Actualidad Internacional

El caso de la valija causa tensión entre Kirchner y Chávez

Hugo Chávez rechazó el pedido argentino de dar explicaciones por el escándalo de la sospechosa valija. El presidente Néstor Kirchner llegó a esta ciudad para celebrar una cumbre sobre energía junto con sus colegas de Venezuela y de Bolivia, Evo Morales. Pero quería una aclaración de Chávez, que lo ayudara a capear la tormenta. El socio bolivariano se negó tajantemente.

“Allá ustedes con sus percepciones”, cortó en seco el mandatario venezolano a los medios argentinos, entre ellos LA NACION, que lo abordaron para transmitirle la inquietud que allí mismo mostraban funcionarios argentinos.

Desde el lado venezolano, entonces, persiste el hermetismo. ¿Quién es y qué hacía Guido Alejandro Antonini Wilson, el empresario que intentó ingresar en la Argentina el sábado, a las 3 de la madrugada, con una valija que contenía 800.000 dólares sin declarar? Iba, junto con funcionarios de la petrolera estatal venezolana Pdvsa, en un avión rentado por el gobierno argentino. Por el caso, Kirchner echó anteayer a Claudio Uberti, hombre de máxima confianza del ministro Julio De Vido.

“Yo no sé por qué hay tanto empeño en darle a esto una dimensión que no tiene”, respondió Chávez a la prensa. Y cuando LA NACION le puntualizó el pedido público de funcionarios argentinos, Chávez alzó la voz: “No te voy a hacer declaraciones, si ya te lo dije » Uno de sus custodios de camisa roja tomó del brazo a este cronista y lo retiró con violencia. No fue mucho más útil hablar con el canciller bolivariano, Nicolás Maduro: «No hay nada que aclarar. Dedíquense a temas más importantes, como el energético», despachó a LA NACION.

El reclamo público a Venezuela fue formulado desde anteayer por el Gobierno. Y ayer, bien temprano, fue reiterado por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el ministro de Planificación, De Vido, y en forma reservada por otros funcionarios. Sólo se sabe que Antonini es amigo de los directivos chavistas de Pdvsa y que viajaba en el mismo avión privado que los funcionarios de confianza de Kirchner.

El clima de tensión era fácil de percibir en Tarija. Terminado el acto del enésimo lanzamiento de la integración energética entre la Argentina, Bolivia y Venezuela, cuyos avances reales son escasos, Kirchner se retiró, literalmente, por la puerta de atrás del anfiteatro del hotel Los Parrales. No quería hablar con los periodistas. Quedó, pues, en el más puro hermetismo, la charla de 15 minutos que había mantenido con Chávez antes de la ceremonia que se realizó en el lujoso hotel de la capital de este estado petrolero.

El Presidente llegó puntualmente a las 10, de no muy buen humor. Se lo veía circunspecto; fue al día siguiente de haber tenido que expulsar a Uberti, un operador de su confianza en la diplomacia con Venezuela.

Kirchner llegó aquí acompañado por De Vido, el canciller Jorge Taiana y el ministro del Interior, Aníbal Fernández, además del titular de Enarsa, Exequiel Espinosa, el hombre que alquiló el avión privado en el que entró al país Antonini. Fue llamativo que no hubiera integrado la comitiva la primera dama y candidata presidencial, Cristina Kirchner.

El mismo De Vido dijo a LA NACION a paso rápido, al llegar al hotel: «Hemos pedido y hablado con ellos [el gobierno de Venezuela] para que hagan una aclaración como corresponde».

-¿Quién era el empresario Antonini? -se le preguntó.

-Son ellos los que lo tienen que decir. Nosotros sabemos lo que dice el comunicado de Enarsa: que subió al avión y que ignorábamos quién era.

-Pero venía acompañando al hijo del vicepresidente de Pdvsa.

-Sí, exactamente. Esperemos a ver qué tienen ellos para decir

Y se dirigió a su habitación. En medio de ese nervioso arribo, Kirchner también fue interceptado en el lobby por la prensa argentina.

«¿Cómo se siente con lo que pasó con la valija?», le preguntó una cronista. «Bárbaro. Nosotros no tenemos nada que ver», replicó Kirchner. ¿Está enojado con De Vido? «Yo no me enojo con nadie». ¿Se le van a pedir explicaciones a Venezuela? «Todos sabrán quiénes dicen la verdad y quiénes mienten. Esa es la realidad.» Y se escabulló.

Consultado un alto funcionario sobre si el tema se abordaría en una cumbre bilateral con Chávez, respondió: «¿Y a vos qué te parece?». Y se fue.

Luego de unos minutos, Kirchner y Chávez descendieron a un subsuelo del hotel para conversar. Tras 25 minutos, regresaron a la planta baja. Chávez pasaba el brazo derecho por encima del hombro de De Vido, en forma paternal. No había rostros festivos. Todos se dirigieron al acto de integración energética, tema que sí produce un sentido de hermandad entre ellos, y todos hicieron profesión de fe bolivariana, incluido Kirchner.

Mientras tanto, los allegados de Kirchner comentaban en el lobby que el Presidente no estaba enojado con Uberti porque creyera que estaba «involucrado en un hecho ilícito», sino porque «dejó subir en el avión a cualquiera sin saber quién era y qué cargaba en la valija». Luego del acto, vendrían los desplantes de Chávez y Maduro. Nada de aclaraciones, pese a que lo pedía el «compañero Kirchner».

Equipaje generoso

Los hombres de la seguridad del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, imponen respeto por su despliegue. Pero también por sus valijas. Son de gran tamaño, capaces de contener armamento, siempre listo para ser usado ante un posible atentado contra Chávez. Por donde transita el líder bolivariano se ponen en línea, con rostro circunspecto, observan los alrededores, los jardines, los montes. Y ayer cortaban el paso de los pasajeros hacia sus habitaciones en el hotel donde se realizó la reunión entre Néstor Kirchner, Chávez y Evo Morales.

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