobrevivir a la mañana es una hazaña memorable, pero alcanzar la noche es un prodigio equiparable a los narrados en las odiseas homéricas. EZ es Adriana, José, Alejandra, Alberto, Cindy, Diego… y quién sabe cuántas vidas entregadas al minucioso acto de transcurrir: cacería solitaria de un lugar en un mundo cinco estrellas. La interrogo sobre el por qué de los simulacros, de la incesante necesidad de aparentar paraísos, y ella, sabia y cálida bajo el cielo protector, me responde con una frase del italiano Antonio Tabucchi: "nunca conviene saber demasiado de las apariencias de los demás".
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