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Masacre en EEUU: cobra fuerza teoría sobre crimen pasional

La conmoción y el dolor por la peor masacre estudiantil de la historia de los Estados Unidos crece a medida que surgen más detalles sobre el ataque.

Con el correr de las horas comenzó a cobrar más fuerza la teoría sobre un drama pasional como desencadenante de la tragedia producida por el hombre identificado como Cho Seung-Hui, informó hoy la policía.

Según dijo un estudiante de Taiwan en una entrevista con el canal taiwanés CTI, la matanza comenzó tras una pelea del asesino con su novia por una supuesta infidelidad. Cho mató a su pareja y a otro hombre que quiso mediar en la discusión.

El jefe de seguridad de la universidad, Wendell Flinchum, confirmó que en el momento del ataque, el asesino llevaba dos armas, una de 9 y otra de 22 milímetros.

Los análisis de balística indicaron que una de las pistolas fue usada en ambos tiroteos. No es una prueba definitiva de que Cho haya estado en los dos sitios, pero sustenta la hipótesis.

Luego de la masacre, se encontró una nota en la habitación de Cho en la que hablaba contra «los niños ricos», «el libertinaje» y «los falsos charlatanes» del campus. El texto es analizado por los investigadores y se convirtió en una pista clave del caso.

Testigos que presenciaron el hecho señalaron que uno de los brazos llevaba la siguiente inscripción en tinta roja: «Ismail Ax».

Los testigos relataron que el francotirador actuó con enorme frialdad y que recargó varias veces sus dos armas. Un experto comentó que el atacante tuvo que tener varias cajas de municiones. Una fuente del hospital señaló a su vez que los heridos tienen varios disparos cada uno.

Los ataques

En el primer ataque, ocurrido a las 7.15, el joven mató a dos personas en la residencia estudiantil Ambler Johnston. Dos horas más tarde, en el edificio Norris Hall, con salones de clase, ocurrió el segundo tiroteo, que dejó 31 muertos, incluido el atacante.

Sentimientos de histeria, ira, asombro, estupor se mezclaban en las afueras de la Universidad Tecnológica, situada a unos 425 kilómetros al sudoeste de Washington, mientras los funcionarios policiales trataban de reconstruir y encontrar la causa de la matanza.

Acto de conmemoración

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, calificó la masacre en la universidad Virginia Tech como «un día de tristeza para toda la nación», al encabezar una ceremonia póstuma en recuerdo de los muertos en la matanza.

«En este momento de angustia, espero que sepan que gente en todo el país está pensando en ustedes», dijo Bush, quien llegó al campus universitario acompañado po su esposa Laura, para rendir un tributo a las víctimas de la peor matanza en un centro de estudios en la historia estadounidense.

«Laura y yo llegamos hoy a Blacksburg con nuestros corazones llenos de pena. Este es un día de duelo para la comunidad de Virginia Tech y es un día de tristeza para toda nuestra nación», dijo el presidente, que ordenó también que las banderas ondeen a media asta hasta la noche del domingo en señal de duelo.

El acto se abrió con el himno nacional y las palabras de Zenobia Hikes, responsable del departamento de alumnos y del presidente de la universidad, Charles W. Steger. Luego, el primer mandatario se dirigió al auditorio.

Descartan el móvil terrorista

El FBI declaró que no había ningún indicio de que el tiroteo fuera un acto terrorista, sin embargo aclaró que toda hipótesis será objeto de una investigación.

No hubo detenidos hasta el momento pero trascendió que la policía interrogó a una persona a la que calificó de «interés».

Cho Seung Hui

Las autoridades a cargo de la investigación, encontraron en la habitación de Cho Seung Hui, un escrito de varias páginas en las que el asesino, haciendo referencia a muchos de sus compañeros, los calificó de «niños ricos», y se quejó del «libertinaje» y de los «charlatanes embusteros».

El estudiante asiático tuvo en los días previos a la masacre un comportamiento al que los demás estudiantes calificaron de «violento y aberrante». Hasta llegó a asediar a mujeres y prender fuego en una residencia de la universidad, dijeron los investigadores.

Cho, vivía en Estados Unidos desde 1992. Sus documentos de inmigración muestran que nació en Corea del Sur el 18 de enero de 1984 e ingresó al país el 2 de septiembre de 1992 por Detroit. El Departamento de Seguridad Nacional informó que Cho renovó su tarjeta de residente (conocida como la tarjeta verde o green card) el 27 de octubre del 2003.

En la universidad señalaron que el atacante vivía en una de las residencias del centro educativo, pero no se explican qué pudo llevarlo a cometer la mayor masacre civil en la historia reciente de EE.UU., con 33 muertos.

«Era un tipo solitario y estamos teniendo dificultad en obtener información sobre él», dijo el vocero de la universidad.

El departamento de psicología de la Universidad Tecnológica de Virginia indicó que algunos de los trabajos de redacción de Cho eran tan tormentosos, que le sugirieron buscar ayuda profesional. Como residente legal, Cho tenía derecho a adquirir un arma, dijo un funcionario federal de inmigración.

Desesperación de los familiares

Padres y amigos de las víctimas intentaban ayer obtener datos sobre la identidad de los jóvenes muertos y buscaban consuelo con los psicólogos instalados en el campus de la universidad.

«Primero nos dijeron que mi hija estaba en el hospital, pero cuando fuimos ella no estaba y después nada», dijo Grafton Peterson, de Centerville (Virginia), sin noticias de su hija Erin, de 18 años. «No sabemos si ella está muerta, viva, herida. No se sabe nada» explicó entre lágrimas su hermana, Mary Peterson.

Sólo algunas víctimas fueron identificadas, indicó Larry Hincker, vicepresidente de la universidad encargado de relaciones públicas.

Entre los extranjeros identificados, se encuentra el puertorriqueño Juan Ramón Ortiz, de 26 años, quien cursaba una maestría en ingeniería. A primera hora de ayer trascendió una información que aseguraba que un estudiante de origen salvadoreño se encontraba entre las víctimas. Ese dato luego fue rectificado por las autoridades locales al emitirse un primer informe preliminar.

Gerardo Flintsch, profesor uruguayo de la universidad estadounidense, manifestó su asombro por lo ocurrido. «Este siempre fue un lugar tranquilo y seguro, pero ahora está convulsionado. No puedo creer lo que ocurrió aquí».

«Acá no existen focos de tensión, los jóvenes viven entre las clases, sus habitaciones y el pueblo, pero casi todo su tiempo lo pasan dentro de la universidad. Por eso la convulsión es tremenda», agregó.

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