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McCain pasa al ataque y acusa a Obama de ser sólo una celebridad

¿Es arrogante? ¿Elitista? ¿Lo suficientemente patriota? ¿Una celebridad vacía como Paris Hilton? ¿Actúa como un presidente sin serlo? ¿Se olvida de Latinoamérica en sus giras? Son las preguntas que la campaña de McCain traslada a los votantes en una semana en la que el veterano senador de Arizona, que hace dos meses prometió una campaña «libre de ataques personales», ha empezado a desplegar sus armas.

El objetivo es neutralizar la reciente gira de Obama por Europa y Oriente Próximo. Y el mecanismo a utilizar, sencillo: si eso es lo que quiere el público, hablemos de Obama. Nadie comenta las propuestas de John McCain. Ni siquiera McCain. El propósito último de los republicanos es transformar el proceso electoral en un referéndum sobre la capacidad de Obama para dirigir el país.

Era difícil de negar el hecho de que Obama hubiera hablado ante 200.000 personas en Berlín, el evidente entusiasmo ciudadano que despertó el demócrata en Europa mientras McCain quedaba fuera de juego y aparecía visitando supermercados. Así es que el equipo de campaña del republicano decidió aceptar que Obama es una estrella e intentar utilizar ese éxito en su contra, burlándose de esa condición, si es necesario. El nuevo equipo de asesores de McCain, liderado por Steve Schmidt (antiguo asociado de Karl Rove, el gran estratega electoral de George Bush), está presentando a Obama como un personaje superficial, sólo preocupado por la imagen que transmite.

Dos anuncios del candidato republicano emitidos esta semana son la primera andanada. En Troops (Tropas) aparece un Obama sonriente jugando al baloncesto mientras, de fondo, una voz en off asevera: «Tuvo tiempo para ir al gimnasio pero canceló una visita con soldados heridos». Acusan al demócrata de haber suspendido en Berlín la visita a un hospital porque no podían entrar periodistas para inmortalizarlo.

La prensa norteamericana coincide en que los hechos son falsos. Tanto The Washington Post como The New York Times señalan que, aunque no se conocen las razones para cancelar la visita, el candidato demócrata jamás tuvo previsto acudir a ese hospital con la prensa. Las imágenes de Obama jugando al baloncesto ni siquiera son de Berlín.

Cuando todavía resonaban los ecos de Troops apareció Celeb, el verdadero golpe de efecto. En el anuncio aparece Obama aclamado por las masas entre imágenes de dos iconos de la prensa rosa, Paris Hilton y Britney Spears, famosas por nada y objeto de mofa reiterada por su nula talla intelectual. Mientras, en off, se escucha: «Él es la celebridad más grande del mundo… Pero ¿está preparado para gobernar?». El impacto ha sido brutal. Días después, las tertulias políticas siguen hablando sin cesar del anuncio.

El candidato republicano ha dicho que las campañas son «duras» y que está «orgulloso» del anuncio. No todos los republicanos están de acuerdo. Un estratega del partido, Andrea Tantaros, dijo en la cadena de televisión NBC que usar a Hilton en el anuncio era «infantil» y que McCain debería pasar más tiempo promocionando sus propuestas.

Obama respondió rápidamente a estos ataques con otro anuncio, The Low Road (Los golpes bajos). Su línea de defensa consiste en insistir en que la campaña de McCain es más de lo mismo, un modo de hacer política del que los ciudadanos están cansados. Pero también ha pronunciado unas palabras por las que se le ha acusado de introducir la cuestión de la raza en la campaña. «Intentan hacer que os asustéis de mí», dijo ante una multitud de seguidores el jueves en Misuri. «Ya sabéis, él no es lo suficientemente patriota, tiene un nombre raro, no se parece a todos esos otros presidentes de los billetes de dólar». La polémica estaba servida. ¿Estaba Obama acusando de racismo a McCain? Su portavoz declaró que no estaba hablando de su raza sino que se refería a que es alguien que no ha pasado décadas trabajando en Washington. McCain no ha dejado pasar la ocasión para acusarlo de juego sucio.

Mientras tanto, las encuestas siguen situando al candidato demócrata por encima, con una diferencia de entre uno y siete puntos. Obama ha conseguido mantenerse a pesar de haber pasado la semana pasada fuera del país, centrado en asuntos internacionales, en un movimiento que era más una inversión a largo plazo que una estrategia para subir en los sondeos internos. McCain aún no ha conseguido apagar el fulgor de la estrella.

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