Iván R. Méndez
"La ilusión del fin se retira en beneficio de la
ilusión de la causa"
Jean Baudrillard
La lluvia voraz ha dejado quieto al país. Una sola vida humana perdida en esas aguas maníacas es una tragedia. Enciendo el televisor y paseo por el cable a la búsqueda de los últimos reportes de GLOBOVISION. Me detengo en RCTV y VENEVISION, que me ofrecen un show mediático de la compasión. Cual sorteo de lotería o programa sabatino de variedades, los locutores de las plantas se esfuerzan por sumergirnos en la catástrofe, cuyos números finales serán publicados bajo la modalidad de preferencia de los tele espectadores. Ojalá en unas semanas no hayan desaparecido del sistema bancario todas las cuentas corriente de apoyo a los damnificados. Esperemos que no sean apenas dos minutos en los noticieros de mediodía. De olvidarlos, para marzo serán tan sólo discusiones en la Asamblea Nacional, puesto que se requieren millones adicionales para reconstruir carreteras, escuelas y hospitales. Mas los rostros devastados de las víctimas que fueron entrevistadas en TV, se habrán "superado", mientras que ellos portarán sus desdichas por años.
Aude y Vicla
Mis amigas Aude y Vicla viven estos sucesos desde dos ópticas dispares. Vicla padeció, junto a su madre y su hermano, las aciagas inundaciones que arrasaron su linda casa en Macuto, aniquilando a sus vecinos de toda la vida. Sin dejar de llorar, me contó como el horror y la incertidumbre las mantuvieron en vilo por 48 horas. Mientras que Aude se enfrenta a la tragedia como voluntaria en el "Brigido Iriarte". Niños huérfanos, víctimas de síndromes post traumáticos, son evaluados y cuidados por mi amiga psicóloga quien me confesó que en su casa no habrá Navidad pues es un lujo macabro en medio de tanto dolor y desolación. Me contó que lo más difícil es volver a su apartamento al final de la noche: " …los niños se abrazan a mis piernas y me piden que los lleve a Mac Donald´s o a mi casa, pero que no los deje allí".
Test de Humanidad
Caracas, en estos días, es una urbe melancólica. En Mérida aparecen discretos centros de acopio, sin olvidar la suspensión de las fiestas navideñas de la Alianza Francesa, Colegio de Abogados y otros organismos. Es cierto, quién puede estar de juerga en estos días. No obstante, el punto no es pagar nuestra tranquilidad psicológica con un exiguo donativo liberador de culpas. No es la moneda indiferente que dejamos caer los domingos en la cesta de la iglesia. Estas personas deben reinsertarse desde CERO en la vida cotidiana. Para los que no tenían nada y vivían en el borde de la existencia, apenas oxígeno y pan, estos son días de luz y esperanza pues las barracas ofrecidas por el Presidente en Apure les permitirán iniciarse como seres humanos. La pesadilla, en cambio, afecta a los clase media que habitaban en la casa de toda la vida, con su Corolla 89, cuya máquina se la harían con los aguinaldos de diciembre. Ellos son doblemente perdedores en esta desgracia, ya que con sus sueldos no pueden financiarles el estar vivos más el alquiler que deben empezar a pagar en enero, cuando la solidaridad de familiares y amigos les muestren la puerta a su nueva realidad. Todos han perdido su ciudad-memoria, "la ciudad en la que se sitúan tanto los rastros de la gran historia colectiva como los millares de historias individuales".
De allí que hamburguesas, vacunas, sweaters y juguetes son lo mínimo que ellos esperan de nosotros, mas del Gobierno, lo mínimo deben ser políticas urgentes de crédito que les permitan optar a largo plazo por la vida que se habían ganado en los últimos cuarenta años. Ellos no necesitan "discursos" que responsabilicen a la vieja democracia . Nos enfrentamos a una prueba de humanidad, donde tenemos todas las de perder, pues es típico del ser humano negar el lado horrible de la realidad, como si así nos inmunizásemos de las adversidades que le suceden a los otros. Esta vez, ellos son el espejo más radical: nos muestra irónico y fugaz los débiles cercados que nos resguardan del vacío.