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60 años en el avatar del Marketing Mix…
Privatizando lo público (I/IV)
Rafael Rivero Muñoz
Lunes, 16 de noviembre de 2009
“… Nicho de mercado es un mercado específico donde se definen los usuarios del producto o enfocado en los grupos objetivo más amplio de segmentos que comparten los intereses comunes, la ocupación o estilos de vida…”
Desde la primera nota publicada bajo la pluma de OlgaK y denunciando públicamente el affaire, la primera impresión que brinda el asunto del asalto de comandos armados contra edificios de habitación, retrotrae directamente a situaciones dentro del mismo contexto en cuanto a las expectativas de potencialidades en el mercado, frente a los desempeños de un nuevo gobierno de supuestos inexpertos de finales de la década de los cincuenta y principios de los sesenta.
Sólo que hoy, cincuenta y un años después no puede ser ni es la misma situación, y en todo caso ésta se presenta en condiciones significativamente mucho más graves.
En aquel momento, derrocado el gobierno militar del general Marcos Pérez Jiménez, nacía en la población la expectativa de un gobierno civil con la pretensión de organizar un desempeño democrático del poder; hoy, por el contrario, derrotada por las carencias de una dirigencia esa supuesta expectativa de democracia, estamos en presencia de esa rara expresión de neopupulismo militarista de izquierda, y viviendo los convulsivos estertores del más ilustrativo e impresionante de los fracasos políticos que haya conocido la historia en todas las centurias del gentilicio venezolano.
Salta a su vez las preguntas:
¿Es realmente un nicho de mercado existente, o está en proceso de creación?
¿Cuál es esa nueva gama de productos y de negocio privados nacionales o trasnacionales, que ingresan y tratan de invadir y de consolidarse en el mercado venezolano?
¿De dónde y por qué tanta precisión en ese estimado de creación de 300.000 nuevos puestos de trabajo?
Veámos:
Esto de los continuados asaltos contra edificios de habitación, donde un grupo de unos muy bien organizados, pertrechados, disciplinados y controlados operadores, con un inaudito despliegue de signos exteriores muy particulares: Pautadas, rígidas y gráficas expresiones de violencia mas no de real aplicación.
Que toman por asalto edificios y habitantes de conjuntos redienciales y en la medida que avanzan en el tiempo y en la operación, capturan uno a uno y a todos los moradores de la edificación seleccionada, luego sometidos por un escenificado despliegue de armas, de actitudes, de expresiones verbales y gestuales de amenazas de muerte o daño físico contra civiles desarmados, en especial menores, discapacitados, ancianos.
Todo en medio de pautas y conductas de organización en nada similares a aquellas propias y conocidas de las bandas de delincuentes llamadas comunes.
Delincuencia nada casual menos aún, común
El asalto, toma y secuestro de los habitantes de cada edificio demuestra la ejecución de toda una operación “comando” con un expreso y evidenciado esmerado control, soporte y apoyo externo a la edificación; despliegue de precisas capacidades, de oportunidades, de habilidades y de precisos objetivos manifiestos en la dirección, en las comunicaciones, en medios de transporte y en la demás parafernalia del antes del durante y del después muy, pero muy propias al mundo de las operaciones militar o militarizadas; puesto que capturan, someten y neutralizan a sus víctimas y las confinan amarrados o no en un lugar bajo su directo control armado, para luego paulatinamente penetrar en cada vivienda y saquearla a su antojo.
Eso, sin que esto haya producido hasta ahora, muertes, lesiones o daños físicos en la población afectada; aún cuando en algunos casos, puedan existir declaraciones de víctimas donde se señalen lesiones o violaciones.
Todo esto para empezar, no tiene visos de delincuencia común, jamás.
Los tiene si, de acuerdo a las pocas versiones de las víctimas hechas públicas, por sus detalles operativos muy especiales y que, en el menor de los casos, requieren para su comprensión y tratamiento, de un visión o perspectiva libre de pasiones o de angustias, y propias a un enfoque muy sereno del asunto, puesto que se trataría de una mezcla de intereses privados donde se juntan intereses políticos de gobierno, con otros de muy diversos géneros.
Business is business
Comenzando por cierto por recordar, expresiones materiales de esa mezcla del hacer del delito donde se entrelazan por un lado, las incapacidades manifiestas, reales o supuestas en el desempeño técnico de los órganos del Estado con la ausencia en la organización política y social de la comunidad tanto para exigir y demandar de ese Estado el cumplimiento de sus funciones como para dilucidar y comprender algunas agresivas campañas de marketing, que por otro lado sacan ventajas de la falta de información; manipulan situaciones y oportunidades con la creación o aprovechamiento criminal de las condiciones políticas, jurídicas, sociales y técnicas para asegurar la prospección y ulterior inversión en uno de los más grandes negocios que puedan ser concebidos en momento dado en una cualquiera sociedad sujeta a un régimen absolutamente incapaz de ejercer como gobierno: La seguridad para las vidas y los bienes de los habitantes de un territorio.
Perfectamente establecido ha quedado en estos diez años, la incapacidad del gobierno de turno para atender el severo problema de la inseguridad en Venezuela.
Es ese mismo escenario donde las policías han sido absolutamente desnaturalizadas mientras han sido adaptadoss para la siembra del terror; actúan sin control ni supervisión alguna y como órganos de un partido, de una facción y de los intereses privados de individualidades y colectivos a su interior, que transitan y se instalan como bandas interconectadas de delincuentes con placa, ávidos todos del dinero fácil en manos de las víctimas reales y potenciales del crimen y de los criminales.
rriveromuoz@gmail.com
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