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Francois Bayrou, el tercer hombre

Cuando Francois Bayrou era niño, jamás dijo que quería ser presidente cuando fuera adulto. El niño simplemente decía que quería cambiar el mundo. Con 55 años cumplidos, Bayrou todavía no ha cambiado el mundo, pero el próximo domingo, el candidato de la Unión por la Democracia Francesa (UDF) puede escribir un pequeño gran capítulo en la historia política de Francia.

En medio de una campaña dominada por las figuras mediáticas de Segolene Royal y Nicolas Sarkozy, los candidatos de la izquierda y de la derecha, un tercer hombre comenzó a destacar con brillo propio en las encuestas, con un discurso ajeno al diccionario político tradicional galo: dejar de lado la militancia y acabar con las falsas promesas de los grandes partidos.

Bayrou, agricultor y profesor, decidió desafiar a sus dos grandes rivales con una opción política casi de fantasía: «Ni los unos, ni los otros». Aunque parece increíble, la estrategia dio resultado y ahora, cuando sólo faltan cinco días para la primera vuelta, Bayrou tiene buenas posibilidades para disputarle el segundo lugar a Royal.

Con cerca de 20% de la intención de voto en su bolsillo y con un alto porcentaje de indecisos, Bayrou dejó de ser un candidato marginal y se convirtió en un serio aspirante a ocupar el palacio del Elíseo, una carrera extraordinaria si se tiene en cuenta el origen y el pasado político del llamado «tercer hombre».

Aunque Bayrou lleva mucho tiempo en política y fue candidato presidencial en 2002, nunca había destacado tanto como ahora y jamás había soñado con tener una posibilidad real para convertirse en presidente. Antes que nada, el éxito de Bayrou hay que buscarlo en las dudas que existen en el país sobre la competencia de Royal y el carácter de Sarkozy, un hombre que infunde temor en un vasto sector del electorado francés.

En poco tiempo, el tercer hombre fue capaz de reinventar su imagen y se convirtió en el «político con un rostro nuevo» del país. Bayrou inspira más confianza que Sarkozy y parece más capaz que Royal. Pero el candidato de la UDF repite también sin cesar que llegó la hora de acabar con el sistema bipolar de alternancia en el poder de la izquierda y la derecha. «Fancia desea redescubrirse a sí misma, por eso ganaré las elecciones», ha dicho Bayrou.

Una encuesta reciente reveló que los franceses creen que Bayrou representa bien la «identidad francesa» y que es el más honesto de los tres candidatos. ¿Acaso no proclamó con orgullo que él era el único de todos los candidatos que sabía ordeñar una vaca? Todos le creyeron.

Afable, sereno, Bayrou encarna casi a la perfección al francés medio, de origen rural y humilde. Tiene seis hijos, 12 nietos, es católico practicante, tiene una formación clásica y literaria. El perfil de hombre rural y modesto, cercano a la gente, y la imagen de un tractor, le ayudaron para abrirse un tremendo hueco en el corazón de los franceses. El tractor sirvió para simbolizar la ascendente trayectoria de Bayrou en la campaña. Al igual que el vehículo, Bayrou avanzó con paso lento pero decidido, convenciendo a los electores desencantados con el discurso tradicional de la izquierda y la derecha. Por eso, la imagen de Bayrou conduciendo un tractor se convirtió en el emblema de su campaña. Nadie sabe si esto le ayudará a pasar a la segunda vuelta, pero si lo logra, el único político francés que sabe ordeñar una vaca tendría grandes posibilidades de ocupar el Eliseo.

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