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Kirchner se niega a dar razones al Vaticano sobre la destitución del vicario castrense Baseotto

El Gobierno argentino se niega a dar explicaciones al Vaticano sobre la destitución del vicario castrense que sugirió arrojar al mar al ministro de Sanidad por defender el aborto.

La tensión entre el Vaticano y el Gobierno argentino va en aumento. El secretario de Culto (con rango de ministro), Guillermo Oliveri, advirtió ayer que el Ejecutivo no tiene por qué «dar ninguna explicación», tal y como había solicitado la Iglesia, por destituir al obispo castrense, Antonio Baseotto. El prelado había sugerido lanzar al mar al titular de Sanidad, Ginés González García, por defender la despenalización del aborto.

«El decreto del presidente en el que cesa al vicario lo interpretan los jueces. El Gobierno no tiene por qué hacer ninguna aclaración al respecto y además, en Argentina, está ampliamente demostrado que existe una libertad de culto total».

Oliveri expresó de este modo la postura inflexible del Ejecutivo, cuestionado de puertas adentro por adoptar una decisión unilateral tan drástica en vez de agotar la vía diplomática. Como consecuencia de la misma, el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, dijo a mediados de mes que se ponía en riesgo «la libertad religiosa».

El comentario de la Santa Sede ante la expulsión de Baseotto, con rango de subsecretario de Estado y suspendido de sueldo estatal, desembocó en una aclaración verbal en la que el Gobierno aseguró que, pese al decreto, nada impedía que el prelado continuara ejerciendo su labor religiosa. Frente a una situación tan ambigua, el Vaticano solicitó que se explicara por escrito el alcance de ese decreto, para saber si Baseotto puede o no seguir «ejerciendo el Ministerio pastoral». La respuesta la tuvo ayer de boca del secretario de Culto quien, además, sugirió que la vicaría castrense podría desaparecer, «hay acuerdos que son revisables, muchos de ellos fueron hechos en épocas de Gobiernos de facto (…) han quedado en la Historia. No tienen hoy sustento real», advirtió.

El conflicto arranca de principios de año, cuando en una carta hecha pública, Baseotto recurrió a una cita bíblica para condenar la defensa que había hecho el ministro de Sanidad sobre la despenalización del aborto. La metáfora «quien escandalizare a uno de estos pequeñuelos merece que se le ate una piedra de molino al cuello y sea tirado al mar», se interpretó —como era de prever— como una justificación a los «vuelos de la muerte» de la dictadura (1976-83). Los militares arrojaban desde aviones al mar a los desaparecidos.

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