Guatemala se suma a la moda del populismo autoritario

El nuevo presidente, Portillo, alias «pollo ronco», sigue la tendencia de Chávez y Lavín

ALFONSO ROJO Enviado especial, GUATEMALA.- El populismo autoritario vuelve a estar de moda en América Latina. Los contextos y los candidatos son muy distintos pero la tendencia es la misma. En Venezuela, el ex teniente coronel Hugo Chávez barre a sus rivales en las urnas. En Chile, un país más desarrollado, moderno y educado que bastantes de Europa, el derechista Joaquín Lavín tiene muchas posibilidades de convertirse en el próximo presidente. Aquí en Guatemala, en las elecciones celebradas el domingo, el conservador Alfonso Portillo respaldado por el ex dictador Efraín Ríos Montt ha ganado arrolladoramente y ocupará la Presidencia durante los próximos cuatro años.

El abogado Portillo (marxista en sus años de estudiante y autor de la muerte a tiros de dos hombres cuando vivía en México) ha obtenido el 68,32% de los votos, doblando prácticamente a Berger, quien ha logrado el 31,68%. Berger pertenece al Partido de Avanzada Nacional (PAN), la organización del presidente Alvaro Arzú.

Las diferencias han sido tan grandes desde el principio, que Portillo proclamó su victoria cuando apenas iba escrutado el 14% de las papeletas. Más tarde, en su primera intervención como presidente electo, pidió comprensión a la comunidad internacional y aclaró que «más que cooperación, Guatemala necesita que se le respete como país soberano que sabe elegir a sus gobernantes».

La participación ha sido muy baja, debido a la cercanía de la Nochebuena. Aunque estaba vigente la ley seca, como ocurre siempre que se convocan elecciones, la gente se las arregló para conseguir y atesorar grandes cantidades de cerveza, ron y whisky, y el domingo, día en que se abrieron las urnas, cientos de miles de electores seguían bajo los perniciosos efectos de la resaca y con escasas ganas de desplazarse. El Frente Republicano Guatemalteco (FRG), que lidera el ex dictador Ríos Montt, había contratado 500 autobuses para acarrear gratuitamente votantes a las urnas, pero los vehículos apenas tuvieron trabajo hasta pasado el mediodía.

El abstencionismo ha rozado el 60% en una jornada carente de incidentes y en la que las denuncias de fraudes han sido muy escasas. El éxito de Portillo ha sido ofrecer cambio a una población que no está satisfecha con la gestión de Arzú, a pesar de las carreteras y las obras públicas.

El 80% de los 11 millones de guatemaltecos vive miserablemente y Portillo tuvo la habilidad de dirigirse a ellos en su campaña. En sus mítines, el nuevo presidente de Guatemala prometía cosas como «cobrar impuestos a los ricos para dárselo a los pobres», algo que, a juzgar por el resultado, ha surtido efecto.

Berger, el «continuador»

El descontento con Arzú es grande debido al enorme desempleo y a la incapacidad de su Gobierno para poner coto a la criminalidad y la población ha visto a Berger como un simple continuador.

Uno de los grandes méritos de Arzú fue firmar en diciembre de 1996 unos acuerdos de paz con la guerrilla y poner fin a 36 años de terrible conflicto civil. Eso ha permitido a los antiguos guerrilleros transformarse en partido político y participar con el nombre de Alianza Nueva Nación (ANN) en las elecciones. En la actualidad, la ANN cuenta con nueve escaños en el Congreso, gracias al 15% que obtuvo en las elecciones generales del pasado 7 de noviembre. El FRG tiene 63 diputados y el PAN suma 37 diputados.

El fin de los combates con la guerrilla, como ha ocurrido en El Salvador y también en Nicaragua, ha dejado en el paro a miles de jóvenes de ambos bandos que no conocían otra profesión que la de pegar tiros. Eso, unido a la profusión de armas, ha hecho subir el número de asaltos, secuestros, asesinatos y robos.

Portillo, partidario de mantener la pena de muerte y de no conceder indulto alguno, ha sabido capitalizar en el miedo de una población asustada por el delito.

Al acudir a votar en la mañana del domingo en su localidad natal de Zacapa, unos 150 kilómetros al sur de la capital, Portillo instó a los ciudadanos a pronunciarse por el cambio. «Prometo no abandonar al pueblo», arengó Portillo a los entusiastas que intentaban abrazarle, con esa raspada voz que le ha hecho ganarse el apodo de pollo ronco. «Nuestra victoria no es un regalo de Navidad, es un compromiso con el pueblo».

La actitud adoptada por Berger, cuando se acercó un poco después a depositar su papeleta, era premonitoria. El candidato oficialista se limitó a decir que estaba preparado para «aceptar la decisión de los guatemaltecos». «Si pierdo, me retiraré de la política», manifestó Berger. «Pasaré a ser un ciudadano común y corriente y tras nueve años como alcalde de la ciudad y esta candidatura, tengo muchas ganas de ser sólo un espectador». Tras conocer los resultados, Berger reafirmó sus declaraciones: «Aceptamos el resultado porque es el poder soberano de los guatemaltecos».

La dirigente indígena y premio Nobel de la Paz 1992, Rigoberta Menchú, se ha negado a saludar a Portillo y ha demandado ante la Justicia española a su padrino Ríos Montt, así como a otros dos ex dictadores guatemaltecos, por delitos de lesa humanidad cometidos durante los 36 años de guerra civil. Ríos Montt, quien tiene 73 años, es pastor evangélico y a quien la Constitución prohibía postularse a la Presidencia por haber sido golpista, será en el futuro presidente del Congreso y probablemente el poder en la sombra