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Con su pasta de campeón

NUEVA YORK — Otra vez con una sonrisa. Otra vez campeón y figura. El suizo Roger Federer, el N° 2 del mundo, derrotó al escocés Andy Murray en la final y obtuvo por quinto año consecutivo el US Open. De esta manera, logró su 13° título de Grand Slam y se puso a uno del récord, en poder del estadounidense Pete Sampras.

Con un arranque demoledor, jugando un primer set como en sus mejores tiempos, igual que el tercero, el helvético venció al británico por 6-2, 7-5 y 6-2 en menos de dos horas, en el court Arthur Ashe, el principal de Flushing Meadows.

Así, Federer, en su peor temporada desde que en el 2003 se adjudicó su primera corona grande, recuperó la alegría con un triunfo de esos que extrañaba muchísimo. Ya había dado muestras de mejoría y qué mejor ejemplo que la semifinal que le ganó al serbio Novak Djokovic.

Con su estilo agresivo y ofensivo, el suizo, apoyado en su saque y su derecha, buscó siempre la iniciativa, pero se encontró con un rival completo, con un juego variado y dueño de una gran defensa. Igual, el que rió último fue el helvético, quedando ahora 2-2 en los enfrentamientos personales con el joven escocés.

Con este quinto título, Federer igualó a otras grandes leyendas de este torneo como los locales Pete Sampras y Jimmy Connors y se convirtió en el primer tenista capaz de ganar cinco años seguidos el US Open, desde que lo consiguiera el estadounidense Bill Tilden, hace ya 83 años.

Tras un año en el que no había conseguido ninguno de los grandes, tan sólo había ganado dos torneos menores, como Estoril y Halle, el suizo no falló en esta ocasión y recuperó la alegría.

Murray, que había desplegado un gran tenis durante todo el torneo, se vio intimado por la voracidad de Federer, que saltó a la cancha dispuesto a presionar al escocés desde la primera bola del partido, para no permitir a su rival soltar los nervios por jugar su primera final de un Mayor.

La táctica le salió perfecta al número dos mundial. Federer hizo estragos con su drive, su juego agresivo y sus subidas a la red. Murray buscaba la manera de cambiar la dinámica del partido, pero cuando quiso darse cuenta ya tenía un 6-2 en contra en apenas 26 minutos de juego.

Una nueva rotura de servicio de Federer, que suponía su sexto juego consecutivo desde el 2-2, metía el partido en una senda muy peligrosa para Murray. Sin embargo, el británico aprovechó unos errores nos forzados del suizo para devolverle la rotura de servicio y meterse de nuevo en el partido.

El vencedor del Masters de Cincinnati comenzó por primera vez a tutear a Federer. El perdedor, muy rápido de piernas, comenzó a ser un frontón y el suizo cometió más errores, lo que le puso con un 0-40 en el quinto juego. Pero el helvético sacó la rabia contenida por su frustrante año y le dio la vuelta a la situación.

En el segundo capítulo, ambos jugadores desplegaron su mejor tenis, con grandes puntos por uno y otro lado, hasta que se llegó al duodécimo juego. Ahí Federer demostró por qué es uno de los más grandes de la historia del tenis y elevó un punto más la agresividad de sus golpes, con una gran derecha y dos voleas que le permitieron gozar de tres bolas de set, para cerrar el segundo parcial por 7-5.

Enseguida, Murray acusó mucho la pérdida de ese segundo set y bajó su nivel de juego de la misma forma que Federer elevó el suyo. El jugador de Basilea jugaba a placer ante un rival cabizbajo, que en otro abrir y cerrar de ojos se encontró con un 5-0 en contra que dejaba el partido finiquitado.

En un arranque de orgullo, el nuevo número 4 del mundo sumó dos games, pero Federer no quería dejar ningún resquicio y sobre el servicio de su adversario cerró el partido con un poderoso smash que lo llevó directo al título. A la alegría y al festejo como en sus mejores días.

Federer y Murray nunca se habían enfrentado en un partido de Grand Slam, aunque en los tres partidos que jugaron antes, en otros torneos, también en canchas duras, el balance era favorable para el escocés, que ganó este año en Dubai y en el 2006 en Cincinnati, mientras que el único triunfo del suizo fue en Bangkok, hace tres años.

Para Murray fue su primera final de un Grand Slam, precisamente su favorito, el US Open, donde venía de eliminar en semifinales al nuevo rey del circuito, el español Rafael Nadal.

El suizo acumula ahora 34 triunfos consecutivos en el Abierto de Estados Unidos, desde su victoria en el debut en el 2004.

Federer, que tras la final de Wimbledon, perdió en su primer partido en Toronto, el segundo en Cincinnati y cayó en los cuartos de final de los Juegos Olímpicos de Beijing, se propuso obtener este certamen neoyorquino y vaya si lo consiguió.

Con 27 años, alcanzar y dejar atrás los 14 Gran Slam de Sampras parece un hecho inevitable. ¿Supersticioso con el número 13? «Una cosa es segura. No me voy a parar en los 13», declaró Federer en la cancha, al ser consultado sobre sus posibles futuros triunfos.

Federer llegó aquí sin su aureola de invencibilidad, desbancado por Nadal del puesto número uno de la ATP que había ostentado durante cuatro años y medio, durante 237 semanas seguidas.

Sólo había ganado un par de títulos en torneos más reducidos del circuito mayor en esta temporada, su menor cantidad a esta altura del año desde el 2002 y ninguno en canchas duras, justamente la superficie del US Open.

Se comentaba que ya no era el de antes, que había caído en un declive irreversible. Todo por un año irregular, aunque cualquier otro tenista se moriría por tener una campaña como la de Federer.

Pero Murray sorprendió a Nadal en las semifinales y Federer se dio gusto de recuperar la mística ganadora. Tal vez la manera más apropiada de describir el año de Federer es que simplemente, por lo menos hasta ahora, no jugó en su media habitual. Pero volvió a brillar en la final, justo cuando deben aparecer los grandes.

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