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Principales aliados rusos se desmarcan de Putin y acuden en ayuda de Ucrania

Kazajistán, uno de los principales aliados de Rusia, reanudó hoy la cooperación militar con Ucrania, a la que prometió vitales suministros de carbón, después de que la víspera el líder de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko, visitara Kiev.

«Reanudaremos la cooperación militar en su totalidad», dijo a la prensa Petró Poroshenko, el presidente ucraniano, tras reunirse en Kiev con su colega kazajo, Nursultán Nazarbáyev.

Poroshenko adelantó que en este caso no es Ucrania la que importará armamento para hacer frente a los separatistas prorrusos, sino que ayudará a la república centroasiática a fortalecer su defensa nacional.

A cambio, Nazarbáyev anunció el acuerdo para exportar carbón a Ucrania, que sufre graves problemas de suministro, ya que la mayor parte de las minas hulleras se encuentran bajo control de los separatistas prorrusos en las regiones de Donetsk y Lugansk.

Ese carbón procederá de la cuenca hullera de Ekibaltuz, situada al noreste del país, no lejos de la frontera rusa, explicó el líder kazajo, quien reconoció que debido a la guerra los intercambios comerciales disminuyeron este año tras duplicarse entre 2010 y 2013.

Hasta hace poco, Rusia era el principal exportador de carbón con destino a Ucrania, país que se encuentra al borde de la suspensión de pagos y ha pedido a Occidente nuevos créditos para evitar la quiebra.

Un 47 por ciento de la energía eléctrica ucraniana es producida por centrales nucleares, mientras el resto proviene de plantas termoeléctricas, que necesitan carbón para su funcionamiento, hidroeléctricas y de otras fuentes alternativas.

Debido a los problemas energéticos, que incluyen también la drástica reducción de las importaciones de gas ruso, el Gobierno ha decidido suspender el alumbrado público de calles, edificios y carteles publicitarios durante el invierno.

En el plano político, Nazarbáyev expresó durante la reunión con su colega ucraniano su disposición a mediar en el conflicto en el este de Ucrania y aseguró que la senda de la confrontación y las sanciones «es un camino hacia ninguna parte».

«Me dirijo a Rusia y Ucrania para que piensen en encontrar un compromiso para salir de la crisis, mantener la integridad territorial de Ucrania, ya que la situación en el Donbass es un sinsentido», dijo.

Aseguró que Ucrania debe y puede restablecer las relaciones comerciales con Rusia, «su principal socio», pero matizó que «Ucrania está cerca de Europa», por lo que firmar un Acuerdo de Asociación con la UE «es perfectamente comprensible», lo que se contradice con la postura del Kremlin.

Seguidamente, el Kremlin anunció hoy que el presidente ruso, Vladímir Putin, abordará esta misma tarde en Moscú la pacificación de Ucrania con el líder kazajo.

Desde el estallido de la crisis ucraniana, Nazarbáyev defendió la integridad territorial e independencia de Ucrania y, pese a la anexión rusa de la península de Crimea y las aspiraciones independentistas de los rebeldes prorrusos, criticó el separatismo.

Esa fue también la postura de Lukashenko, quien efectuó ayer una visita relámpago a Kiev, donde expresó a Poroshenko su intención de reforzar la cooperación en todos los ámbitos y abogó por reanudar cuanto antes las negociaciones con los separatistas en Minsk.

En cambio, su visita a Kiev no fue bien vista por éstos, quienes pusieron hoy en duda la neutralidad de Bielorrusia como anfitrión de futuras negociaciones entre Kiev y los separatistas, que firmaron el 19 de septiembre en Minsk un Memorándum de Paz.

Tanto kazajos como bielorrusos han mantenido siempre una postura distante en relación con la activa injerencia rusa en Ucrania, que le ha costado a Moscú importantes sanciones económicas internacionales.

«Nazarbáyev se ofrece a mediar. Lukashenko ya es un mediador, ya que ofreció su territorio para las negociaciones (…), estos países quieren distanciarse de Rusia en favor de la neutralidad», dijo Alexéi Makarkin, politólogo ruso, a la agencia Interfax.

En su momento, Lukashenko se negó también a reconocer la independencia de las regiones separatistas georgianas de Abjasia y Osetia del Sur, que lograron la secesión gracias a la intervención militar rusa.

Mientras, en Kazajistán no son pocos los que temen al nuevo expansionismo ruso, ya que ese país cuenta con una numerosa minoría rusa, que representa casi un tercio de la población, lo que obligó a Nazarbáyev a trasladar la capital de Alma Atá a Astaná.

Es lo que el Kremlin llama el «mundo ruso», una especie de espacio vital que incluye a todo el espacio postsoviético, incluidas las repúblicas bálticas, miembros de la OTAN desde 2004, pero que cuentan con importantes minorías rusohablantes.

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