Análisis de las elecciones chilenas.

Fantasmas del pasado

Mónica González, Especial para El Clarín.- Este fin de semana Chile vivió un derroche de pasiones. El calor intenso no fue obstáculo para que miles y miles de chilenos se lanzaran a la calle para vociferar su fervor y amor incondicional. El desborde, inusual y asombroso, de un ejército guerrero lo provocó un club de fútbol que libró su última batalla por el título de campeón. Imposible no ver el contraste con la aparente carencia de pasión que desata la más competitiva y cerrada elección presidencial de la década.

Imposible no hurgar en las cadenas que hacen que los chilenos nos comportemos en política como animales domesticados, sin expresar con fuerza y verdad sueños, frustraciones y valores en pugna. No se trata de apatía, menos de indiferencia. La tensión se palpa en la calle.

Por doquier se habla del 12 de diciembre. Se discute, y hasta más de uno llega a mostrar los dientes, pero nadie pierde el control. Y a medida que se acerca el 12 de diciembre la nube de tensión se va haciendo más agobiante. si en el fútbol la pasión escapa a todo control y viste de miles de colores el rostro de millones, ¿cuál es la cadena que contiene la fuerza política? Alguien diría que huele a miedo. Ese miedo que el cuerpo exhala cuando lo que está en juego es vital, determinante. ¿Miedo a qué? ¿Qué está en juego el 12 de diciembre? Un socialista tiene las mayores posibilidades de llegar a La Moneda lo que evoca de inmediato la figura de Salvador Allende, el presidente derrocado en 1973 y cuya historia y muerte aún desata pasiones encontradas. Lagos lleva a cuestas la figura de Allende con todos los fantasmas y utopías interrumpidas que eso conlleva.

Su contendor, Joaquín Lavín, es parte de la generación de "Chicago boys" que tomó el control de la economía bajo el régimen militar, que ideó y ejecutó las privatizaciones y el cambio radical del sistema económico. El que hasta hace un año rendía honores a Pinochet. a pesar de su actual distancia, Lavín desató el miedo entre sus adversarios, al retorno subliminal de Pinochet, con su secuela de represión y muerte.

Muchos chilenos quisieran verse como en los más populares programas de televisión: hermosos, triunfadores, felices. Se resisten a mirarse en el espejo, a mirar hacia atrás, a ver las estadísticas de depresión y jornadas de trabajo, las más altas del Cono Sur.

Unos tienen miedo al regreso al pasado, otros al futuro; se acepta hablar de los muertos pero nadie quieren hablar de los sobrevivientes -víctimas y victimarios- los que gobiernan, legislan, pagan impuestos y trabajan. Son los vivos los que gravitan, por complicidad, culpa o heridas de ausencia aún abiertas.

Detrás de Lagos y Lavín están en el subconsciente Allende y Pinochet, enfrentados una vez más. Y esta vez Pinochet sonríe desde Londres, porque el miedo le hace jugar la carta de la revancha.

Clarín Digital (Argentina), 6 de diciembre de 1999