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Inés Quintero: Históricamente esta sociedad ha fortalecido las prácticas republicanas

En medio de un complejo panorama político que genera dinámicas y prácticas avasallantes con poco espacio para la reflexión, la sociedad no se reconoce, en un primer momento, como protagonista y detonante de una compleja maquinaria histórica aceitada desde hace dos siglos.

Se trata de un proceso complejo, una herencia, que le ha dado sustento constitucional, democrático y republicano, que pareciera borroso en los momentos de sombras de la actualidad, pero que indudablemente está ahí.

Es esa identidad republicana, que se ha visto desafiada a lo largo de la historia y que está en el capítulo coyuntural más reciente en estos últimos 20 años, lo que le permite a la historiadora Inés Quintero comprender los procesos históricos desde las acciones políticas colectivas y, en consecuencia, republicanas.

¿Qué implica la comprensión particular del momento actual mediante el entendimiento del tiempo histórico?

Es muy importante entender que estamos en una coyuntura histórica muy complicada y que legítimamente toda persona puede sentir que este es el peor momento de la historia y que nunca ha habido nada más fatal que esto que estamos viviendo; es natural que la gente lo viva así, sobre todo porque en perspectiva biográfica, por decirlo de alguna forma, 18 años pueden ser una parte importante de la vida de nosotros, pero en perspectiva histórica la dimensión es distinta, los procesos históricos trascienden al individuo. Como historiadora pienso que debemos tener compresión del proceso histórico en su complejidad y en ese sentido si nos paramos hoy a la luz del proceso histórico venezolano, y pudiésemos preguntar en dónde estamos, la tentación puede hacer que la respuesta sea que estamos en un momento fallido, pero si lo vemos en progresión de practicas políticas que se asentaron hace muchos años, diríamos que esas prácticas políticas no han desparecido. Históricamente la sociedad venezolana ha hecho un esfuerzo sostenido, complejo, contradictorio, de fortalecimiento, crecimiento y diversificación de las prácticas republicanas y de la vida democrática. ¿En qué momento estamos? visto desde el poder, en uno en el que éste desconoce, no responde a las demandas y exigencias de lo que pudiéramos ver en una perspectiva histórica, pero la sociedad sí. Lo que uno puede rastrear a lo largo de la historia de Venezuela es una cultura política construida a lo largo de todos estos años, de fortalecimiento y ampliación de las prácticas democráticas y republicanas.

Sin embargo, la sociedad en su conjunto, como un cuerpo con memoria, pareciera no estar consciente de ese proceso continuo de dos siglos.

Una cosa es que la sociedad no lo tenga presente, porque obviamente la manera en que nos enseñan en el colegio, en nuestra infancia, que, por ejemplo, la independencia es la independencia con mayúsculas y después es como un salto de mata con todo lo que pasó luego, los presidentes y todo lo que sucede después. Entonces quizá no tienes conciencia de esta condición. La diferencia está en que no tiene que ver con que tú lo sepas, o que estés al tanto de ese proceso histórico, sino que hay un motor histórico del que tú formas parte independientemente de que no tengas el registro pormenorizado de los hechos que condicionan ese motor. Los venezolanos tenemos un herencia histórica sepámoslo o no. Un ejemplo: 1935, se muere Juan Vicente Gómez y estamos hablando de 27 años de dictadura; muchas  de las figuras que son de la generación del 28 nacieron en 1908, Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Miguel Otero y tantos más, y además vivieron su infancia, su adolescencia y su adultez en el contexto de la dictadura. Fueron ellos con esa herencia, con esas prácticas y esas vivencias quienes actuaron contra Gómez. Lo mismo ocurre en la actualidad con los jóvenes actuales que no han tenido un referente distintivo a lo que se ha vivido todos estos años, pero ha habido una fuerza política que pretende abolir las conquistas de los venezolanos. Por eso es muy importante lo que planteaba Manuel Caballero en Contra la abolición de la historia, que son procesos que involucran a la sociedad, son conquistas colectivas y esa es la fuerzas de ese tipo de procesos. Eso se construye y queda.

¿Es esta situación un regreso o una alegoría al lento camino de reconstruir una república moderna, como precisó en su discurso por los 200 años de la muerte de Francisco de Miranda, al referirse a los vaivenes históricos y a los hechos de aquel momento?

Así como un individuo de las características de Miranda, que se viene en el año 10, que tiene todos los obstáculos que se le presentan, que se mete en la guerra y que sale reventado, que termina preso y que finalmente se muere en La Carraca sin saber el desenlace. Cuál es la relación, que para la sociedad venezolana, salvando las distancias y los paralelismos, no ha sido fácil; durante 200 años ha habido dificultades y  obstáculos visibles, tremendos y muchas veces con una apariencia inexpugnable, el resultado final de esa fuerza es en la dirección en que se ha evidenciado históricamente: pasó con Guzmán, Gómez, Pérez Jiménez y ahora, con el deterioro político del gobierno, y que durante todo este tiempo ha habido sectores que no han claudicado para ponerle una mano en el pecho a este proyecto político. Esas fuerzas son las  que debemos tener presente. Lo que sucede es que la historia suele ir detrás del poder. Y lo que planteamos muchos de los historiadores es que hay que observar cómo la sociedad actúa frete al poder y eso es lo que te permite ver la dinámica histórica de una sociedad.

¿Qué es lo que ha generado a lo largo de todos estos años que se siga escribiendo la historia desde la práctica del poder?

Uno quisiera voltear eso, darle una vuelta de tuerca, pero todo este proceso ha generado que haya una sensibilidad particular en la sociedad frente a la historia, sobre todo porque en la medida en que se trata de orientar el discurso histórico en una sola dirección, que es parte de la vocación política que se ha fomentado en estos años, que hay un solo relato histórico, la respuesta y la reacción de la sociedad ante eso ha sido buscar otras respuestas que va más allá del poder, más allá de una sola mirada. Eso ha permitido que de alguna forma se exprese una preocupación por lo histórico que va más allá del poder y que tratar de ser protagonista de ese proceso de transformación, que es lo que está ocurriendo.

Inés Quintero

¿Qué ha implicado en todos estos años el uso de la historia, primero con Chávez y ahora con sus herederos, tal y como lo han señalado desde la Academia?

El problema esencial de todo lo que ha sido el discurso histórico desde el chavismo es que no es un discurso histórico, sino que es un discurso político, que se quiere convertir en discurso histórico y eso hace aguas, no tiene consistencia. El discurso histórico es crítico y no se puede hacer eso de manera plana, maniquea, ideológica. Lo que ha ocurrido en todos estos años es que se ha construido un discurso político que pretende ser histórico. Es un discurso que termina siendo mítico, que no se distancia del discurso heroico de la historia patria. ¿Cuál es el sustento de esta propuesta de renovación histórica? Que no es una renovación, sino la construcción de un discurso político disfrazado de historia. Sin embargo, cual ha sido la respuesta de los venezolanos, que no es suficiente que tú lo inventes para que la sociedad lo incorpore. Ha habido un asedio, pero con todo eso tú no tienes una garantía de que la sociedad asumirá eso como su memoria histórica. Una voluntad política y otra cosa es la conciencia histórica de los venezolanos. Lo que da cuenta de todos estos años es que esa memoria histórica es más fuerte de lo que pensábamos..

¿Por qué es tan difícil construir una memoria histórica?

La memoria histórica no depende de la voluntad política de un individuo o de un proyecto. Pasó durante el gomecismo, en el guzmancismo, pero al final es muy difícil imponerle a la totalidad de la sociedad un discurso único, porque por algún lado gotea. Más allá de la cultura política lo que ocurre es existe una conciencia histórica mucho mas colectiva y poco permeable a la intervención conducida. No puede pretender variar la historia porque la respuesta surge.

¿Son más las ganancias republicanas que las pérdidas ante este panorama histórico coyuntural?

Hay un peso muy fuerte frente a lo que ha sido la tensión que la sociedad venezolana ha vivido, hay crispación y esa politización no se borra tan fácil, pero ha tenido un elemento constructivo y es la politización de la propia sociedad, eso es ganancia; la gente está pendiente de debatir temas de la cultura política. Por supuesto, hay otras que pesan más como la descomposición institucional y con la perdida de la credibilidad en el futuro; son factores que tienen peso para la construcción de un futuro mucho mas solido, pero para mí el hecho de una sociedad haya adquirido una preocupación por el accionar político es importantísimo y tiene que ver con este momento histórico. Hemos pasado por otros momentos de crispación que se ha estructurado para bien, ¿Por qué ahora no va a ser así?

Vistas las intenciones de hacer desaparecer los aciertos o de hacer al menos una evaluación sensata desde el poder de los 40 años de democracia representativa, ¿qué prevaleció de ese período que sobrevive al presente?

Insisto en que esto en un proceso que trasciende 40 años, no obstante existe una valoración crítica de esos años y creo que eso es lo más valioso. Hay una diferencia entre que tú puedas tener una perspectiva crítica y que digas que no pasó nada. Dentro de lo que pasó hay cosas frente lo que uno tiene críticas; tienes la posibilidad de dialogar con eso. Más allá de lo que tiene que ver con las cosas materiales, yo me sumo a lo que decía Manuel Caballero, estos 40 años fueron la construcción de una conciencia democrática. Hubo una desvalorización con respecto a la ejecución, pero no sobre la democracia o el orden republicano. Más allá de lo material que es my fácil medir, la gran ganancia de esos 40 años es la convicción, como decía Manuel Caballero, de que el peor de los gobiernos democráticos es preferible a la mejor de las dictaduras militares. No importa las fallas y deficiencias de un gobierno democrático, porque tienes la posibilidad de mejorarlo, en una dictadura no.

¿Por qué ser tan optimista con respecto a lo que usted ha denominado el ADN republicano?

Yo entiendo que es muy tentador preguntarse por ese ADN democrático. El punto no es cuántos venezolanos tienen eso y cuántos no. Esta es una sociedad que se construyó hace 200 años en función de construir, proteger y endurecer las prácticas republicanas. Eso está ahí. Independientemente de los reveses, de los caudillos, de los jefes carismáticos; esa fuerza está ahí y eso significa una fortaleza, sobre todo en medio de estos acontecimientos, en medio de las amenazas. Si esto no da cuenta de un ADN republicano, estamos viendo para otro lado. Mientras eso esté ahí tengo la plena confianza de que vamos a salir adelante. Esto es algo histórico.

 

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