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Millares piden la dimisión de Olmert

Decenas de miles de manifestantes colmaron ayer una plaza céntrica de Tel Aviv demandando la renuncia del primer ministro Ehud Olmert, presionado por la forma en que condujo la guerra contra Hezbolá en el Líbano el año pasado.

Pero Olmert permaneció desafiante y decidido a contrarrestar la ola de pedidos de su renuncia y a pesar de que el día anterior su popular canciller Tzipi Livni demandó su dimisión. Allegados al mandatario admitieron, sin embargo, que una campaña de protestas públicas multitudinarias podría derrocarlo.

La policía se negó a estimar la asistencia a la protesta de ayer, aunque la multitud parecía superar las 100,000 personas.

Los participantes procedían de todos los sectores israelíes –moderados y radicales, laicos y religiosos, jóvenes y mayores– una mezcla inusual que representó la gran insatisfacción con la gestión de Olmert.

Los organizadores de la protesta se manifestaron conformes, a pesar de que aún quedaba por ver si la expresión de enojo era suficiente para derrocar al primer ministro.

Los políticos no fueron autorizados a dirigirse a la multitud para darle a la protesta una naturaleza más popular, indicó Uzi Dayan, general jubilado y uno de los principales oradores. »No hay políticos aquí, pero este es un hecho político», expresó.

Los manifestantes llegaron desde diferentes ciudades de Israel, entre ellos 35 que caminaron cerca de 45 millas desde el sureño Sderot, un blanco frecuente de los ataques con cohetes de milicianos palestinos lanzados desde Gaza.

Edan Mehallel, de 16 años, llegó desde la ciudad portuaria de Haifa, en el norte del país, y dijo que sufrió los ataques de cohetes de Hezbolá durante la guerra y asistió a la marcha porque quiere cambios.

»Mientras más gente haya, más influencia tendrá la manifestación», sostuvo.

En oportunidades anteriores, cientos de miles de manifestantes han acudido a las protestas, y se consideraba que la cantidad de personas que participaban en esta representaría la magnitud del enojo popular.

La guerra comenzó el 12 de julio, cuando un grupo de terroristas de Hezbolá cruzó hacia Israel y mató a tres soldados y capturó a otros dos.

En 34 días de enfrentamientos murieron cerca de 160 israelíes y cayeron en el norte israelí alrededor de 4,000 cohetes de Hezbolá. Murieron asimismo unos 1,000 civiles y combatientes libaneses.

Para muchos israelíes, la guerra fue un fracaso porque no logró los dos objetivos principales que se había fijado Olmert: conseguir la liberación de los soldados, y aplastar a Hezbolá.

Algunos sondeos indican que el ex primer ministro Benjamin Netanyahu, líder del partido opositor Likud, ganaría si se realizaran nuevas elecciones anticipadas.

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