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Muerte de Fidel cierra un capítulo y divide opiniones de milenials cubanos

La muerte de Fidel Castro ha cerrado un capítulo en la vida de los milenials cubanos, la última generación de la isla que vio al líder en el poder y que asiste a su desaparición desde diversas posturas, una división que es fiel reflejo de cómo se ha recibido el deceso dentro y fuera de la isla.

En sus declaraciones a Efe, jóvenes y adolescentes cubanos -unos abiertamente y otros bajo el anonimato- confirman la polémica que rodea la figura del líder, odiado y querido con igual vehemencia, aunque todos coinciden en que su fallecimiento fue cuando menos «sobrecogedor» y «no por esperado, menos sorprendente».

«Me despertó un mensaje: ‘Fidel se murió’ y por un minuto largo me quedé en blanco. No soy ‘fidelista’ pero desde que tengo uso de razón ha sido una presencia constante. No estoy triste, no lo he llorado, pero sí entiendo que cerré un capítulo de mi vida, que no volverá», dijo Katia, de 31 años, una «niña del periodo especial».

Esta habanera, que ahora reside en Europa, emigró del país después de 2006, cuando el líder se retiró del poder debido a una enfermedad, aunque recuerda «como si fuera hoy» las «composiciones escolares sobre la Revolución» y especialmente sobre «el amigo Fidel», por lo que siente cómo ahora «sí esa etapa quedó atrás».

A otra cubana nacida en los 80, que prefirió no dar su nombre porque «ahora mismo en Cuba no se sabe cómo quedar bien», la muerte de Fidel la impactó «desde el punto de vista del simbolismo que encarna su figura».

«Desde que tengo uso de razón estoy escuchando su nombre y todo lo ‘bueno’ que él hizo por los cubanos y el mundo. También uno razona a medida que va creciendo y comienza a ver las cosas de otra manera, que bajo su ‘guía’ hubo cosas que se pudieron haber hecho mejor», reflexiona.

Eso sí, para bien o para mal según algunos, «él seguirá siendo un pedacito de Cuba, los cubanos y su historia», sentencia.

Xavier, de 28 años, lamenta «nunca haberlo conocido en persona» y asegura que «ha sentido muchísimo su partida».

«Fui a la plaza a verlo y aunque me molestó un poco que no estuvieran las cenizas, también fui al acto en la Plaza (de la Revolución en La Habana) y lo despedí cuando sus cenizas partieron a Santiago. Para mí es un gran hombre, comparable con José Martí».

Lisandra, periodista de la central Sancti Spiritus, recuerda la vez en que lo tuvo más cerca, durante una «tribuna abierta» en 2002 en su ciudad natal, cuando apareció ante ella «como lo habían descrito en la escuela: grande, de caminar seguro y verbo extenso».

«Su muerte llegó sin aviso y aunque ya hacía mucho tiempo que no estaba con frecuencia en público, no por ello dejó de ser impactante. Sobre todo para mi generación, que creció viendo que toda decisión tomada en el país pasaba por sus manos», dijo.

«Ahora, Cuba vivirá una etapa diferente», señala esta reportera, quien cubrió el recorrido de la caravana con las cenizas del líder a su paso por la localidad, y donde se percató de que «eran varias las generaciones que asistieron voluntariamente a despedir a un hombre que marcó la historia de una nación».

Desde que el pasado viernes el presidente cubano, Raúl Castro, anunciara la muerte de su hermano a los 90 años, las redes sociales se han convertido en una especie de campo de batalla donde especialmente los más jóvenes, dentro y fuera de fronteras, han intercambiado opiniones de forma más o menos encendida.

Desde vítores por la muerte del «dictador» hasta cambios de fotos de perfil con la imagen de Fidel, los partidarios y detractores del expresidente no han dudado en expresar sus opiniones encontradas.

«Es que no puedo entender cómo la gente sigue tan ciega», se pregunta Reinier, un usuario de 22 años, residente en Miami, que ha compartido en su cuenta de Facebook varios mensajes de alegría ante la noticia.

«Mal agradecidos» es la palabra con que los califica Alberto, de 25 años, quien vive también en EE.UU. y «siente no haber estado en Cuba en estos momentos».

O como opina Manuel, Fidel Castro hasta para morir «lo hizo cuando quiso». Para él, asegura, «no hubo ni alegría ni tristeza».

«En lo profundo quedará un vacío, su lugarcito en mí, pero ya lo llenaré con sueños de una isla con gente feliz. No rica, no capitalista, pero libre de soñar y abrir sus alas», concluyó.

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