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El flamante Ministro de Agricultura de Brasil apuesta por los biocombustibles

En una rueda de prensa ofrecida en Brasilia poco después de asumir su despacho en reemplazo de Luiz Carlos Guedes Pinto, Stephanes aseguró que esa expansión de los cultivos de caña de azúcar para fabricar el alcohol combustible puede darse «sin causar daños al medio ambiente».

«Prácticamente todo el crecimiento de la agricultura brasileña en los últimos 16 años se debe a la productividad. Crecimos 121 por ciento en la producción de granos y aumentamos nuestra área (plantada) en 21 por ciento», dijo el nuevo ministro.

Stephanes es diputado del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) que forma parte de la coalición que sustenta el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.

«De aquí en adelante es necesario buscar el aumento de la productividad o la recuperación de áreas degradas que todavía pueden ser utilizadas», agregó el flamante Ministro, que fue funcionario de la dictadura que gobernó Brasil hasta 1985.

Sobre la defensa sanitaria, el ministro dijo que la lucha contra la fiebre aftosa -que amenaza las exportaciones de carne de Brasil- será una prioridad en su despacho y recibirá más recursos.

«Es necesario que se trate un poco mejor la cuestión de las fronteras. Tenemos problemas del lado de Bolivia y necesitamos buscar una actuación conjunta para evitar que la fiebre aftosa acabe contaminando a Brasil», dijo.

En los sureños estados brasileños de Mato Grosso do Sul y Paraná fueron detectados desde finales de 2005 una treintena de casos de esta enfermedad viral. Desde entonces unos 50 países aplicaron alguna forma de embargo a los embarques de Brasil, principal productor mundial de carnes bovinas. (Con información de EFE/GCE)

Su Ministerio es vital para la economía del país, y responde casi un tercio del Producto Interno Bruto de Brasil, el 36% de las exportaciones totales y el 37% de los empleos.

Acuerdo con Italia

Mientras el Ministro asumió sus funciones, el Presidente Lula y el Primer Ministro italiano, Romano Prodi, se comprometieron a cooperar en el desarrollo de biocombustibles, como el etanol y el biodiesel, y a fomentar su producción en los países más pobres del mundo.

Este es un nuevo paso de la «diplomacia de la agroenergía» que desplega Brasil para fomentar un mercado mundial de combustibles alternativos vegetales, un terreno en el que tiene amplias ventajas competitivas.

«Ese acuerdo es un nuevo frente que se abre para la tecnología que Brasil domina, pero eso tiene que ser hecho con mucho cuidado con un plan estratégico que compatibiliza con claridad la cuestión del medio ambiente sin deforestación», afirmó Stephanes.

Brasil, principal productor y exportador mundial de azúcar y etanol de caña se propone duplicar en cinco años la producción del combustible -que hoy llega a unos 17,000 millones de litros por año- para atender la creciente demanda en Asia, Europa y Estados Unidos.

Apoyo de un ex Ministro

«No hay necesidad de cortar un solo árbol de la selva del Amazonas para producir alimentos ni etanol,» dijo el lunes el ex Ministro de Agricultura Roberto Rodrigues, coordinador brasileño de la Comisión Interamericana de Etanol, en una reunión sobre impacto ambiental de la agroenergía.

El ex Ministro estuvo al frente de la cartera durante casi todo el primer período de Gobierno de Lula y ahora drige el centro de negocios del agro del grupo Getulio Vargas.

Rodrigues afirmó que Brasil tiene cerca de 220 millones de hectáreas de tierra para ganadería y abundantes terrenos disponibles para plantar caña de azúcar y satisfacer la creciente demanda mundial de biocombustibles sin dañar el ambiente.

La cifra incluye 90 millones de hectáreas de pasturas degradadas que podrían ser utilizadas para cosechas, con 20 millones de hectáreas para caña de azúcar. Agregó que la caña de azúcar ocupa solamente 6 millones de hectáreas de las 62 millones de tierras cultivadas del Brasil, de la que apenas la mitad es usada para producir etanol y el resto se utiliza para producir caña de azúcar.

Alarma ecologista

Los grupos ambientalistas están preocupados que una enorme expansión de las plantaciones de caña de azúcar para producir etanol termine en reducción de la selva y en daños de la sabana. Además, piensan que se puede poner en jaque a la ya deteriorada situación de millares de braceros que ganan el equivalente a siete dólares diarios por cortar y apilar al menos doce toneladas de caña en cada jornada.

También les preocupa que los ríos y suministros de agua sean contaminados por el uso masivo de fertilizantes, herbicidas y pesticidas; y sostienen que aumentará la polución del aire debido a la práctica del quemado de los terrenos de caña antes de la cosecha manual para eliminar las pestes.

«Es absolutamente falso decir que la producción de los alimentos brasileños caerá por un aumento de la elaboración de etanol,» respondió Rodrigues. Con respecto al Amazonas, dijo que el clima de esa región es, por lo general, inadecuado para cultivar caña de azúcar.

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