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Continúan las bancarrotas en USA, sin embargo con mejores posibilidades de recuperacióncoordenadasworldLunes, 16 de noviembre de 2009
Anuncian que el CIT, un banco que suplía créditos a miles de pequeños negocios ha entrado en quiebra. Sin embargo, The Economist del 5 del mismo mes, opina que CIT podría llegar a ser un caso realmente excepcional, por cuanto se convertirá, con toda posibilidad, en la única firma de servicios financiero que logre salir de la bancarrota prácticamente intacta. El juez que atiende al caso admitió esta semana el plan de reorganización presentado por la firma, el cual debe culminar el 08 de diciembre próximo. Si todo va bien, una nueva empresa, con los acreedores como nuevos dueños y con un deuda encima de 10 mil millones de dólares, podría emerger y estar operando comenzando el nuevo año. Como ilustración, debe tenerse en cuenta que el acogerse la empresa al amparo del Capítulo 11 del Código de Bancarrotas de los Estados Unidos, se le permite reorganizarse suspendiendo temporalmente, de acuerdo con las disposiciones del tribunal de la causa, las demandas judiciales por pagos de deudas. En otros términos, se le concede a la empresa una oportunidad para su recuperación. Para el conocimiento de personas no familiarizadas con estos procesos, añadiremos que el Capítulo 7 del mismo Código se ocupa de la eventual liquidación de las empresas, mientras el Capítulo 13 otorga un período de reorganización a personas, individualmente. Todo el proceso tendría una modalidad adicional, por cuanto ya se habían recibido noticias de buenas fuentes, participando que la crisis económica que hace un año sofocaba al mundo estaba tocando su final, según anuncios hechos por el Secretario de la Tesorería de USA, Tim Geithner, al igual que por Angela Merkel, la Cancillera alemana, comentados en estas mismas páginas, en base a artículos del Washington Financial Times, del 22 de abril pasado y por Der Spiegel, del 24 del mismo mes. Es decir, que a pesar de todas esas noticias alegres, todavía persisten los coletazos de la crisis. Como hemos dicho, el CIT, el cual se dedica a extender préstamos a pequeños y medianos negocios, tales como tiendas de ropa, franquicias del Dunkin' Donuts y talleres de reparación de automóviles, ha solicitado entrar al estado de quiebra, después de fallar en obtener su recuperación por medio de un plan de reestructuración de deudas. La entidad, que ha cumplido un siglo de existencia, es apenas una novena parte del tamaño del Lehman Brothers, con $71 mil millones en activos. Aún así su solicitud de quiebra asoma un ejemplo para muchos pequeñas instituciones financieras estadounidenses, cuyas opciones se contrajeron dramáticamente en lo que va de año. Este tipo de empresas de servicios financieros tienen menos oportunidad que las mayores de salir del estado de quiebra, por cuanto su negocio depende casi exclusivamente de fideicomisos, los cuales tienden a evaporarse en tales situaciones. Sin embargo, CIT ha mejorado su oportunidad al obtener la aprobación de sus tenedores de bonos, para una solicitud unánime ante el tribunal, reduciendo así su deuda en $10 mil millones, mientras permite que sus subsidiarias continúen trabajando. En esta forma CIT tiene la esperanza de emerger del estado de quiebra para el fin de año. Los tenedores de bonos convertirán su acreencia sobre el CIT en deuda el 70% del valor original. Ellos incluyen un grupo de fondos de rescate recibido el verano pasado, luego comprometieron $4,5 mil millones adicionales mientras la empresa continuaba tambaleándose. Aún Goldman Sachs, la firma de mejores relaciones en Wall Street, está recibiendo parte del coletazo. Posiblemente para evitar una mala impresión del mundo financiero, la gran empresa renegoció los términos de un préstamo que hubiera exigido un pago de un mil millones si el CIT se desplomara. En esta forma Goldman ahora solo obtendrá $535 millones, la mitad de ello en colaterales. Los mayores perdedores son, desde luego, los accionistas, quienes habrán de ser eliminados como tales cuando los acreedores se queden con las acciones ordinarias de la nueva empresa que se forme. Igualmente habrán de perder sus valores los tenedores de acciones preferidas, incluyendo los inocentes pagadores de impuestos, quienes suministraron $2,3 mil millones al Programa de Ayuda a los Activos en Problema, en diciembre pasado. Después de aplicar dicho programa, el gobierno de Obama rehusó inyectar más capital en el CIT, o servir de colateral a nuevas emisiones de deudas, en base a que el fracaso de la firma podría contribuir a desestabilizar el sistema financiero. Esta última decisión fue causa de ciertas acusaciones en el Congreso contra la Casa Blanca, aludiendo a que ésta mostraba preferencias de apoyo hacia los grandes bancos y sus clientes multinacionales que a los negocios y actividades de Wall Street. La quiebra del CIT trataría de pasarse lo más desapercibida posible, pero ello servirá de poco consuelo a los cientos de pequeños y medianos negocios que siempre han dependido del crédito de la empresa. A diferencia de las grandes empresas, para las cuales el mercado de bonos se ha reabierto, los pequeños encuentran dificultades en obtener capital de trabajo, aún cuando la demanda ha bajado bastante. Para tratar de mantener el movimiento crediticio, la Tesorería ha relajado un tanto las restricciones para el acceso a los préstamos aprobados por la Administración de los Pequeños Negocios, una agencia gubernamental creada a tales efectos. Sin embargo todavía queda por verse si estas medidas tendrán los resultados que se esperan, facilitando el acceso a los fondos públicos para los bancos comunitarios. La empresa espera se le permita mudar sus negocios más importantes al banco subsidiario que tiene en Utah, donde la empresa puede apalancarse con depósitos más baratos. |
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