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El trueque se impone en Altagracia ante el “desesperante” olvido de las autoridades

Las bolsas de comida dejaron de llegar con la misma frecuencia de antes, el transporte público desapareció y los ambulatorios no cuentan con insumos

Dos latas de aceite para motor, ese fue el precio que tuvo que cancelar María al taxista para movilizar a su madre desde Altagracia de la Montaña hasta la ciudad de Los Teques. Los 24,8 km que separan la parroquia guaicaipureña con la capital mirandina, jamás fueron tan largos y costaron tanto.

“El ambulatorio no tiene nada, acá no la podían atender, por lo que no tuvimos otra opción que movilizarnos de emergencia hasta Los Teques”, agrega la mujer, cuya historia es similar a la de cientos de familias tanto de Altagracia como Paracotos, poblaciones mirandinas “abandonadas” por el gobierno regional y municipal.

Para quienes tienen acceso a divisas, como ocurre en gran parte del país, la vida luce un poco más fácil, pero para la mayoría de los habitantes de estas deprimidas poblaciones poder comprar alimentos se ha convertido en una proeza. “Intercambio la yuca que siembro en el patio por plátano con mi comadre”, narra Ligia Pérez, quien no le ve lógica a explicar las razones, “todos saben que la pensión no alcanza para nada”, agrega.

Álvaro, un joven de 21 años, intercambió con un amigo de la infancia un caucho usado para su bicicleta –único medio de transporte- por dos paquetes de harina de maiz de una marca «desconocidisima» que su tía trajo de Cúa. “Se ha vuelto costumbre hacer trueque, estamos como en una guerra, sobreviviendo”, indica.

Con la proximidad del inicio del año escolar el intercambio de uniformes es la única opción para muchos paracoteños. “Mi hijo pasa para tercer grado, creció mucho y los pantalones que viene usando desde primer grado le quedan cortos, por lo que una amiga me dará los de su hijo a cambio de una chemise”, agrega otra vecina, quien califica «imposible» poder pagar 300 mil Bs por unos nuevos. «Tendría que trabajar como 5 meses para poder comprarlos».


Para quienes tienen acceso a divisas, como ocurre en gran parte del país, la vida luce un poco más fácil, pero para la mayoría de los habitantes de estas deprimidas poblaciones poder comprar alimentos se ha convertido en una proeza

«No es posible que los recursos del estado se sigan gastando de la manera más superflua, mientras la gente amerita atención”, reseñó William Anseume, residente y dirigente político de Paracotos, “no se trata sólo del tema del hambre y la desnutrición, o la desatención de la salud, que tantas veces hemos indicado y que ya señala rudamente Michelle Bachelet en su complemento del informe acerca de los derechos Humanos en el país. Se trata de que los ciudadanos no ven cómo resolver problemas elementales de movilidad, de tránsito, de derrumbes, de comunicación entre sectores de sus barrios, esto se incrementa con las lluvias”, reseñó.

Los paracoteños padecen a diario una angustia continua, “las familias se ven impedidas hasta de caminar o dirigir sus vehículos por las vías. Todo esto es agobiante para todos y ya basta», agrega el dirigente de Vente Venezuela.

Asegura que no se trata de pintar una pared con una consigna política que pueda lucir bonita y que busque intentar “convencer de las bondades de la supuesta revolución de mata sanos, no se trata de arrojar una bolsita con algunos artículos para la alimentación ni de hacer jornadas pintorescas con musiquita y gran parafernalia; a las personas hay que atenderlas en sus necesidades, de eso se trata el servicio público, pero al parecer en veinte años no lo han entendido quienes deberían encargarse de eso y no lo hacen”.

En Altagracia un puente que debería comunicar por vía terrestre a los ciudadanos adecuadamente, ya está por caerse, por hundirse, ante la mirada atónita de los ciudadanos, “ante la ineficiencia manifiesta de las autoridades municipales y regionales. ¿Van a espera que el puente se caiga?”.

Mientras que en Paracotos, una cantidad de familias, ven impedido su paso a sus casas por un derrumbe que los ha afectado severamente, ponen en riesgo sus vidas al transitar por una calle que literalmente se vino abajo. “¿A quién acuden? Si todo es música y bailantas y pinturita? No hay quien le dé respuestas a estas necesidades, mientras la gente atónita resiste el hundimiento de sus vidas en la miseria material y física. Esto debe terminarse ya».

A veces hay luz

Al desgaste de las vías, un ambulatorio sin insumos y la falta absoluta de transporte público, se suma las constantes fallas eléctricas que pueden llegar a superar los cuatro cortes en menos de 24 horas.

“Acá la novedad no es que se vaya la luz, es que haya energía”, reseña irónicamente Virgilio Crespo, comerciante de la zona, a quien le cuesta recordar cuando fue la última vez que tuvo 24 horas continuas de energía eléctrica.

“Estamos a pocos kilómetros de Los Teques e incluso Caracas y la sensación que tenemos es de estar en la frontera con Brasil o Colombia, estamos abandonados completamente”, agrega el hombre.

Tampoco recuerda cuando fue la última vez que vio a la alcaldesa en el pueblo, asegura desconocer quienes son los concejales y mucho menos los diputados del Consejo Legislativo, “algunos de ellos vinieron en campaña, otros ni eso hicieron, colocaron un par de pendones y más nada, lo cierto es que ganaron y se olvidaron de nosotros, como siempre”, agrega.

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