Estimadas amigas y amigos:
A pocas semanas de la elección presidencial, he querido dirigirme a mis compatriotas en el exterior para compartir con ustedes algunas reflexiones.
Son muchos los desafíos que la actual situación de Chile nos impone. Durante estos últimos 10 años hemos recorrido un largo y complejo camino de reconstrucción democrática, crecimiento económico y cambio social. Hemos avanzado, pero también hemos enfrentado serios obstáculos. Aunque para nosotros la suma final de esta etapa es positiva, estamos conscientes de que queda mucho por hacer. A pesar de los importantes logros de los dos gobiernos de la Concertación, aún estamos en deuda con importantes sectores de la sociedad chilena.
Mi candidatura presidencial y la alianza social y política que la sustenta se proponen enfrentar las tareas pendientes bajo el imperativo categórico de la igualdad. Queremos que los beneficios del desarrollo alcancen para todos. Buscamos crecer con igualdad en un país donde todos tengan las mismas oportunidades, sin diferencias de clase, de sexo, etnia, creencia religiosa o convicción política. Necesitamos un país donde la tolerancia y la memoria constituyan fundamentos éticos y donde el respeto a los derechos humanos con verdad y justicia sea parte de nuestro acervo cultural, como legado de un período oscuro y como presagio de un nuevo día.
Quiero convocar a todos y cada uno de los chilenos en este esfuerzo nacional, particularmente a quienes, por diversas razones, no han sido protagonistas del proceso político, económico, social y cultural de Chile en las últimas décadas.
En esta perspectiva me interesa y preocupa la realidad de los chilenos en el exterior. Tanto la de aquellos que fueron expulsados por la dictadura a un exilio obligado como de quienes emigraron en busca de mejores horizontes económicos. Un grupo humano que hoy, por razones familiares o laborales, permanece en el extranjero pero ansía mantener una vinculación real y concreta con su Patria.
Bien sabemos que la comunidad chilena en el exterior ha debido construir una nueva vida, pero añora poder involucrarse en el proyecto de país que estamos trazando en Chile. Conocemos de sus esfuerzos por seguir manteniendo su ciudadanía, su cultura y su identidad nacional, así como también de la vehemencia con que por diversos medios han expresado su deseo de permanecer conectados a nuestra realidad. De hecho, muchos compatriotas se han agrupado en la perspectiva de incidir en el porvenir del país, clamando por derechos que a ciudadanos de otros países en el extranjero se les reconoce sin dificultad.
La comunidad chilena en el exterior conforma una virtual "décimocuarta región", que reclama un legítimo derecho a participar en la construcción del país. Estamos convencidos de que un primer y simbólico paso en esta dirección debe consistir en reconocer sus inalienables derechos ciudadanos, en primer lugar el derecho a voto en elecciones presidenciales. Sin perjuicio de las consideraciones constitucionales involucradas, respaldo esta reivindicación que debe ser atendida por el Parlamento. Actualmente, existe un proyecto de ley sobre la materia radicado en el Senado, que apoyaré decididamente. Es bien sabido que numerosos países otorgan este derecho a sus ciudadanos residentes en el exterior y no vemos razones que justifiquen el no hacer lo mismo con los ciudadanos chilenos.
Del mismo modo, creo que es preciso abordar las cuestiones relativas al capítullo II de la Constitución, sobre Nacionalidad y Ciudadanía. La recuperación de la nacionalidad para quienes se vieron obligados a renunciar a ella con el propósito de igualar sus derechos a los de los nacionales de los países en que residen, constituye un reclamo justo, que respaldo. En este sentido, apoyo el proyecto de ley que se tramita en el Congreso Nacional tendiente a aclarar y precisar las normas constitucionales sobre adquisición y pérdida de la nacionalidad y que otorga al Ministerio del Interior facultades para rehabilitar por ley a las personas que hayan perdido su nacionalidad chilena por cualquier causa.
Por otra parte, son de conocimiento público los múltiples inconvenientes que enfrentan en Chile los compatriotas que han logrado adquirir algún grado de perfeccionamiento técnico, profesional o académico en el extranjero y que desean convalidar sus estudios para restablecerse en el país. Me propongo impulsar la firma de acuerdos y convenios de convalidación de títulos que, asegurando la calidad y nivel de los estudios cursados, faciliten la reinserción de los compatriotas que desean volver a Chile. El desafío de construir el futuro común no puede permitirse el lujo de marginar a los chilenos que quieren hacer su aporte al desarrollo nacional.
Me propongo iniciar un programa de recuperación de talentos chilenos en el exterior, consistente en desarrollar un esfuerzo sostenido para atraer a las univesidades y a otros centros académicos de nuestro país, por períodos específicos, a numerosos compatriotas radicados en el exterior que han logrado el éxito y la distinción en sus respectivos campos en países extranjeros. Esos chilenos son un valioso activo científico, cultural y económico que el país debe saber aprovechar. El uso del mecanismo del año sabático podría ser una oportunidad para que esos compatriotas viniesen a Chile a ejercer temporalmente la docencia o la investigación en el ámbito nacional.
La creación de nuevas condiciones que tiendan a facilitar el proceso de reinserción nos obliga también a revisar algunos aspectos vinculados al retorno, fundamentalmente aquellos referidos a temas previsionales e impositivos. Durante mi gobierno apoyaré firmemente la suscripción de convenios bilaterales de seguridad social, como ya ha ocurrido en los casos de Argentina, Alemania, Canadá, España, Suecia, Holanda, Italia y diversos otros países. Dichos convenios contemplan los principios básicos de totalización de períodos cotizados en un país para hacerlos válidos en el otro, igualdad de trato, exportación de pensiones y beneficios para los trabajadores desplazados. También en el campo previsional, estoy a favor de las acciones de los gobiernos de la Concertación que, a través de las leyes Nos 19.234 y 19.582 sobre exoneraciones políticas, han otorgado acceso a pensiones de excepción a un importante número de exiliados que están siendo beneficiados con un claro sentido reparatorio.
Pensando en los compatriotas que retornan al país, buscaremos facilitar la internación de los bienes del hogar y útiles de trabajo con normas aduaneras adecuadas al efecto, y nos preocuparemos de facilitar un acceso más expedito de los chilenos retornantes a los sistemas de salud del Estado y a los establecimientos educacionales en que ellos o sus hijos deban continuar estudios.
Es mi propósito, además, impulsar nuevas inciativas culturales para revincular a los chilenos en el exterior con el país. Un claro ejemplo a seguir es el trabajo que el Ministerio de Educación ha estado desarrollando con la comunidad chilena en Suecia, respaldado por el propio gobierno sueco, que apunta a la recuperación de la lengua materna en la segunda y tercera generación de chilenos en ese país. Igualmente, me parece importante estudiar la posible creación de una Oficina Especial en el ámbito consular de la Cancillería dedicada específicamente a promover los lazos con las comunidades chilenas en el exterior y a canalizar sus inquietudes y aportes al país.
Finalmente, los invito a brindarme sugerencias sobre otras acciones para integrar a los compatriotas residentes en el exterior al quehacer en Chile, y también a sumarse al esfuerzo electoral de diciembre. Respecto a esto último, ya hay diversos grupos en el exterior realizando campañas de contacto con familiares residentes en Chile, para que éstos apoyen nuestra opción presidencial; algunos se organizan para viajar a Chile y votar el 12 de diciembre; otros nos envían recursos o materiales de campaña. En definitiva, lo importante es contar con ustedes en las tareas que enfrentaremos en el futuro para construirun país más democrático, más próspero y más igualitario para todos los chilenos.
Ricardo Lagos Escobar
Octubre, 1999.