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Acuerdo de OEA toca puntos álgidos para Venezuela, por Reyes Theis

El Gobierno venezolano se ufana de haber obtenido un triunfo con la aprobación de una declaración de parte del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) el miércoles pasado, pero la oposición piensa exactamente lo contrario.

En el seno de la OEA también hay sensaciones agridulces sobre la medida, unos países querían ver más cuestionamientos al Gobierno y exhortos contundentes, mientras del lado de los aliados del régimen madurista, aspiraban un apoyo regional al Gobierno venezolano. Nada de esto ocurrió.

Lo que dice y no dice la declaración

El primer strike de la declaración está en las primeras líneas. Dice el texto “Considerando que la Carta de la Organización de los Estados Americanos reconoce que la democracia representativa es condición indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región…”

En estas líneas la región ratifica el modelo de democracia representativa, esa que permite que los pueblos elijan representantes, por ejemplo, ante su Parlamento y que enarbola la separación de los poderes. No es poca cosa que los gobiernos recuerden este principio, cuando uno de los principales cuestionamientos contra el Gobierno de Venezuela es el irrespeto a la voluntad popular que le concedió los dos tercios de la Asamblea Nacional a la oposición y que el chavismo, haciendo uso de una sala del Tribunal Supremo de Justicia, ha pretendido dejar sin competencias.

Continúa la declaración: “…Uno de los propósitos de la OEA es promover y consolidar la democracia dentro del respeto del principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados y que todo Estado tiene derecho a elegir, sin injerencias externas, su sistema político, económico y social, y a organizarse en la forma que más le convenga”. Este párrafo evidentemente es de complacencia para el Gobierno de Nicolás Maduro y aclara que la región intentará promover la democracia, pero en ninguna forma se inmiscuirá en los asuntos internos venezolanos. Marca el ámbito de acción y destaca lo dicho varias veces durante la sesión del Consejo Permanente: los problemas de Venezuela deben resolverlos los venezolanos.

Los gobiernos acordaron además: “Su fraternal ofrecimiento a la hermana República Bolivariana de Venezuela a fin de identificar, de común acuerdo, algún curso de acción que coadyuve a la búsqueda de soluciones”. De esta forma le dicen al Gobierno de Venezuela que no se le impone ningún mecanismo, sino que se ofrecen para contribuir a la solución de los problemas. En todo caso, aunque no se cataloga la situación del país, la oferta es un reconocimiento tácito a la gravedad del problema, que puede necesitar el apoyo internacional para superarlo.

A continuación señalan cómo puede ser la contribución de los países de la OEA: al propiciar “un dialogo abierto e incluyente entre el Gobierno, otras autoridades constitucionales y todos los actores políticos y sociales de esa nación para preservar la paz y la seguridad en Venezuela, con pleno respeto a su soberanía”. En otras palabras, la región le está diciendo al país que consideran que el mecanismo idóneo es que el Gobierno y la oposición, que el Ejecutivo y el Legislativo conversen.

Por otra parte, la OEA mostró su respaldo “a la iniciativa de los ex presidentes José Luis Rodríguez Zapatero de España, Leonel Fernández de la República Dominicana y Martín Torrijos de Panamá, para la reapertura de un diálogo efectivo entre el Gobierno y la Oposición, con el fin de encontrar alternativas para favorecer la estabilidad política, el desarrollo social y la recuperación económica de la República Bolivariana de Venezuela”.

El apoyo a la gestión de los expresidentes cuenta con un consenso amplio, sobre todo por la presencia de una figura como la de José Luis Rodríguez Zapatero. Hasta Estados Unidos, a través de su secretario de Estado, John Kerry, apoyó la mediación, a pesar que la oposición venezolana ve con desconfianza la iniciativa.

En la región, Paraguay es la única nación que ha mostrado diferencias sobre estos diálogos y el papel del secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas, Ernesto Samper, a quien le señalan de tomar iniciativas personales sin consultar a los estados miembros. Por otra parte, ese párrafo es un claro reconocimiento a los alcances de la crisis venezolana referidos a estabilidad política y su vertiente social y económica.

Además el Consejo Permanente mostró “Su respaldo a las diferentes iniciativas de diálogo nacional que conduzcan, con apego a la Constitución y el pleno respeto de los derechos humanos, de manera oportuna, pronta y efectiva a la solución de las diferencias y la consolidación de la democracia representativa”. De esta forma los gobiernos destacan algunos ejes de las posibles soluciones que esperan en el caso venezolano: el respeto a los derechos humanos y a la Constitución y un diálogo que debe tener resultados, y no ser como anteriores iniciativas que solo han servido para apaciguar los ánimos en el país, sin medidas concretas que vayan a los problemas de fondo.

La última parte de la declaración también trae lo suyo, pues la OEA muestra “su apoyo a todos los esfuerzos de entendimiento, diálogo y a los procedimientos constitucionales”, incluido, por supuesto, el referendo revocatorio.
Como se ve, es una declaración que no es como para que el Gobierno de Maduro celebre ruidosamente, sobre todo si se toma en cuenta que países aliados, como Ecuador, la secundaron.

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