Actualidad Internacional

Pide Papa fin de las guerras

El papa Benedicto XVI exhortó hoy a los jóvenes a no perder el tiempo, caer en la droga y en la vanidad y a no seguir la «desmesurada» moda de la imagen para impresionar.

El Papa se reunió en Asís con más de 10 mil jóvenes en el último acto de su visita a la localidad italiana donde nació San Francisco y donde conmemoró el octavo centenario de la conversión del «Poverello» (el Pobrecito) , como es conocido.

Poniendo como ejemplo a San Francisco, el Papa Ratzinger recordó que antes de la conversión el santo de Asís gastaba todo lo que tenía en fiestas, comidas y diversiones con los amigos que duraban días y noches, que era vanidoso, ambicioso y tenía sed de gloria y aventuras.

«¿De cuántos muchachos de hoy día no se podría decir lo mismo?» , se preguntó el Papa, que señaló que ahora, sobre todo los fines de semana, no faltan iniciativas en ese sentido, muchas ellas incluso virtuales, por internet.

Benedicto XVI se refirió también a la vanidad, la búsqueda de ser «diferente» , que dijo afecta un poco a todos.

El Obispo de Roma denunció la «búsqueda de la imagen» que se ha impuesto en la sociedad para «tener un mínimo de éxito y relacionarnos con los demás», al afirmar que si en cierta medida puede expresar un inocente deseo de ser bien acogidos, «también insinúa el orgullo, la búsqueda desmesurada de uno mismo».

Benedicto XVI dijo a los jóvenes que al igual que sucedió a Francisco, ese tipo de vida no da la alegría que busca el hombre.

«Corremos el riesgo de pasar toda una vida siguiendo voces vacías y dejando escapar la única voz que cuenta, la que salva. Nos conformamos con fragmentos de verdad y nos dejamos seducir de verdades que sólo son tales en apariencias. Nos encontramos en un mundo contradictorio que a pesar de sus bellezas nos desilusiona con su banalidad, injusticias y violencias. Sin Dios, el mundo está perdido» , afirmó el Papa.

Además, pidió a los jóvenes que no tengan miedo de imitar a Francisco y que se dejen encontrar por Cristo, «en el que no sólo hay un ser humano fascinante sino que también es Dios hecho hombre, el único salvador».

Benedicto XVI les animó a no tener miedo a aceptar la vocación sacerdotal, «vital para el pueblo de Dios».

El encuentro con los jóvenes puso fin a la visita de Joseph Ratzinger a Asís, la primera como Pontífice, donde ante la tumba de San Francisco hizo un «apremiante y afligido» llamamiento para que «callen las armas y cesen todas las guerras en el mundo» , y dijo que el «Espíritu de Asís» se opone al «abuso de la religión como pretexto para la violencia».

En el mismo lugar donde Juan Pablo II reunió a líderes de todas las confesiones religiosas del mundo en tres ocasiones para implorar la paz, Benedicto XVI manifestó también que el auténtico diálogo interreligioso nada tiene que ver con las «tentaciones de indiferencia religiosa».

«Es un deber para mí lanzar desde aquí un apremiante y afligido llamamiento para que cesen todos los conflictos armados que ensangrientan la Tierra, que callen las armas y en todas partes el odio ceda al amor, la ofensa al perdón y la discordia a la unión» , afirmó con más vehemencia que en otras ocasiones el Papa teólogo.

Ante varias decenas de miles de personas, entre ellas el presidente del Gobierno italiano, Romano Prodi, Benedicto XVI agregó que todos los presentes «sentimos a los que lloran, sufre y mueren debido a la guerra y a sus trágicas consecuencias en todas las partes del mundo».

Ratzinger manifestó que pensaba particularmente en Tierra Santa, «tan amada por san Francisco» , en Irak, Líbano y en todo Oriente Medio.

También subrayó que «por desgracia» las poblaciones de esos países conocen desde hace tiempo «los horrores de los combates, del terrorismo y de la ciega violencia, la ilusión de que la fuerza pueda resolver los conflictos y el rechazo a escuchar las razones de la otra parte y de hacer justicia».

El Papa dijo que «sólo un diálogo responsable y sincero, apoyado generosamente por la comunidad internacional, podrá poner fin a tanto dolor y devolver vida y dignidad a las personas, instituciones y pueblos».

Asís, con el paso de los años, se ha convertido en símbolo de paz.

Juan Pablo II convocó en tres ocasiones a esa ciudad a los líderes de las diferentes religiones para invocar la paz.

La primera fue en 1986, la segunda en 1993 -en plena guerra de los Balcanes- y la última en enero de 2002, pocos meses después del derribo de las Torres Gemelas de Nueva York por un atentado.

«El espíritu de Asís se opone a la violencia, al abuso de la religión como pretexto para la violencia. Asís significa que las propias convicciones religiosas y la fidelidad sobre todo a Cristo no se expresan con violencia e intolerancia, sino en el respeto del otro, en el diálogo, en la libertad y en la razón y en el compromiso por la paz y la reconciliación» , afirmó el Papa.

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