El espectro de ETA en el País Vasco

Desde el anuncio del fin de la tregua por parte de la organización separatista vasca ETA, el temor y la repulsa recorren la epidermis de los españoles. No es para menos: la línea que separa la convivencia pacífica de la declaración de guerra volvió a imponerse sobre la que divide las posiciones respecto de las relaciones entre el País Vasco y su continente estatal-nacional, el Estado español.

Hace poco más de un año, ETA había decidido guardar las armas, dando crédito a una nueva etapa de negociaciones entre el bloque de fuerzas nacionalistas vascas y el gobierno español. Se trataba, además, de una decisión empujada por el aislamiento y el rechazo masivo que despertaron sus últimos atentados, realizados con saña y premeditada intención de provocar miedo y angustia en la sociedad.

Entretanto, los partidos nacionalistas vascos aproximaron posiciones con vistas a negociar una redefinición del estatuto autonómico y crecientes atributos de soberanía respecto de lo establecido por la Constitución española hace poco más de dos décadas. Al menos, a eso apostaban las fuerzas políticas vascas, incluido Herri Batasuna (HB), como brazo legal de ETA.

Sin embargo, la cuestión separatista nunca llegó a estar en el primer plano de la discusión. Para los partidos nacionales, tanto el popular como el socialista, así como para la gran mayoría de los españoles, el tema principal fue la búsqueda de una integración de dichas reivindicaciones a la convivencia pacífica y lograr el fin de una violencia de más de tres décadas.

La causa independentista del País Vasco invocó razones históricas profundas, se asoció en su origen a la resistencia frente a la dictadura franquista, pero se fue deslizando hacia el terreno del fanatismo fundamentalista y la criminalidad a partir de la llegada de la democracia y el reconocimiento de la autonomía nacional.

Al dar por concluida la tregua, ETA vuelve al terreno de la condena social y la amenaza extorsiva sobre la dirigencia española. Sin embargo, lo que ha logrado, inicialmente, es demarcar aún más el rincón solitario y enajenado al que se ve recluida.

La participación de HB en las manifestaciones por la paz, junto con el resto de las fuerzas políticas, es una muestra de esa bifurcación entre quienes creen que es posible y necesario convertir la confrontación violenta en una confrontación democrática y quienes, por el contrario, apuestan a crear las condiciones para atizar el fuego de una improbable guerra separatista en la Europa latina.

Clarín Digital (Argentina), 6 de diciembre de 1999