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Vivir al lado de la valla EE.UU./México

En Estados Unidos se lleva a cabo un intenso debate sobre qué hacer sobre la inmigración ilegal. El Senado está a punto de abordar el tema, por medio de un controvertido proyecto de ley que podría llevar a la construcción de 1.130 kilómetros de vallado a lo largo de partes de la frontera con México.

La gente que vive del lado oeste de la frontera, al sur de San Diego, ya ha estado viviendo con una barrera por los últimos 16 años.

Una serie de paneles de hierro oxidados separan esta parte de EE.UU. de México. Del lado estadounidense de la frontera muchas personas lo llaman «el alambrado».

Muriel Watson, quien fue la principal responsable de que se construyera la barrera, dijo que antes de que fuera montada en 1990, esta parte de la frontera esta totalmente abierta.

No había nada aquí. Había algunas luces más allá que eran parte de esa carretera mexicana, pero como puede ver aquí es todo campo abierto, y cuando bajaba el sol se desataba el caos».

Cientos, y a veces miles de inmigrantes ilegales cruzaron por aquí para ingresar a California del sur -mexicanos y centroamericanos huyendo de la pobreza y el desempleo en sus países.

Watson decidió entrar en acción y en 1989 organizó un movimiento llamado Light up the Border (Iluminar la Frontera).

Decenas de simpatizantes llegaron en sus autos al desierto.

Prendieron sus faros, echando luz sobre la situación. Los medios y el Congreso rápidamente tomaron nota. En el plazo de un año se había instalado la barrera.

Señal de respeto

«Sabíamos que no iba a parar todo. Pero fue la primera vez en la historia que alguien supo donde estaba realmente la frontera internacional -sabrían si la cruzaban que estaban violando la ley. De modo que eso era importante», dijo Watson.

Ahora hay luces de estadio instaladas y hay 10 veces más agentes vigilando la frontera que en 1990. Los cruces ilegales en esta parte de la frontera han bajado drásticamente.

Para Watson, viuda de un ex jefe de patrulla fronteriza, la valla es una señal de respeto.

«El alambrado te dice que ese es tu lado y este es nuestro lado. Si quieres violar eso, es tu decisión, pero es nuestro derecho decir que hay un alambrado», afirmó.

«Los buenos vecinos tienen buenos alambrados… Nadie se molesta por un alambrado, es estrictamente una línea de demarcación y de respeto por los dueños de cada lado».

Con el paso de los años se ha agregado más alambrado a esta parte de la frontera. Ahora se estira unos 40 kilómetros, desde las montañas Tecate hasta el Océano Pacífico.

Del otro lado

En Tijuana, unos niños juegan en las playas arenosas.

Este el punto más extremo del norte de México -y para el caso, de toda América Latina. Aquí, la divisoria se conoce como «el muro».

En las últimas semanas, EE.UU. ha estado reconstruyendo la valla metálica, que se ha desgastado por el aire de mar.

La nueva divisoria está hecha de vías de ferrocarril clavadas profundamente en la arena, que se alzan unos seis metros en el aire.

Y donde se juntan la vieja barrera con la nueva, hay un espacio vertical que permite el cruce de la línea.

A plena luz de día, pequeños grupos de mexicanos lo atraviesan. Una pequeña toma la mano de su madre y ambas toman un paso para ingresar a EE.UU. Un jubilado llamado Enrique Manzo también lo probó.

Dijo que es la primera vez que ha pisado tierra estadounidense. Manzo, quien se encuentra en Tijuana visitando a familiares, agregó que no podía esperar volver a casa para contarle a su hijo sobre este momento increíble.

Rutas peligrosas

La mayoría de las personas afirmaron estar felices de vivir en su propio país. No tenían motivos para gestionar una visa, así que por un breve momento cruzaron la barrera ilegalmente.

Pero para algunos esta no es la primera vez.

Alicia Flores explicó que cruzó la frontera ilegalmente hace unos años. Sus contrabandistas la llevaron por un agujero en la valla en esta misma playa.

Trabajó por seis años en California y luego regresó a México. Ella cree que la barrera genera división.

Antonio Ortega se apoya sobre la valla. La llamó un monumento al racismo estadounidense.

«Los más fuertes muestran su poder con cosas como esta pared, pero no previene que la gente cruce», señaló.

«La mayoría ahora toma las rutas peligrosas a través del desierto o sobre las montañas».

Ortega mismo ha realizado el difícil viaje. Luego de 11 intentos fallidos finalmente logró ingresar a EE.UU.

Tema de campaña

Pero no todos del lado mexicano tienen opiniones igual de fuertes.

Más al este está la ciudad fronteriza de Mexicali.

El jubilado contador Francisco Pérez dijo que la gente en esta parte de la frontera también ha vivido por años con una barrera que los divide, pero para él no es una cuestión de importancia.

«No me afecta porque he tenido buen trabajo aquí. Además, nunca pienso en ir a vivir a EE.UU.», afirmó.

Como muchos mexicanos que viven en comunidades fronterizas, Pérez tiene una visa especial que le permite entrar a EE.UU. legalmente cuando quiera.

Él no piensa que construir más barreras resolverá el tema de la inmigración ilegal de México. Pero sí espera que la retórica política continúe a ambos lados de la frontera.

Es una creencia certera. EE.UU. tendrá elecciones legislativas en noviembre. Los mexicanos elegirán un nuevo presidente en julio.

Y la inmigración es un tema de campaña en ambos países.

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