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La última duda de Uribe I el Grande

Una acérrima del presidente colombiano afirmaba esta semana en privado: «No estoy de acuerdo con la reelección de Álvaro Uribe… ¡Tendríamos que nombrarlo directamente rey!». El gobernante más popular de Latinoamérica no conoce la palabra desgaste, pese a que lleva seis años en el poder, y estudia la posibilidad de presentarse por tercera vez a las elecciones, en 2010, aunque haya que reformar de nuevo la Constitución. Sus defensores dicen que debe seguir para concluir su misión: derrotar a las FARC, la guerrilla más antigua del mundo. Sus críticos responden que, si se lanza a por un tercer mandato, pondrá en peligro la democracia colombiana. Él calla.

Para unos, Uribe ya ha tomado la decisión de repetir mandato y sólo espera el mejor momento para hacerla pública. Para otros, ha decidido no presentarse o aún está meditando qué hacer con la ayuda de sus más íntimos y, como podría decir él mismo, con la ayuda de Dios. Quizá por eso el jefe de Estado, devoto católico, ha rezado esta semana con frecuencia en público, como en una reunión en el palacio arzobispal de Bogotá con el presidente del Tribunal Supremo, Francisco Javier Ricaurte, con quien mantiene un enfrentamiento. Un vídeo mostró a los dos orando, de rodillas, en la capilla privada del cardenal Pedro Rubiano, que hizo de mediador.

«Uribe es una persona mesiánica», explica Alfredo Rangel, que conoce de cerca al presidente y es uno de los más prestigiosos analistas del país. «Siente que ha sido ungido por la providencia para redimir a Colombia y salvarla de las FARC, pero es un demócrata, no es un personaje autoritario, no cierra periódicos, ni nombra ministro a su hermano, ni deja que su esposa maneje dinero público», añade el experto, que no sólo apoya la reelección de Uribe, sino que está convencido de que quiere volver a presentarse, a pesar de que su esposa, Lina Moreno, y algunos de los políticos que le apoyan le han pedido que se retire. «Está a medio camino de concluir su misión y le costará renunciar», afirma.

¿Cómo se consiguen niveles de popularidad récord del 91%? Hasta los más críticos reconocen a Uribe el mérito de haber dado un golpe mortal a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, que sufren la mayor crisis de sus 44 años de existencia gracias a la mano dura del Gobierno. De los 17.000 guerrilleros que había en 2002, cuando Uribe llegó al poder, apenas quedan 8.000. El grupo armado, considerado terrorista por la UE, tenía entonces bajo control casi medio país; ahora, se han replegado a lo más profundo de la selva. La violencia común ha disminuido. Bogotá es más segura que Caracas, Río de Janeiro o Washington, en número de homicidios por 100.000 habitantes. En el conjunto del país, se han reducido a la mitad los asesinatos. Mientras, la economía ha crecido a un ritmo récord gracias a un aumento de la inversión extranjera propiciado por la mayor seguridad.

«Claro, que ha hecho algunas cosas bien», admite la periodista María Jimena Duzán, autora de Así gobierna Uribe, un perfil a fondo sobre el estilo de hacer política del presidente. «Su obsesión son las FARC y en eso ha tenido mucho éxito, pero a cuenta de eso está acabando con la democracia; el uribismo nos quiere hacer creer que sólo él puede acabar con la guerrilla», añade. «Nuestra Constitución, aprobada en 1991, fue un texto de consenso que impedía que el presidente estuviera más de un mandato para evitar abusos de poder; ya se cambió en 2005 para que volviera a presentarse en 2006 y ¡ahora quiere hacerlo de nuevo!… Me parece improcedente», concluye Duzán, que recuerda que en 2009 los magistrados propuestos por él ya serán mayoría en la Corte Constitucional, cuya función es hacer de contrapeso a la acción de Gobierno. La guerrilla no es el único problema. Colombia es el principal exportador mundial de cocaína, y el narcotráfico genera corrupción y mafias. Hay regiones en el Pacífico con niveles de pobreza comparables a Somalia, y éste es el segundo país tras Sudán con más desplazados internos por la violencia (tres millones). Además, hay 60 congresistas implicados en el escándalo de la parapolítica, término que se acuñó en 2006 por la revelación de los vínculos de políticos con los paramilitares. La mayoría de esos políticos pertenecen a la coalición de partidos de derecha que apoya a Uribe.

«Dirán lo que quieran, pero ha sido el único que desmovilizó a los paras, los desarmó, los metió en la cárcel y los extraditó», recuerda Rangel. «Ha sido bueno en eso, pero en realidad no ha desarticulado las estructuras de poder paramilitar, que siguen prácticamente intactas y están resurgiendo», afirma María Jimena Duzán, cuya hermana periodista fue asesinada por los paramilitares. «Colombia vive en una narcoburbuja económica y ya veremos dónde queda el uribismo cuando empiecen a surgir problemas como la pobreza y el paro», advierte el senador Gustavo Petro, del Polo Democrático, que agrupa a la izquierda.

Con una popularidad récord, todavía más alta gracias a la operación de rescate, el 2 de julio, de Ingrid Betancourt y otros 14 secuestrados en manos de las FARC, Uribe parece tener garantizada la reelección. Miembros de su partido han recogido ya tres millones de firmas -se necesitan 1,4 millones- para pedir al Congreso un referéndum que permita cambiar la Constitución y una segunda reelección del presidente. «Queremos que sepa el gran respaldo que tiene», afirma el jefe de la campaña, Luis Guillermo Giraldo, secretario general de la U, principal formación que apoya a Uribe. «Es un estadista probado que ha luchado contra las FARC como nadie y ha hecho crecer la economía y los proyectos sociales», asegura.

La mayoría de los colombianos ve a Uribe, nacido hace 56 años en Medellín en una familia de hacendados liberales, como un padre para Colombia, su salvador. «Hace la guerra por todos; reza mucho, no bebe, es un adicto al trabajo… En un país de doble moral católica como éste, del dinero fácil de la droga y la fiesta, representa lo que la gente quiere ser y no es. Es el guardián de la moral», explica León Valencia, ex guerrillero del Ejército de Liberación Nacional y director de la Fundación Arco Iris, cuyo objetivo es promover la paz.

Si la Casa de Nariño (sede del Gobierno) era con los anteriores presidentes una especie de palacio de Versalles, con Uribe se ha convertido en una cartuja, donde impera la austeridad, según un curtido periodista. Uribe, que tiene dos hijos, se levanta todos los días a las cuatro de la mañana y no para: en el mismo día se le puede ver en actos en diferentes puntos del país. Después de trabajar, lo que más le gusta es estar en el campo, en su finca, donde se ocupa de todo. Tiene fama de ser gran jinete y domador de caballos.

Por encima de todo, ha sido el hombre que ha golpeado como nadie antes a la guerrilla más vieja del mundo, a la misma que en 1983 asesinó a su padre. También ha sabido llegar a la gente con una potente maquinaria de comunicación política. Todos los sábados viaja a una zona del país a presidir los llamados consejos comunales, donde los vecinos intentan solucionar sus problemas con ayuda del presidente, que a veces reparte directamente cheques de ayuda a las familias de los programas sociales. Sabe ir directo al pueblo. Ésa es su gran baza para mantenerse en el poder.

Claroscuros
– Es el gobernante más popular de Latinoamérica, hasta el 91% de apoyo, según algunos sondeos.- Forzó una reforma de la Constitución para ganar un segundo mandato. Se sospecha que quiere repetir la operación.- Sus dos grandes logros: el descenso de la violencia común y los golpes a la guerrilla de las FARC.- Sus puntos flacos: los focos de pobreza extrema y tres millones de desplazados internos.

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