Bomberos, policías y soldados
iniciaron la remoción de tierra y escombros en los lugares
donde incontables personas permanecen tapiadas en la
carretera Caracas-La Guaira; mientras, los sobrevivientes
tratan por sus propios medios de llegar, a pie por plena
autopista y con las pocas pertenencias que salvaron, a algún
lugar seguro. En La Guaira, grupos de saqueadores
irrumpieron en abastos, panaderías, carnicerías,
farmacias, apartamentos, y hasta en las iglesias.
Entretanto, la solidaridad de la sociedad civil venezolana
ha quedado demostrada desde el primer día de la tragedia.
Miles de voluntarios trabajan con energía y en forma
organizada en los centros de acopio, donde reciben,
organizan y envían los insumos y ayudas a los albergues. El
número de sitios de recepción ha crecido de manera
sorprendente, a tal punto que cada urbanización, edificio,
iglesia, colegio, hospital, club, empresa y hasta bancos y
comercios tienen sus puntos de recepción. Sin embargo,
hacen un llamado a quienes quieran colaborar para que no
lleven artículos innecesarios o desechos, como vestidos de
novia, zapatillas de ballet o muñecos sin cabeza
En el Parque Naciones Unidas, donde están refugiadas 1.500 personas, comenzaron a rechazar nuevos damnificados. Los galpones de conscriptos de Fuerte Tiuna estaban a punto de llegar a su límite, al igual que otros sitios como la Escuela Miguel Antonio Caro y la Iglesia El Carmen de Catia
El Parque Naciones Unidas era el sitio que concentraba ayer la mayor cantidad de personas que quedaron sin hogar o fueron desalojadas de las zonas de riesgo, luego de la tragedia provocada por las lluvias. La mayoría de las 1.500 personas que estaban allí pasaron la noche en colchonetas distribuidas en las gradas, aunque algunas pocas familias, con bebés pequeños, fueron ubicadas en los camerinos. Durante la noche, el frío y el agua de los chaparrones se colaron hacia el interior a través de los espacios abiertos.
El lugar era un hervidero en el que se confundían los damnificados con los voluntarios. En la parte de afuera, agolpadas contra las rejas, decenas de personas gritaban los nombres de sus familiares desaparecidos, con la esperanza de que alguien los anotara y se los diera a los encargados de radiar los mensajes a través de los altavoces. Según el censo realizado por los organizadores, había personas provenientes de la carretera vieja de La Guaira, de Cotiza, Los Mecedores, San José, La Pastora, Catia, Lídice, San Bernardino, la Cota 905, La Vega, Parque Carabobo, El Valle y el 23 de Enero.
Era evidente que el lugar había agotado en pocas horas su capacidad para recibir damnificados. A media mañana de ayer rechazaron dos autobuses, que tuvieron que desviarse hacia otros sitios. A pesar de la buena voluntad de quienes trataban de ayudar, la situación se estaba convirtiendo en algo explosivo. Los tuberías de los baños se habían tapado y la desesperanza se apoderaba de algunos. No faltaba comida, colchones, ni suministros; pero sobraba la angustia por la desinformación. Una mujer gritaba que si su situación no se solucionaba en los próximos dos días, invadiría alguno de los edificios de Fogade.
El Oeste en vilo
En la noche del jueves, habían llegado a Fuerte Tiuna apenas alrededor de 100 damnificados, la mayoría proveniente de los barrios de San Bernardino. A las 2:00 pm del viernes, dos autobuses de la Universidad Central de Venezuela llegaron al sitio destinado a los conscriptos, con 200 personas provenientes de Catia. Hubo titubeos entre los soldados encargados de recibirlos, porque no estaban muy seguros de hasta qué punto podían continuar admitiendo refugiados. Nelson Liendo, jefe de la circunscripción militar del Distrito Federal, señaló que había capacidad para atender a 550 personas, que serían ubicadas en cuatro galpones, y que ya el número de los que habían recibido sumaba 331. Pocos minutos después arribaron 2 autobuses más y aún se esperaba que llegaran otros dos.
En 10 salones de la Unidad Educativa Miguel Antonio Caro se amontonan 253 damnificados (105 son niños) que sobrevivieron al desastre de la carretera vieja Caracas-La Guaira. El centro, dirigido por un militar del Plan República -que unió el operativo por el referéndum del 15 de diciembre con la atención de la tragedia- y un pastor adventista, está a punto de colapsar a pesar de las buenas intenciones y del orden castrense que impera: no hay agua para aseo personal ni del local, las bolsas de basura -alrededor de 60 kilos- se amontonan en la puerta y se agotaron las dosis de toxoide tetánico. Los afectados que llegaron desde el barrio 19 de Abril fueron enviados a la iglesia el Carmen -donde han transitado alrededor de 1.500 personas en cuestión de 2 días, y se espera a otras 500- porque no cabían. Al igual que el Miguel Antonio Caro se encuentran todos los centros del Oeste capitalino.
Hasta primera hora de la noche, el Instituto Nacional del Menor estaba esperando desde los diferentes centros, el contingente de niños que quedaron sin familia. Aún no tenían el censo de los muchachos huérfanos o que se vieron separados de sus padres, pero dispusieron de 11 jardines de infancia, con suficiente comida, donde serán distribuidos de acuerdo con su edad.
El Nacional, 18 de diciembre de 1.999