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El miedo inclinó la balanza en Perú, por Reyes Theis

Finalmente el Tribunal Electoral dio los resultados definitivos en Perú y declaró como ganador de la Presidencia de la República a Pedro Pablo Kuczynski en un ajustado final contra Keiko Fujimori.

El resultado electoral es un ejemplo de cómo las emociones positivas o negativas pueden influir en una campaña electoral.

PPK es un economista con escaso carisma. Sus discursos realmente pueden ser  somníferos potentes. Del otro lado, Fujimori de 40 años encarnaba lo contrario. Ya el hecho de ser mujer le daba novedad a la propuesta, su discurso y su amplia sonrisa le proveía de una personalidad más atractiva que la de su adversario, pero al final la gente se inclinó por PPK, quien al dejar la Presidencia contará con 82 años.

¿Cuál es la razón de su triunfo?

La Escuela de Michigan (Campbell, Gurin y Miller, 1954) plantea que en toda elección la decisión de los votantes atiende fundamentalmente a tres variables: la identificación con un partido político, la agenda noticiosa del momento y la imagen de los candidatos.

Pero cada vez más la identidad partidista parece perder peso.  El profesor de la Universidad Simón Bolívar, Herbert Koeneke (2009), señala que “en sociedades de clase media nivelada, la estructura social se ha hecho inestable, pues sus integrantes son individuos desarraigados que ya no encuentran un hogar político en los partidos, sino que reaccionan a situaciones, a vagos estados de ánimo y especialmente a todo lo que interprete sus sentimientos, si es que no a sus resentimientos”.

Esto podría explicar los resultados electorales en Perú, donde la variable identidad partidista no es tan fuerte y el proceso electoral de dos vueltas hace que con la simplificación de opciones el elector pueda seleccionar el mejor, el menos malo o el que le genere mayor tranquilidad.

Tanto en la primera vuelta como en la segunda de estos comicios, los votantes aplicaron una lógica de descarte. En la primera fase realizada en abril pasado, los electores resolvieron su primer temor: que llegara al poder un exponente del socialismo. De esa forma la izquierdista Verónika Mendoza quedó fuera de contienda al ser superada por Fujimori, quien obtuvo el 39,85% de los votos y por Kuczynski que logró el 20,99%.

Ya una amenaza similar había atentado en el año 2006 contra la aspiración de Ollanta Humala, a quien se le señalaba de ser exponente del socialismo del siglo XXI cuyo liderazgo continental se le atribuía a Hugo Chávez. En este momento el temor funcionó en favor de Alan García, quien resultó electo Presidente a pesar de haber salido de la Presidencia en 1990 con fuertes cuestionamientos.

Luego, en el año 2011, Humala supo desmarcarse de la etiqueta ideológica y obtuvo el triunfo.

En los recientes comicios peruanos, tras quedar reducida la contienda a dos personas: PPK y Keiko Fujimori,  los seguidores de la socialista Mendoza y quienes no se habían expresado en las urnas electorales, tuvieron que escoger entre dos aspirantes liberales.

Otra vez el temor jugó un papel importante y la posibilidad de que la hija del expresidente Alberto Fujimori pudiera llegar al poder, terminó inclinando la balanza por estrecho margen a favor de PPK.

A pesar que la candidata había firmado antes de la primera vuelta un compromiso de no cometer los mismos “errores” de su padre, el fuerte voto anti-fujimorista dejó sentir su peso, contra quien ocupó el puesto de primera dama con 19 años, ante el divorcio del mandatario hoy encarcelado.

Aunque hizo una campaña inteligente, centrada en las personas de menos recursos económicos y que por poco le da resultados, el miedo que generaba en la sociedad peruana que Keiko hiciera renacer los días sombríos que tuvo Perú bajo el mando de su padre y los desmanes de su ministro Vladimiro Montesinos, se evidencia en expresiones como las del escritor Mario Vargas Llosa, quien ante los resultados cerrados de los comicios, manifestaba su esperanza de que Kuczynski pudiera consolidar la mayoría ya que Fujmori es “la hija de uno de los peores dictadores que hemos tenido en nuestra historia”.

Estas elecciones explican cómo el temor funciona en un proceso político: Aunque a veces puede inmovilizar a la gente, también es capaz de movilizar electores.

Keiko tendrá una nueva oportunidad dentro de 5 años, aunque aseguró que no volverá a ser candidata.

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