Carmen Beatriz Fernández
Quedaron heridas abiertas el pasado diciembre, cuando los venezolanos escogimos presidente. Recuerdo con especial interés los resultados de las votaciones en nuestro consulado en Miami 70 a 30, similares a los resultados de mi mesa electoral en Cumbres de Curumo, parecidos también a las proporciones nacionales, sólo que en Miami y en Cumbres los resultados fueron invertidos y el ganador fue Salas. En esa ocasión se instó al ele ctor a pronunciarse en torno a una falsa polarización: el polo patriotico versus el polo corrupto. Tantos patriotas había en el polo "corrupto", como corruptos en el polo "patriotico" y la distinción era artificiosa. Sin embargo, esa polarización producida ayer, igual que la de hoy, es tan real que arde.
La dañina polarizacion social y no ideológica en el proceso electoral pasado marcó una primera vez en la historia reciente de nuestra democracia. Ella fue la que llevó a la gente del MVR a definir su exitosa, pero muy peligrosa, reciente estrategia electoral, centrada en su audiencia básica y que exacerba la division social, al usarla como mensaje. Fue así como se llegó a un referendum, que más allá del tema constitucional o de su carácter plebiscitario, se convocó para certificar la división de clases.
Cuando el agresivo lider, vestido de colorado vocifera "Vade Retro!", mientras palpa su escapulario, al tiempo que decenas de miles de personas lo vitorean como si se tratase de un cantante de rock, quienes aspiramos a sifrinos creemos estar viviendo una pesadilla. No nos damos cuenta de que la pesadilla empezó hace quince o veinte años, cuando la señora de servicio dejó de desear, por imposible, que su hijo fuera a la universidad. O cuando durante el segundo gobierno Caldera, al frente del Indecu, un señor cuya cabellera le salía desde las cejas, se encargó de sembrar la idea de que toda actividad comercial era merecedora de suspicacias y los comerciantes potenciales delincuentes. Cuando nuestra sociedad cercenó la vigororsa movilidad social que había caracterizado las primeras dos décadas de la democracia y, con ello, eliminó por decreto el derecho a la esperanza para muchísismos venezolanos.
El presidente en campaña tiene dos herramientas indispensables para generar éxito electoral: una adecuada identificación de sus audiencias electorales que le permite concentrarse en los espacios aliados, y un adecuado mensaje que se conecta con los sentimientos y creencias de sus electores. Las debilidades del presidente no están en el mensaje, ni en la definición de su target, sino en la incapacidad de transformar efectivamente ese mensaje en hechos que redunden en una mejor calidad de vida para sus electores. En este primer año de gobierno, el presidente ha evidenciado su incapacidad de crear empleo, la inefectividad de las fuerzas armadas en impactar positivamente a la sociedad a través del Bolivar 2000, una pasmosa debilidad en controlar la delincuencia, enormes dificultades en evitar intoxicar a niños con almuerzos bolivarianos, y una ruptura, quizás permanente, con las capas medias y más profesionalmente calificadas de la sociedad.
Por eso cuando recibí el enésimo correo electrónico que me instaba a votar NO, con los argumentos estéticos a los que se refiere Tulio Hernández, estuve tentada a votar SI. Porque esa oposición superficial, que se fija en la berruga e ignora el mensaje, es también una oposición estéril. "Cuando los hombres están humillados por la miseria, dedícate a servirles" dijo Juan Pablo II hace un par de años en París. El cristiano consejo de Su Santidad es también una certera recomendación para quienes aspiren a posiciones públicas en Venezuela: ponerse del lado de las mayorías siempre da dividendos en política. Urge la necesidad de crear en la oposición un partido policlasista, con posiciones conciliadoras y con capacidad de ser efectivo en su rol de gobierno, que lo haga diferenciarse así del partido dominante. Esa oposición por construir implica aprender a hablarle a los venezolanos que no tienen Internet, que no leen este pseudo-sesudo artículo, que aplauden al presidente Chávez y que sin duda merecen una vida mejor de la que este gobierno va a darles. De lo contrario, con razones sobradas, los neo-opositores seguirán siendo rechazados por las mayorías. A fin de cuentas, ese es el sentido de la democracia, o no?
Carmen Beatriz Fernández
Directora DataStrategia
http://www.datastrategia.com