Actualidad Internacional

Los amigos abertzales de Hugo Chávez

Centenares de brigadistas de Askapena, una organización integrada en el Movimiento Nacional de Liberación Vasco (MNLV) del que ETA es la vanguardia armada, han visitado Venezuela invitados por asociaciones y coordinadoras oficialistas desde que Hugo Chávez llegó al poder en 1999. Los servicios de inteligencia españoles investigan desde hace años los viajes y relaciones de esta ONG cuyos dirigentes niegan cualquier relación con la banda, pero que en ocasiones se reúnen con jefes de ETA en Suramérica. Como cuando Unai Vázquez, viajó a Bolivia en 2005 junto a Ignacio Olaskoaga, ex miembro de ETA y antiguo responsable del aparato internacional de la organización terrorista, y visitó el Congreso invitado por Eduardo Novillo, presidente del Congreso. La delegación de Askapena se entrevistó con altos cargos del Gobierno de Evo Morales. «Allí los políticos son accesibles», explicó Vázquez. Olaskoaga, vive en Venezuela desde hace años y reside en Trujillo, al norte del país.

Juan Contreras, amigo del etarra Arturo Cubillas, funcionario del Gobierno de Chávez cuya detención ha ordenado la Audiencia Nacional, es el impulsor de estos viajes «solidarios» en los que, según explica, pretenden exhibir los avances de la revolución de Chávez. Su radio Al Son del 23, en el barrio 23 de enero, uno de los suburbios más pobres y conflictivos de Caracas, ha estrenado un nuevo mural en la fachada izquierda de acceso a la emisora fundada por la oficialista Coordinadora Simón Bolívar (CSB). «No a la extradición de los refugiados políticos vascos. Libertad para el pueblo vasco», dice el mensaje junto a una ikurriña y la imagen de un encapuchado. El flanco derecho está dedicado a Hamás con el dibujo de un yihadista armado y la frase: «Viva la revolución armada del pueblo palestino». Al Son del 23 es el altavoz de apoyo a los miembros de ETA refugiados en Venezuela. «Apoyamos a las organizaciones del pueblo vasco, no a ETA. La diferencia es importante», matiza Contreras, un hombre que acostumbra a pasear por el barrio embutido en camisetas con mensajes de apoyo a los etarras.

El despacho de Guadalupe Rodríguez, subdirectora de la radio, está decorado con un cartel de las Fuerzas Revolucionarias de Colombia (FARC) y los 26 trabajadores son voluntarios. «Aquí nadie cobra. Todo es por la revolución», asegura Guadalupe. Cuando se le pregunta por el mural de apoyo a ETA responde así: «Es un intercambio político. Aquí vienen muchas brigadas internacionales. Les llevamos a las misiones, a los consejos comunales. Les enseñamos nuestro trabajo». Los brigadistas de Askapena han visitado numerosos estados de Venezuela y se han reunido con sus representantes.

Lazos cada vez más firmes

Los lazos de la izquierda radical vasca y la Coordinadora Simón Bolívar de Contreras son cada día más firmes. Iñaki Gil de San Vicente, dirigente de Askapena, encabezó en el verano de 2008 la delegación que acudió al homenaje organizado por Contreras en Caracas a Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo, dirigente de las FARC muerto en un enfrentamiento con el ejército colombiano. En el barrio 23 de enero, feudo del chavismo más radical, inauguraron juntos una plaza y un busto en recuerdo al dirigente terrorista. Las banderas de Venezuela y la ikurriña adornan el entorno.

Gil de San Vicente no ha respondido a las preguntas que le envió EL PAÍS la semana pasada para que explicara la causa por la que aparecieron fotografías suyas en el ordenador de Raúl Reyes, el jefe de las FARC muerto en Ecuador en un ataque de ejército colombiano. En la imagen se observa a San Vicente y a Walter Wendelín, otro miembro de Askapena, sentados junto a Reyes. Documentos que investigó la fiscalía de la Audiencia Nacional señalan que los dos dirigentes de Askapena recibieron 5.315 euros para uno de sus habituales viajes a Caracas donde se instalaron en el hotel Hilton. Entonces acudieron a explicar las causas por las que ETA rompió su tregua.

«España es un Estado torturador y opresor», «Euskal Herria es una plaza militar en la que la democracia es un privilegio exclusivo del poder», «Debemos romper las alambradas de la plaza militar española en la que nos quieren recluir», son algunas de las frases predilectas de Gil de San Vicente en sus artículos y parte del discurso que propaga en sus viajes a Venezuela y otros países latinoamericanos. El pasado mes de diciembre el dirigente de Askapena visitó Caracas para asistir como delegado a la creación de la plataforma oficialista Movimiento Continental Bolivariano del que es miembro. San Vicente a los ojos de Juan Contreras y sus acólitos es un «auténtico revolucionario vasco». Askapena ha elogiado a Chávez «por la ternura y dignidad» con la que el presidente de Venezuela ha respondido al auto de la Audiencia Nacional en el que se pide la detención de Cubillas.

«Vienen con programas hechos y en autobuses con cortinas. No ven lo que pasa en Venezuela. Aquí les llamamos mochileros sin fronteras. ¿Cómo se puede ser antimilitarista y estar con Chávez? Con esa gente no hay posibilidad de discusión, viven en una burbuja», critica un miembro de la comunidad vasca en Caracas. «No tenemos nada que ver con ETA. Nunca se informa de nuestro trabajo de solidaridad. Se nos quiere criminalizar», responde por teléfono un miembro de Askapena.

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