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Cada vez se hunde más la relación Venezuela – Colombia

Las relaciones entre Venezuela y Colombia van cuesta abajo. Cada vez peor. El último incidente armado en la frontera amazónica entre ambos países, que dejó un saldo de tres militares de la Guarda Nacional Bolivariana (GNB) muertos y otros 10 heridos, marca el primer incidente armado entre ambas naciones en la era del nuevo mandatario colombiano Iván Duque, que se estrenó en agosto en el cargo y quien se ha revelado como un opositor absoluto del presidente venezolano Nicolás Maduro.

El siniestro ocurrió el domingo 4 de noviembre, en el estado Amazonas.

Esta confrontación se suma a la ya caliente relación producto de la inmigración venezolana que huye del país producto de la crisis económica -según los organismos migratorios colombianos en los últimos meses han traspasado las fronteras más de 1 millón de venezolanos-, y es el último apéndice que una relación que se viene deteriorando desde que en el Palacio de Nariño gobernaba Álvaro Uribe y en el de Miraflores lo hacía Hugo Chávez.

Según las autoridades venezolanas, el enfrentamiento fue con paramilitares colombianos. Pero la oposición venezolana y los medios del país vecino  afirman que son miembros de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), la segunda más grande luego de la desmovilizada Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), con la cual el Estado neogranadino tiene una guerra desde hace unos 60 años.

El conflicto armado colombiano ha generado poco menos de 300 mil muertos, unos 100 mil desaparecidos y millones de desplazados, de los cuales unos 6 millones están en Venezuela, país que tiene décadas sufriendo los rigores de dicho conflicto, pues no solamente se trata de los desplazados producto del enfrentamiento de las fuerzas armadas colombianas con las guerrillas, sino de la huída de la población porque el poderoso negocio del narcotráfico les hace abandonar sus tierras, una de las mayores industrias del planeta ya que Colombia es el mayor productor de cocaína del mundo, sino por otra arista de ese problema que es el paramilitarismo que eleva el nivel de violencia a un punto atroz.

Todo ello sin contar con la millonaria industria del contrabando de combustibles, alimentos y otros bienes que ha hecho afirmar a las autoridades venezolanas que 60% de su producción se escapa hacia el lado colombiano y que forma parte de la guerra económica que vive el país.

Endurecimiento

Tras el asesinato de los efectivos militares venezolanos, Maduro prometió a sus familiares que no descansará hasta dar con los responsables, ordenó reforzar la seguridad en la frontera, capturar a los responsables  “neutralizar” a los grupos armados que ingresen desde Colombia.

Además, le envió un mensaje a “todos los irregulares y grupos armados” colombianos que traspasan la frontera hacia este país. «He decretado tolerancia cero con los grupos que quieran traer la guerra de Colombia a territorio venezolano, y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana tiene que hacer armas y neutralizar y acabar con todos esos grupos que quieran traer esa guerra (…) para acá», sostuvo.

Por su parte, el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, pidió a la Fuerza Armada «firmeza» y no dudar en emplear la fuerza cuando se vea agredida la «integridad territorial» del país.

Aunque Padrino López también advirtió a sus subalternos no dejarse provocar ni caer en trampas pues pareciera que este ataque  puede formar parte de una estrategia para buscar una escalada de la violencia fronteriza.

«Pido a la fuerza armada mucha prudencia porque por supuesto que allí está la estrategia, provocarnos, para producir un falso positivo en frontera y desarrollar una escalada más intensa, no lo permitamos”, declaró a la prensa tras el incidente.

Contra el “déspota”

El tono de la reacción de Colombia no fue menos duro tras el hecho. Las autoridades neogranadinas, que no reconocen la legitimidad ni la credibilidad de Maduro, a quien califican de “dictador”, “déspota” y “tirano”, y afirman que seguirán trabajando con varios gobiernos de la región para sacar a Maduro del  gobierno, aseguraron que no cerrarán la frontera, producto de la emigración de venezolanos y están dispuestas a colaborar para esclarecer el incidente en el Amazonas.

«Seguiremos acogiendo a los hermanos que siguen huyendo de la dictadura, de una dictadura que ha aniquilado todas las oportunidades de desarrollo empresarial y que se ha usurpado todos los poderes públicos a favor del gobernarte (Nicolás Maduro), del déspota, del tirano», dijo Duque, según declaraciones difundidas por la emisora local RCN Radio.

Por su parte el canciller neogranadino, Carlos Holmes Trujillo, si bien afirmó que su país cooperará para esclarecer el incidente militar y hallar a los responsables, también afirmó que su país mantendrá las acciones contra el Gobierno de Venezuela en conjunto con otros países.

«No se puede ignorar que la razón de fondo de esta crisis migratoria es esencialmente política; el régimen actual ha desmontado el Estado de Derecho en Venezuela y ha conducido a su economía al colapso», dijo Trujillo, según declaraciones difundidas por la Cancillería de Colombia.

Y afirmó que «(su) legitimidad y credibilidad no (la) reconocemos ni (la) vamos a reconocer», aseguró el funcionario colombiano en relación con el Gobierno de Nicolás Maduro.

Unos días después del ataque en Amazonas y el reforzamiento de la frontera por parte del Ejército venezolano, el gobierno de Duque emitió un comunicado para protestar una incursión militar de la GNB en su territorio, que acusaron de “violatorias de su soberanía”.

Como se nota el nivel de las relaciones entre Venezuela y Colombia se deteriora con el paso de las semanas y no pareciera que se vayan a recomponer al menos en el mediano plazo.

Paramilitarismo, guerrilla y minería

Mientras Venezuela afirma que el enfrentamiento del 4 de noviembre fue con paramilitares, rechaza la incursión de cualquier grupo armado colombiano en su territorio, califica de escandalosa la suspensión de los diálogos con el ELN e instó al gobierno de Duque a retomarlos, desde la oposición nacional y colombiana se asegura que el enfrentamiento fue con los terroristas del ELN.

«Según la información pública oficial expresada por el Ministro de Defensa de Venezuela, estos lamentables hechos habrían ocurrido como represalia a la captura de 9 personas, entre las que se encuentra el ciudadano colombiano Luis Felipe Ortega Bernal, quien es un reconocido cabecilla del ELN, cuyo prontuario delictivo le mereció circular azul por parte de Interpol, por múltiples delitos cometidos en nuestro país», afirmó la Cancillería neogranadina.

Diputados opositores de Venezuela como Américo de Grazia y Andrés Velázquez acusan el gobierno de Maduro de permitir la presencia de los guerrillero en Venezuela, que se han apoderado del negocio del Arco Minero y que en octubre causó otro incidente en el cual murieron siete personas  en Tumeremo, en el estado Bolívar.

Padrino López parece reconocer la relación entre ambos hechos violentos al sur del país cuando afirmó que «ya se ve, desde hace unos días, porque son varios acontecimientos que han ocurrido, en Guayana, en Táchira la semana pasada, donde también hubo detención de grupos armados, de detención y también de represalias» y rechazó que desde Colombia se quiere calificar a Venezuela de “Estado paramilitar”.

Por su parte, el constituyente venezolano, Julio Chávez afirmó a Sputnik que el incidente en Amazonas es una estratega para interferir en las elecciones locales del 9 de diciembre y crear una situación de incertidumbre ante la próxima toma de posesión de Maduro el 1º de enero. Agregó que Colombia usa el narcotráfico y el paramilitarismo como armas para perjudicar a Venezuela.

Afirmó, además, que el mayor peligro para Venezuela  es que Colombia por ser socio de la de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), es un caballo de troya de Estados Unidos en la región.

Si los culpables de los incidentes de Bolívar y Amazonas son guerrilleros o paramilitares, está por confirmarse, lo cierto es que son grupos irregulares armados colombianos que operan en  nuestro país dejando numerosos muertos, perjudican nuestra producción y suman elementos negativos a la muy deteriorada relación entre Venezuela y Colombia que está muy lejos de componerse.

Al contrario, en este momento es casi nula la posibilidad de un acercamiento entre los gobiernos de ambas naciones que están obligadas a convivir y tienen en común una frontera caliente de más de 2.000 kilómetros.

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