Actualidad Internacional

El desafío de Lugo

El ex obispo católico Fernando Lugo asumió la presidencia en Paraguay, poniendo fin a 61 años de gobierno del partido Colorado.

De sandalias y sin corbata, Lugo -de tendencia izquierdista- fue vitoreado por miles de paraguayos cuando levantó la mano para juramentar como mandatario frente al Congreso.

Pero, ¿qué retos le esperan?

El nuevo presidente de Paraguay es -por donde se lo mire- una figura atípica.

Es el primer ex obispo en convertirse en presidente en América Latina; y el mes pasado, en una medida sin precedentes, el Papa Benedicto XVI aprobó personalmente su solicitud para dejar de ser clérigo.

Y en lo que respecta a su ceremonia inaugural (que se lleva a cabo el viernes), Lugo prometió usar un nuevo par de sandalias, un símbolo de su estilo relajado y su compromiso con los pobres.

Pero su calzado simple está en franco contraste con la compleja y monumental tarea de cambiar al país, desgastado por décadas de corrupción, pobreza y desigualdad.

En primer lugar es un novato en el ámbito político en el que ingresó tan sólo en 2006. Pero algunos dicen que sus 30 años de experiencia trabajando en la Iglesia Católica, primero como sacerdote y luego como obispo, fueron un buen campo de entrenamiento para desarrollar las habilidades políticas que necesita para mantener la cohesión de una coalición amplia.

Él ganó las elecciones en abril como líder de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), poniendo fin a 61 años de gobierno del derechista Partido Colorado. Pero la APC abarca a un gran abanico de fuerzas que van desde el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) hasta varias organizaciones de izquierda más cercanas a la ideología de Lugo.

La APC no cuenta con mayoría en ninguna de las cámaras del Congreso, y tendrá que formar alianzas con facciones disidentes del Partido Colorado para aprobar nuevas leyes. Además, el Partido Colorado tiene una gran presencia en el país, particularmente en el ámbito judicial, y esto puede representar un freno a la hora de hacer cambios.

Desestabilización

Lugo ya denunció en una entrevista con BBC Mundo que las fuerzas de la oposición están tramando desestabilizar al nuevo gobierno creando falsos desabastecimientos de combustible y suministros hospitalarios.

También le dijo a BBC Mundo que su prioridad es combatir la corrupción, uno de los muchos legados del general Alfredo Stroessner, quien gobernó a Paraguay como si fuese su propio feudo entre 1954 y 1989.

Stroessner se hizo de la vista gorda ante las actividades de sus amigos que controlaban una economía de contrabando, la cual incluía tráfico de drogas, whisky y aparatos electrónicos, un sector que generaba quizás tantos ingresos como la economía formal.

Lugo hará gala de su honestidad personal como un antídoto contra la corrupción generalizada. Pero la tarea tomará tiempo. Transparencia Internacional colocó a Paraguay en el puesto número 138 (de un total de 180) de su lista de 2007 de países más corruptos del mundo.

El problema de la tierra

El ex obispo se hizo conocido apoyando a los campesinos pobres que ocupaban grandes fincas en el departamento de San Pedro. Pero todo indica que será cauteloso a la hora de introducir cambios en los patrones inequitativos de tenencias de tierras, uno de los peores en América Latina.

El acceso a la tierra es crucial en un país donde hay poco trabajo en la industria. La soja es el principal producto de exportación de Paraguay y este país es el cuarto exportador del mundo de esta oleaginosa.

Por esta razón Lugo no querrá hacer nada que ponga en peligro a los grandes productores de soja, muchos de ellos brasileños, que son los principales impulsores de la economía.

Pero también estará bajo la enorme presión de un movimiento cooperativo de campesinos cada vez más fuerte, que ha llevado a cabo recientemente ocupaciones de tierras. Algunos líderes campesinos dicen que organizarán más invasiones para el día después de que asuma Lugo.

El ex obispo dice que su primer paso será iniciar un diálogo nacional e implementar un censo agrario nacional para ordenar el caótico estado de la tenencia de tierras, que hace que muy pocos paraguayos tengan títulos de propiedad.

Lugo descartó las expropiaciones forzosas e instó a la paciencia. Pero lograr mejoras para los campesinos pobres lo suficientemente rápido será su mayor desafío.

Brasil

Otra de sus principales tareas es tratar de persuadir a su vecino, Brasil, a que pague más por la electricidad que recibe de la represa hidroeléctrica más grande del mundo, Itaipú.

Paraguay tiene propiedad conjunta de la represa pero sólo usa una fracción de lo que genera. Para Brasil, en cambio, representa aproximadamente el 20% de su suministro eléctrico.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha sido cauteloso ante la posibilidad de un nuevo acuerdo con Asunción. Paraguay tiene muy poco poder de negociación ya que no puede exportar su electricidad a ningún otro país. Pero es posible que Lula quiera hacerle un favor a su aliado ideológico.

Todo indica que en otras áreas el cambio también será gradual. El equipo económico de Lugo habla de reformas impositivas, inversión del sector privado en empresas estatales y control de la inflación. Esto tiene poco de la visión socialista radical de Evo Morales en Bolivia o Hugo Chávez en Venezuela.

Con frecuencia, Paraguay ha seguido un camino histórico diferente al de otros países de América Latina. Lugo puede formar parte de este reciente giro a la izquierda que se ha venido observando en la región. Pero como él dice, lo que quiere son «soluciones paraguayas a problemas paraguayos».

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