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Benedicto XVI recuerda a Juan Pablo II y dice fue apóstol de la misericordia

El papa Benedicto XVI ha tenido hoy un recuerdo para su antecesor Juan Pablo II, de quien este miércoles se cumple el tercer aniversario de su muerte y al que ha señalado como «un apóstol de la misericordia».

El Pontífice hizo esa afirmación desde el balcón de su residencia de descanso en Castel Gandolfo, a las afueras de Roma, donde rezó el Regina Coeli, que en este periodo litúrgico sustituye el Ángelus.

«La misericordia es en realidad el núcleo central de mensaje evangélico; es el nombre mismo de Dios, el rostro con el que Él se ha revelado en la antigua alianza y plenamente en Jesucristo, encarnación del Amor creador y redentor», dijo el Papa.

«De la misericordia divina, que pacifica los corazones, brota la auténtica paz en el mundo, la paz entre los pueblos, las culturas y las religiones diversas», continuó Joseph Ratzinger.

Tras esos comentarios, Benedicto XVI recordó a Juan Pablo II.

«La noche del inolvidable sábado 2 de abril de 2004, cuando cerró los ojos en este mundo, era la vigilia del segundo domingo de Pascua y muchos observaron la singular coincidencia, que unía en sí la dimensión mariana -el primer sábado del mes- con la de la Divina Misericordia», dijo.

El Papa recordó entonces unas palabras de Juan Pablo II pronunciadas en 2002: «Más allá de la misericordia de Dios no hay ninguna otra fuente de esperanza para los seres humanos».

La referencia a Karol Wojtyla se produce en un día en el que se ha informado de que, una vez sea proclamado santo, su tumba será trasladada de las Grutas Vaticanas a la Basílica de San Pedro para que pueda ser venerado por los fieles católicos.

El cuerpo del Papa polaco será colocado en una tumba solemne cerca de donde se encuentra la Piedad de Miguel Ángel, a la derecha de la Basílica, según se entra.

Hace dos años, el actual Papa, Benedicto XVI, decidió abrir la causa para la beatificación de Juan Pablo II sin esperar al cumplimiento de los cinco años de la muerte, como prescribe el derecho canónico.

El 2 de abril del año pasado fue proclamado «siervo de Dios», una fase previa a su declaración como santo.

Tras la oración del Regina Coeli, Benedicto XVI se dirigió a los peregrinos de lengua española a los que dijo «en este domingo dedicado a la Divina Misericordia, agradezcamos a Dios Padre el amor que nos ha manifestado en la muerte y resurrección de su propio Hijo».

Luego añadió: «Pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros para que sepamos reconocer en Cristo resucitado la fuente de la esperanza y de la alegría verdadera.»

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