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En el “mundo perdido” del Pérez Carreño escasean hasta los enfermeros (Fotos)

Daniel Murolo – Miranda
@dmurolo

Instalaciones deterioradas, equipos dañados y baños “contaminados” mantiene a enfermos, familiares y personal de salud de manos atadas. Los pasillos del Hospital Pérez Carreño reflejan la realidad que atraviesa el país, la oscuridad y una marcada escasez dominan el panorama.

“En el sector en el que nos encontramos lo llaman mundo perdido”, reseña uno de los pacientes, en referencia a la zona del nosocomio en el que permanece recluido desde hace casi un mes. Según trabajadores al sector se le llama así por lo difícil que resulta llegarle, otros dicen que es donde meten a la gente que está desahuciada.

Lejos de la vista de la mayoría, en el “mundo perdido” del Pérez Carreño los largos pasillos cuentan a duras penas con un solo bombillo, la oscuridad se apodera de las instalaciones al caer la noche. “Aquí hay escasez hasta de enfermeros”, asegura el familiar de un recluido.

Tomar fotografías de las condiciones de lo que otrora fue uno de los centros de salud más importante del país, resulta sencillo ante la ausencia de personal médico y seguridad durante buena parte del día, solo parientes preocupados por cómo conseguir los medicamentos es lo que se observa.

Las quejas de quienes permanecen en las pocas camas que hay van desde la falta de limpieza hasta el deterioro de los baños. “No hay alcohol, yelco, gasa ni adhesivos”, reseña otro de los usuarios, mientras muestra en una bolsa las medicinas que debió comprar fuera para poder garantizar el tratamiento de su pare.

Narran que el viernes pasado el centro de salud fue visitada por un funcionario del gobierno de alto rango, “creo que era un ministro, desconozco su nombre, lo que sí puedo decir es que lo metieron por el lado bello, por donde pasa la reina, porque por este lado –mundo perdido- no pasó nadie”.

Con bolsas negras tapan las ventanas para intentar controlar la entrada de los rayos del sol, “comienza el calor y sin cortinas esto se convierte en un horno, evidentemente no hay aire acondicionado, lo que quedan son los ductos abiertos porque hasta las tapas se las llevaron”, reseña.

En sillas plásticas deterioradas deben dormir los acompañantes de los enfermos. “Hay que traer desde las sabanas hasta la comida, acá lo único que se agradece es la mística con la que trabaja el poco personal médico que queda, son héroes que hacen mucho con nada”, agrega el paciente.

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