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23 de enero de 1958 vs 23 de enero de 2019, ¿vuelve a despertar el pueblo? 

Vuelven a calentarse las calles en un país en el que protestar puede valernos la vida o la privación de la libertad. Nuevamente se alzan las voces en una Venezuela que no quiere rendirse. Un país que vuelve a encontrarse de frente con la represión, la manipulación de los poderes públicos y el ejercicio del poder, desconociendo la voluntad popular y la soberanía de un pueblo. 

Hemos sido víctimas constantes de caudillos y dictadores quienes para mantenerse en Miraflores han violado todas las leyes de la República. Gobiernos militares que han apostado a la realización de elecciones manipuladas para convertirse en gobiernos omnipotentes que se erigen sobre la cleptocracia, la burocracia y la corrupción.

Hoy 23 de enero de 2019 recordamos una fecha histórica para el país, en virtud de que hoy también muchos venezolanos salen a las calles a clamar por justicia y por una nueva conquista de su libertad y de la recuperación del orden constitucional.

El artículo 5 de la Constitución reza: La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público. Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos.

23 de enero de 2019 vs 23 de enero de 1958

Hoy 23 de enero de 2019, en algunas zonas de los sectores populares de la capital y de varias regiones del país se produjeron protesta. La Asamblea Nacional (AN) que rige la legitimidad del Estado es desconocida por un gobierno que se niega a dar paso a otros opciones que la sucedan en el poder.

La Asamblea Nacional (AN) eligió el pasado 5 de enero  al diputado de Voluntad PopularJuan Guaidó, como nuevo presidente del órgano legislativo. Esa misma Asamblea Nacional que ha sido declarada en “desacato” por parte del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en Venezuela, decidió declarar al presidente Nicolás Maduro en “abandono del cargo” y apegarse a los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución Nacional con el fin de abrir el proceso de transición política en Venezuela.

Sin embargo, el 10 de enero de 2019, el presidente Nicolás Maduro renovó su segundo mandato e hizo caso omiso a las advertencias de varios países de la comunidad internacional como el Grupo de Lima, Estados Unidos o la Unión Europea, y a la Asamblea Nacional, órgano al que desconoce y que lo declaró como “usurpador” en el cargo.  La sociedad civil venezolana, en rechazo a la toma del poder por parte de Nicolás Maduro, decidió brindar el apoyo necesario a Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional y pide que se declare como presidente interino de Venezuela. 

Un descontento similar suscitó el 23 de enero de 1958.  El régimen de Marcos Pérez Jiménez, que gobernaba a Venezuela desde 1948, suprimió las libertades individuales y políticas a través de la censura a los medios de comunicación, la represión de la protesta y el encarcelamiento y asesinato de miles de disidentes. 

El 14 de noviembre de 1957, Pérez Jiménez anunció al Congreso que sustituiría las elecciones presidenciales previstas para ese año por un plebiscito en el que preguntará a los electores si desean que su mandato sea extendido por cinco años, lo cual generó un gran descontento en sectores políticos, sociales y militares.

El 15 de diciembre de 1957 se realizó el plebiscito convocado en el que los resultados oficiales ofrecidos por el Consejo Electoral dieron, tal como se esperaba, la victoria al presidente Pérez Jiménez «quien obtuvo un total de 2.374.790 a favor y 364.182 en contra», resultados que extenderían su mandato hasta 1963. Distintos sectores del país lo calificaron como «un fraude y desconocieron los resultados».

En consecuencia, el 21 de enero de 1958 inició una huelga general en la que estudiantes y civiles se enfrentaron a policías en diferente lugares de Caracas y el interior del país.  Las revueltas se mantuvieron hasta que se produjo una rebelión en los cuarteles comandada por oficiales de varios componentes de la Fuerzas Armadas.

La madrugada del 23 de enero, las Fuerzas Armadas decidieron retirar el apoyo al presidente Marcos Pérez Jiménez y lo obligaron a abandonar el Palacio de Miraflores. Desde el aeropuerto de La Carlota en Caracas, Pérez Jiménez  huyó  hacia República Dominicana en el avión presidencial, conocido como la «Vaca Sagrada». Civiles y militares tomaron las calles de Caracas y varias ciudades del país para celebrar el fin de la dictadura en Venezuela.

Cuando la tiranía se hace ley, la libertad es un derecho

Simón Bolívar 

Cómo recuperar el Estado de Derecho en Venezuela

En procesos de dictaduras con modelos totalitarios, escuchamos decir que «no hay Estado de derecho» por muchos de los parlamentarios y personeros de la política nacional. Pero, ¿a qué se refieren exactamente? Según el constitucionalista, Allan Brewer Carías, el «Estado de Derecho implica la sumisión del Estado, de los individuos y organizaciones sociales al ordenamiento jurídico».

La Constitución Nacional, señala Carías, es la que define los valores superiores del pueblo, al igual que «(…) la actuación del Estado: la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social, la ética y el pluralismo político. Estos valores deben informar el ordenamiento jurídico y guiar la actuación del Estado».

Allan Brewer Carías/Foto:Álvaro Mata

Para Brewer Carías, «el Estado de Derecho es el Estado sometido al imperio de la Ley, es decir, el Estado sometido a la legalidad».

Sin embargo, en un país en el que se violan constantemente las leyes y se burla su legitimidad en beneficio del poder y del enriquecimiento ilícito, obviamente se pierde el Estado de derecho y el orden constitucional. Retomarlos sólo es posible por medio de la vía constitucional y bajo la celebración de elecciones transparentes y participativas.

«El Estado de Derecho encierra un orden axiológico; es ante todo un garante de las libertades públicas y la seguridad jurídica», señala Carías. Por lo tanto, donde no se respeta el orden constitucional, ni hay garantías para que exista el Estado de derecho, tampoco se respetará la voluntad del pueblo, sus libertades, sus derechos y sus deberes, ingredientes propios de las dictaduras y los modelos políticos marcados por el totalitarismo. En Venezuela, la división de los poderes públicos y la democracia participativa han quedado restringidas a la voluntad del Poder Ejecutivo. 

Las dictaduras y las neo – dictaduras 

La Venezuela en la que se había instaurado una dictadura como la de Marcos Pérez Jiménez, obedecía a una corte autoritarista – militarista, que funcionó bajo el lema del «Nuevo Ideal Nacional». Se caracterizó por la toma del poder mediante la construcción de importantes estructuras arquitectónicas, el progreso económico y social, basados en el aumento de producción y precios del petróleo; pero también bajo la represión, la tortura, y la persecución de aquellos quienes se atrevieran a disentir.

 Inauguración Caracas – La Guaira/Inauguración Hotel Humboldt

Con Pérez Jiménez, en 1953 el Congreso aprobó una nueva Constitución Nacional en la cual se le cambió el nombre al país a «Estados Unidos de Venezuela», el nombre que tenía desde 1864 a República de Venezuela y se suprimieron algunos derechos sociales establecidos en la Constitución de 1946.

En 1998, la victoria del tenientecoronel Hugo Chávez como presidente de Venezuela le dio carta aval para la apertura de un proceso político en Venezuela que fue catalogado como «Revolucionario», porque comenzó erigiéndose sobre ideales marxistas, en los que la línea entre el socialismo y el comunismo castrista  fue difuminándose, para dar paso a lo que hoy se cataloga, según los especialistas como «una de las peores neo- dictaduras» de América Latina.

Luego del fallecimiento de Chávez, su sucesor en el poder, Nicolás Maduro Moros, quien ejercía como vicepresidente de la República,  tras ganar las elecciones del año 2013,  aunque según críticos del gobierno las mismas«fueron amañadas por un fraude electoral» por parte del CNE. 

Imagen cortesía de El Venezolano

La propuesta central de lo que se considera una neo-dictadura liderada por Nicolás Maduro, se enfoca en una Asamblea Nacional Constituyente que prometió «resolver los problemas del país». Según Allan Brewer Carías, lo que busca el gobierno revolucionario, «(…) está en la creación del Estado Comunal, y eso es una reforma constitucional, que es un fraude porque fue rechazado en el 2007″.

Se refiere a la propuesta de reforma constitucional que Chávez planteó y que fue rechazada en el Referéndum de 2007, y que ahora Maduro «(…) busca con esta propuesta perpetuarse en el poder a través de un `mecanismo constitucional` contrario a todos los principios del Estado democrático».

El constitucionalista asegura que el gobierno de Nicolás Maduro busca crear un estado comunal sin consultar al pueblo para «eliminar la democracia representativa», porque…

(…) ese proyecto no está montado sobre el voto sino sobre una supuesta participación protagónica del pueblo en organizaciones comunales controladas por un ministerio del Poder Ejecutivo. Eso no es participación, sino una conducción centralizada desde el poder. Eso es resucitar los «soviets», 100 años después. 

Para Rafael Arráiz Lucca, ensayista, poeta, e historiador venezolano, el modelo económico venezolano «es un híbrido».

«Es un híbrido. No se ha acabado con la propiedad privada completamente, pero se ha hostigado durante distintos momentos a la empresa privada». Arráiz Lucca asegura que los funcionarios del gobierno «(…) tendrán que buscar acuerdos de convivencia con los empresarios. No hay otro camino».

Muchos sistemas comunistas y socialistas reconocen y aceptan la inversión de capitales extranjeros y el libre mercado en sus economías. «(…) ellos saben que sin propiedad privada no hay ninguna posibilidad de desarrollo. La nueva Constitución de Cuba consagra la propiedad privada a partir de los primeros meses del año 2019.»

 

¿Es una dictadura, que puede compararse a las dictaduras que ha vivido Venezuela en el siglo XX? ¿O es un nuevo modelo de dictadura?

Algunos politólogos hablan de Neo-dictadura o de Dictaduras de Nuevo Tipo. A mi me parece que en Venezuela la democracia no está funcionando a cabalidad porque la separación de poderes no es tal. Los poderes no son autónomos. De hecho, el Poder Ejecutivo ni siquiera reconoce al Legislativo. Tampoco observamos los equilibrios que toda democracia requiere para funcionar plenamente.

¿Qué opinión le merece la figura de Nicolás Maduro en el poder? Si no es un caudillo, ¿qué es para usted?

Tengo la impresión de que el gobierno es un archipiélago de intereses, que hay varios sectores en el chavismo. Unos más radicales que otros, y pareciera que a la hora de las decisiones pesa más el radical que el más cercano al centro. Pero la realidad es terca y la caída de la producción petrolera va a traer definiciones dentro del gobierno. No sé hacia dónde, pero es seguro que vendrá un re-acomodo en el archipiélago. Maduro, como la gran mayoría  de los gobernantes de Venezuela, sabe poco de lo más importante: la economía. Supongo que escucha a unos y otros, pero no toma decisiones y al no hacerlo, cada vez sus opciones son más difíciles y el deterioro se agudiza.

Para Fernando Mires, profesor emérito de la Universidad de Oldenburg, Alemania, «las dictaduras, o autocracias, o tiranías, o lo que sea, llegan democráticamente al gobierno y desde ahí inician un proceso de transición hacia la no-democracia, hasta que el día menos pensado nos damos cuenta de que estamos en dictadura. Probablemente quienes las ejercen tampoco lo saben».

Para el analista chileno, los neo-dictadores no llegan al poder con el propósito de instaurar una dictadura sino «movidos por altos ideales, acompañados de un electorado convertido en movimiento social redencionista, en lucha en contra de élites tradicionales y de la corrupción de gobiernos anteriores».

Mires asegura que estos sistemas modifican las instituciones para afianzar un modelo gubernamental en el que los poderes públicos sean centralizados por el gobierno.

La primera víctima es el Poder Legislativo. La siguen el Poder Judicial, la prensa, la policía secreta y pública y, por cierto, el Ejército. No vamos a volver a esas historias. Las conocemos demasiado. Cabe solo destacar que el proceso que lleva a transformar a una democracia en una dictadura no es cosa de días. A veces dura años.

Cuando se le pregunta a Fernando Mires sobre la forma para salir de una dictadura, cita la opinión de los autores Levitsky y Ziblatt, publicadas en su libro «Cómo mueren las Democracias» (2018). 

Los profesores de la Universidad de Harvard señalan en su publicación que «(…) para enfrentar a las neo-dictaduras y neo-autocracias es necesario, en primer lugar, formar amplias coaliciones entre partidos que en el pasado rivalizaron entre sí.» En segundo lugar, «(…) tales coaliciones no deben seguir la lógica y el discurso impuesto por quienes ejercen el poder».

Las llamadas neo-dictaduras tienen elementos que pueden ser distinguidos a priori. Se instauran sobre figuras clave, con discursos populistas que en corto plazo pasan a ser piezas centrales de gran influencia pública. Una vez que se instalan en una cúpula de cristal, centralizan los órganos e instituciones a su antojo y cambian las leyes de un país a su conveniencia para perpetuarse en el poder. Sólo un pueblo unido y fortalecido, garante de sus legítimos derechos como ciudadanos, es el que puede arrojarlos fuera del pedestal.

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